El general Romeo Vásquez Velásquez no es el primer militar de alto rango que se ha “enmontado” por asuntos relacionados con la política. Hace más de seis décadas, el coronel Armando Velásquez Cerrato (AVC) estuvo incitando a la rebelión contra el gobierno de Ramón Villeda Morales a través de una radio clandestina que, supuestamente, estaba escondida en medio de una espesa montaña.
La música marcial de la galardonada película “El puente sobre el río Kwai” servía de fondo a la transmisión radial, que era esperada con avidez por la gente de esa época, más por curiosidad que por compartir los argumentos difundidos contra el popular presidente, a quien el mílite y sus seguidores conservadores acusaban de comunista. Cuando AVC creyó que ya el pueblo estaba suficientemente concientizado y que, por lo tanto, podía contar con su apoyo lanzó el ataque sorpresivo, centrado en Tegucigalpa, con el fin de derrocar el régimen liberal. El movimiento del oficial rebelde estaba auxiliado por dirigentes locales del Partido Nacional y contaba, específicamente, con el respaldo de la Policía y el destacamento militar de Comayagua. Entretanto, en Nicaragua el dictador Anastasio “Tachito” Somoza cruzaba los dedos porque triunfara la insurrección comandada por AVC, a quien habría proporcionado armas.
Sin embargo, la Guardia de Honor Presidencial y población civil formada, en gran parte por estudiantes liderados por Jorge Arturo Reina, formaron una férrea resistencia que dio al traste con las ambiciones de poder de Velásquez Cerrato, mientras la mayoría de militares permanecían solamente a la expectativa del desenlace final. Tras escaramuzas y enfrentamientos entre los dos bandos, en horas de la tarde de aquel domingo 12 de julio de 1959 se puso en evidencia la derrota de los golpistas. Fue hasta ese momento que intervino el Ejército para poner bajo arresto al cabecilla del movimiento insurgente, quien viajó en condición de asilado a Chile.
Unos tres años después regresó, gracias a un acto de buena voluntad de Villeda Morales, quien le concedió un salvoconducto.
Volvamos al presente. La causa que motiva a Vásquez Velázquez para refugiarse, supuestamente en una montaña, es ponerse fuera del alcance del brazo de la justicia para evitar responder por un delito que le imputa el Ministerio Público. Según analistas, la culpabilidad del general en retiro está en tela de duda, pero el criterio que más pesa es que debe enfrentar los cargos en vez de defenderse desde una plataforma digital en un inventado ambiente montañoso, alegando persecución política.
Lo irrelevante en este tema es que en el futuro se sabrá el lugar en donde hoy se esconde el acusado, ya que los hechos siempre salen a la luz, como ahora se sabe que la emisora clandestina de AVC no estaba en una montaña recóndita, sino en una vivienda insospechada de la capital.