Una amiga recientemente me envió un video del periodista Andrés Oppenheimer, en el cual cataloga la economía del Perú como un gran milagro digno de ser imitado por otros países.
Perú ha logrado un desempeño económico destacado en los últimos años por la confluencia de varios factores: en primer lugar, una política macroeconómica prudente -con disciplina fiscal, deuda pública relativamente baja y una política monetaria orientada al control de la inflación- que ha dado estabilidad de precios y confianza a los inversionistas; el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ha jugado un papel clave en anclar expectativas y mantener la inflación en niveles contenidos.
En segundo lugar, la economía peruana se benefició de un boom de las materias primas, sobre todo de la minería: Perú es uno de los principales productores mundiales de cobre, zinc y plata, y los altos precios internacionales de estos minerales durante buena parte del período incrementaron las exportaciones, generaron ingresos fiscales y atrajeron inversión extranjera directa en proyectos mineros.
Un tercer factor decisivo fue la apertura comercial y las reformas estructurales implementadas desde las décadas anteriores, que promovieron la inversión, liberalizaron mercados y mejoraron el acceso a bienes intermedios y tecnología; esas reformas, junto con incentivos a la inversión privada, contribuyeron a que el país mostrara tasas de crecimiento por encima del promedio regional durante largos tramos.
En cuarto lugar, China ha sido un motor clave para la economía peruana al convertirse en el principal destino de sus exportaciones -sobre todo minerales como el cobre, zinc y otros concentrados- y al absorber una parte muy significativa del flujo exportador del país, lo que ha generado ingresos fiscales y divisas que sostienen el crecimiento y la inversión. Además, la presencia china se ha materializado asimismo en proyectos de infraestructura de gran escala -como el megaproyecto portuario de Chancay- y en un reforzamiento de vínculos comerciales y acuerdos bilaterales que facilitan el acceso de productos peruanos al mercado chino.
Recientemente se observó cierto grado de diversificación y dinamismo en otros sectores de la economía peruana -como la agroexportación y los servicios- que han complementado a la minería; políticas para fomentar exportaciones agrícolas de alto valor agregado y planes de expansión de riego buscan convertir a la agricultura en un motor más estable y generador de empleo.
Finalmente, la combinación de crecimiento de exportaciones, mejora en la inclusión social en décadas previas y un entorno macroeconómico estable facilitó el acceso a financiamiento y expansión del consumo e inversión privada. No obstante, organismos internacionales advierten que existen desafíos: la productividad total de los factores se ha desacelerado desde mediados de la década pasada y hay cuellos de botella en inversión pública y capital humano que limitan el potencial de crecimiento futuro; además, la volatilidad política y los conflictos sociales alrededor de proyectos extractivos han mostrado que la sostenibilidad del modelo requiere mejoras institucionales y una mayor focalización en productividad e inversión en talento.
En conjunto, la estabilización macroeconómica, el aprovechamiento de un entorno internacional favorable para las materias primas, reformas orientadas a la apertura y la atracción de inversión, más un esfuerzo por diversificar las exportaciones, explican por qué Perú alcanzó un notable éxito económico en años recientes, aunque la consolidación de esos logros es algo riesgoso, imprevisible e incierto.