San Pedro Sula debería volver a mirar el CAFTA con atención. No como una noticia vieja, ni como un tratado lejano escrito en lenguaje técnico, sino como una de las herramientas que durante dos décadas ha estado detrás de buena parte de la actividad industrial, comercial, logística y exportadora que sostiene al Valle de Sula.
A más de 20 años de su aprobación en Honduras y a dos décadas de su entrada en vigor efectiva, el CAFTA-DR sigue vigente. No está vencido. Lo que terminó, en buena medida, fue el calendario gradual de reducción de aranceles para varios productos. Pero el tratado sigue operando y sigue siendo una pieza importante de la relación económica entre Honduras y Estados Unidos.
La pregunta, entonces, no es si el CAFTA existe todavía. La pregunta verdadera es si Honduras, y particularmente su principal corredor productivo del Valle de Sula, lo está aprovechando con la inteligencia que exige este tiempo.
Durante años, el CAFTA abrió una puerta comercial: menos aranceles, más acceso, más reglas y más oportunidades para exportar e importar. Honduras ha vendido al mercado estadounidense textiles, arneses, café, banano y otros productos. También ha importado insumos, maquinaria, alimentos, combustibles y materias primas necesarias para producir.
Pero después de 20 años, el desafío ya no consiste solo en entrar a un mercado. El desafío es competir mejor dentro de él.
Por eso San Pedro Sula importa en esta conversación. No porque todo el CAFTA pase por la ciudad, ni porque el resto del país no cuente. Honduras produce y exporta desde muchas regiones. Pero San Pedro Sula, junto con Choloma, Villanueva y Puerto Cortés, representa el corredor industrial, empresarial, logístico y exportador más visible del país.
Si el CAFTA abrió una puerta comercial hacia Estados Unidos, San Pedro Sula y el Valle de Sula ayudaron a construir buena parte del pasillo productivo por donde Honduras ha caminado hacia esa puerta.
La capital industrial no puede ver el CAFTA como pasado. Debe verlo como una herramienta vigente para hablar de productividad, innovación, valor agregado, infraestructura, formación laboral y encadenamientos nacionales.
Después de 20 años, la puerta sigue abierta. La tarea pendiente es cruzarla con más estrategia.