“Ya le cayó el veinte” es una expresión popular que significa “¡por fin entendió!”. La frase proviene de los antiguos teléfonos públicos que funcionaban con monedas de 20 centavos; el “veinte” que caía a la caja era la señal de que la llamada se había establecido y la comunicación era posible. Se cree que el dicho se originó en México, en donde los desaparecidos teléfonos de la calle requerían que la moneda cayera para activar la llamada, lo que ahora significa el “click” mental o sea cuando alguien finalmente se percata de algo que antes no entendía.
La expresión me vino a la mente cuando veía por televisión la comparecencia pública de la presidenta Xiomara Castro anunciando, públicamente, que ordenó la formación de una comisión para coordinar el proceso de transición entre su gobierno y el entrante de Nasry Asfura. También enfatizó la señora Castro que no estará ni un día más ni un día menos en el poder.
Aunque al hacer el anuncio insistió en que hubo “un monstruoso fraude electoral”, sus palabras causaron un respiro de alivio en los hondureños que votaron contra la continuidad del partido Libre en el poder ya que ella misma había avalado la aprobación de un decreto por parte del presidente del Congreso Nacional, Luis Redondo y un grupo de diputados afines, para exigir un nuevo conteo de votos, no obstante que el Consejo Nacional Electoral ya había emitido la declaratoria oficial sobre el resultado de las elecciones.
El reclamo de Redondo, tan absurdo como inconstitucional, no era más que uno de esos berrinches que arma un niño cuando le han quitado su juguete. Por ello nos parece acertada la reflexión de la presidenta como una meritoria puntada al final de su gestión tendiente a despejar el camino rumbo a una transición de poderes limpia y segura.
Lo procedente ahora es que la dirigencia de Libre reconozca los errores que lo llevaron a la derrota y los corrija para no terminar de quemarse entre las llantas que permanentemente mantuvieron encendidas. No es con baños de ruda ni sahumerios esotéricos, sino con una profilaxis mental que el “comandante” puede enmendar todos sus desaciertos y darle un nuevo rostro a su partido en futuras contiendas electorales.