Desarrollar el criterio propio

En la era digital, distinguir la verdad de la mentira se ha vuelto una habilidad esencial.​​​​​​

  • Actualizado: 27 de enero de 2026 a las 23:55 -

No sé si ya se haya hecho el experimento de poner a una persona, o a un grupo de ellas, ante una pantalla en la que vayan apareciendo temas de su interés, para medir durante cuánto tiempo es capaz de permanecer conectada a ella. O podemos hacer la prueba con nosotros mismos, un experimento social privado. Les aseguro que podemos pasar horas, o días, con la mirada puesta en cientos, miles de imágenes, o leyendo páginas y páginas, con información, alguna relevante, otra insustancial, pero que es capaz de captar nuestra atención hasta tenernos casi sin parpadear durante larguísimos períodos de tiempo.

Otro estudio que no sé si se haya hecho es medir la credulidad de los que contemplan el desfile de imágenes o de los lectores. Porque hay personas con poco criterio y bastante cándidas que consideran como verdadero todo lo que asoma por su pantalla. Y la experiencia nos demuestra, hoy más que nunca, sobre todo en estos días de inteligencia artificial, que la realidad y la ficción se entremezclan y que hace falta desarrollar el discernimiento indispensable para no dejarse engañar por percepciones que podrían ser sinceras, pero no verdaderas, o por individuos, que cada vez los hay más, que buscan hacer pasar como verdadero lo totalmente falso.

En la época de las “fake news”, saber distinguir la verdad de la mentira, lo postizo de lo auténtico, es una obligación casi moral. O terminaremos viviendo engañados o difundiendo bulos, como dicen en la Península, y creando confusión. El mal uso de la tecnología de la comunicación ha hecho del chismorreo una práctica frecuente y aceptada por muchos. Y cuando se carece de formación intelectual y no se ha desarrollado, repito, la capacidad de juzgar adecuadamente la información que nos llega, podemos, además de ser engañados, convertirnos en tontos útiles para diseminar mentiras.

Es que sigue siendo sumamente importante aprender a pensar, aprender a formarse una opinión propia con base en criterios sólidos. Se comete el error, por ejemplo, de no cotejar fuentes; de no asegurarse de dónde viene la información. Para el caso, en estos días revueltos a causa de la política, no falta quien difunda información falsa con tal de difamar al que piensa distinto, sin corroborar si es auténtica, o, peor aún, a sabiendas de que no es verdadera.

Y hay que ser serios. Hay que usar la cabeza. Hay que leer más. Hay que formarse opiniones informadas. Así podremos contribuir al desarrollo de una comunidad pensante y dejar de comportarnos como borregos seguidores de pseudolíderes, que nos buscan más que manipularnos.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias