Desde las primeras horas de la madrugada del martes, el centro de Tegucigalpa despertó bajo un estricto dispositivo de seguridad. Un amplio despliegue de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas resguardó los accesos internos y externos del Congreso Nacional, lugar elegido para la investidura del nuevo presidente de Honduras, Nasry Juan Asfura Zablah, en una jornada cargada de solemnidad y expectativa nacional.
Los cadetes de las Fuerzas Armadas formaron una valla de honor para recibir a los primeros invitados. Antes de las 8:00 de la mañana comenzaron a llegar magistrados del Poder Judicial, representantes del cuerpo diplomático y algunos de los funcionarios que integrarían el nuevo gabinete presidencial.
El perímetro legislativo fue completamente blindado, se restringió el acceso al público y se habilitaron dos pantallas gigantes en los bajos del Congreso para que simpatizantes y ciudadanos pudieran seguir la ceremonia a distancia.
La presencia de francotiradores en puntos estratégicos confirmó el nivel de alerta máxima previo al acto solemne. Fueron más de 1,000 agentes y militares instalados como parte del dispositivo de seguridad implementado durante el acto oficial.
Como parte de la planificación operativa se establecieron 10 puntos de cierre en calles y avenidas aledañas al Congreso Nacional, permitiendo un control de accesos, vigilancia permanente del área y una capacidad de respuesta inmediata ante cualquier eventualidad que alterara el orden público.
De manera complementaria se ejecutó un control vial mediante el cierre temporal y la regulación del tránsito vehicular y peatonal, facilitando corredores seguros para las delegaciones oficiales, cuerpos diplomáticos y la ciudadanía.
El espacio para la prensa nacional e internacional, así como para invitados especiales, entre ellos representantes de embajadas, fue limitado y estrictamente controlado.
Cerca de las 8:00 de la mañana comenzaron a arribar los diputados al Hemiciclo, algunos trasladados en autobuses oficiales. A las 8:30 hizo su ingreso el nuevo alcalde del Distrito Central, Juan Diego Zelaya, acompañado de su esposa, y 10 minutos después, a las 8:40 de la mañana, el entonces presidente electo Nasry Asfura llegó al Congreso Nacional en un convoy de vehículos tipo camioneta, rodeado por varios anillos de seguridad.
Conduciendo él mismo, ingresó a un estacionamiento privado y saludó brevemente a la prensa: “Gracias, que Dios bendiga a Honduras”, fueron sus primeras palabras del día.
A las 8:50 de la mañana, desde el estrado de la Junta Directiva, el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, dio la bienvenida oficial a los asistentes y realizó el primer llamado al orden. Minutos después, a las 9:00, anunció la reanudación de la sesión solemne y recordó que, aunque inicialmente se había considerado el estadio Chelato Uclés como sede del acto, el propio Asfura solicitó que la investidura se realizara en el Congreso, símbolo de austeridad.
El comunicador Nahúm Valladares fue designado como maestro de ceremonias y dio la bienvenida al cuerpo diplomático, diputados, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, autoridades civiles y militares, así como a la prensa nacional y extranjera. A las 9:01 de la mañana, cadetes de la academia militar general Francisco Morazán ingresaron al recinto para formar la valla de honor, mientras los presentes se ponían de pie en señal de respeto al presidente electo.
A las 9:06 de la mañana, Zambrano descendió del estrado para recibir a Asfura, quien ingresó al Congreso junto a su esposa Lissette del Cid, entre aplausos. Sonriente, Zambrano les dio la bienvenida en su primer día como máxima autoridad del país.
La ceremonia continuó con una invocación religiosa a cargo del pastor Gerardo Irías, quien elevó una oración por los más de 10 millones de hondureños, pidió sabiduría para el nuevo gobierno y recordó que Honduras es una nación libre, justa y temerosa de Dios. Tras leer Proverbios 29:2 entregó la Biblia al presidente electo, quien la besó y lo abrazó, posteriormente, el rector de la Basílica de Suyapa, Carlos Magno, ofreció una oración adicional.
El Himno Nacional fue entonado por la Banda de los Supremos Poderes, tras lo cual los cadetes se retiraron del recinto. A las 9:20 de la mañana, Zambrano, junto al secretario del Congreso, Carlos Ledezma, invitaron al presidente electo y a su esposa a pasar al frente para la toma de promesa de ley. Una de las hijas de Asfura sostuvó la Constitución y la otra la Biblia mientras el mandatario colocaba su mano izquierda sobre la Carta Magna y levantaba la derecha.
“¿Promete cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República?”, preguntó Zambrano. “Honduras, para servirte estamos”, respondió Asfura. A las 9:23 de la mañana, fue declarado oficialmente Presidente Constitucional de la República para el período 2026–2030, mientras el Hemiciclo estallaba en aplausos y simpatizantes nacionalistas coreaban “¡Papi! ¡Papi! ¡Papi!”.
En un acto cargado de simbolismo histórico, vigente desde 1925, Zambrano colocó la banda presidencial aAsfura, mientras las Fuerzas Armadas ejecutaban 21 salvas de artillería desde el cerro Juana Laínez. Posteriormente, los designados presidenciales prestaron promesa de ley y el nuevo mandatario les colocó el pin oficial.
A las 9:33 de la mañana, Asfura ofreció su primer discurso como presidente constitucional. Con tono firme, aseguró que “el tiempo empezó a correr” y que su gobierno se enfocará en resolver los problemas reales de la gente, como seguridad, salud, educación, empleo, infraestructura, conectividad municipal y fortalecimiento de la agricultura.
Llamó a la paz, a la prosperidad y a dejar atrás el odio y la división, y pidió el respaldo de los 256 diputados propietarios y suplentes para aprobar las leyes que el país necesita. Cerró con un mensaje emotivo: “Honduras, no te vamos a fallar, vamos a estar bien, Dios bendiga a Honduras”, concluyendo su discurso a las 9:47 de la mañana.
Más adelante, el secretario del Congreso entregó al presidente los tres primeros decretos aprobados para su sanción, que incluyen la ampliación del Régimen de Importación Temporal para 125 empresas y el sostenimiento de miles de empleos; y la facultad para la venta del avión presidencial.
A las 10:50 de la mañana, de pie, los asistentes entonaron el Himno a la Granadera, minutos después, Zambrano despidió oficialmente al presidente y a su familia, declarando cerrada la sesión solemne.
Ya fuera del Congreso, Asfura tomó un micrófono para dirigirse a los simpatizantes nacionalistas que seguían el acto desde las pantallas gigantes. Prometió trabajar por Honduras, llamó a la unidad y reconoció que el reto es enorme. Luego ofreció declaraciones a los medios: “Primero tenemos que pensar en Honduras, no lo haré solo".
A las 10:10 de la mañana subió a un estrado para saludar a las bases del Partido Nacional, levantando la mano en señal de agradecimiento, mientras la algarabía se apoderaba del lugar. Minutos después, el alcalde Juan Diego Zelaya aseguró que trabajará de la mano con el nuevo gobierno, sin distinción de colores políticos.
En horas de la tarde y tras arribar a Casa Presidencial, Asfura comenzó con la juramentación de algunos miembros que formarán parte de su gabinente.
Con Asfura, el Partido Nacional regresa al poder después de cuatro años en la llanura y encadenar, previamente, tres períodos consecutivos, entre 2010 y 2022, salpicados por múltiples denuncias de corrupción y narcotráfico, principalmente en los últimos ocho años con Juan Orlando Hernández como gobernante.
Asfura fue alcalde de la capital hondureña durante dos períodos consecutivos (2014-2022), etapa cuando impulsó numerosas obras de infraestructura de acero y cemento destinadas a mejorar la circulación vehicular, lo que dio un aire de modernización a varias zonas de la ciudad.
Durante la campaña presidencial, Asfura centró su propuesta en la estabilidad fiscal, la generación de empleo y la infraestructura productiva, además de plantear el fortalecimiento del sector agropecuario, la mejora de la conectividad y la ejecución de proyectos con impacto inmediato en la economía local.
También prometió trabajo y más trabajo, una consigna coherente con su imagen pública, ya que suele vestir pantalón vaquero, camisa arremangada y zapatos de trabajo de campo, y afirmó no ser un empleado para estar en una cómoda oficina.