Desde hace varias décadas comenzó a evidenciarse en San Pedro Sula un fenómeno cada vez más preocupante: el crecimiento del embotellamiento vehicular, especialmente durante las horas de entrada y salida de los centros de trabajo.
Con el paso del tiempo, la ciudad parece haberse reducido frente al acelerado crecimiento del parque vehicular. Las distancias, aun cuando son cortas, se vuelven largas debido al congestionamiento, mientras las bocinas de los automóviles no dejan de sonar en las principales calles y avenidas.
La capital industrial también recibe a miles de trabajadores provenientes de municipios cercanos. En el sector norte llegan personas desde Choloma, Baracoa y Puerto Cortés; desde el sur, de Villanueva, San Manuel, Pimienta y Potrerillos; desde el occidente, de varias comunidades de Santa Bárbara; y desde el oriente, de La Lima y El Progreso, además de numerosas aldeas y caseríos de esas zonas.
La mayoría de estas personas se traslada diariamente para trabajar y, en menor medida, para estudiar. Aunque una parte utiliza el transporte público, una gran cantidad se moviliza en vehículos privados, entre ellos automóviles de distintos tipos y motocicletas.
Solo en la ciudad se registran aproximadamente 106,528 motocicletas, a las que se suman muchas más procedentes de municipios vecinos. En total, se estima que alrededor de 600,000 automotores circulan diariamente por las calles sampedranas.
Según datos estadísticos, San Pedro Sula tiene 777,877 habitantes entre el área urbana y rural. Desde el año 2000, el número de vehículos por familia ha aumentado de forma considerable. Décadas atrás lo común era que una familia tuviera un solo automóvil, mientras que muchas ni siquiera poseían uno. En los hogares con mayor poder adquisitivo era más frecuente tener dos o más.
Según datos estadísticos existen 777,877 habitantes entre el sector urbano y rural. Desde el año 2000 el aumento de carros por familia creció de una forma estrafalaria, décadas antes un automóvil por familia era lo común y la mayoría no poseían. Era normal en las familias de poder económico dos o más.
Actualmente es normal que en familias de cinco miembros todos tengan un automóvil, a tal grado que las aceras, las calles y avenidas sirven de garaje. Pues el número de carros registrados en San Pedro Sula, más los de los visitantes -en un número similar- son los que producen esos desesperados embotellamientos y el sonar de los pitos en la capital industrial de un país llamado Honduras.