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Los baby boomers crecieron sin las herramientas tecnológicas actuales, pero fueron testigos y protagonistas de una transformación que cambió para siempre la forma de vivir y comunicarse

Recientemente, platicando con un amigo y contemporáneo, me preguntó qué hubiera sido de nosotros si nos hubiéramos desarrollado en una época tan tecnológica como la actual.

Interesante pregunta y difícil imaginarlo. Nosotros, los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964), somos los facilitadores del cambio cuando se requirió. Somos el resultado de la explosión demográfica después de la Segunda Guerra Mundial.

No ha existido otra generación que haya logrado tanto como grupo etario. Perfeccionamos el concepto de esfuerzo y productividad. Nuestra meta fue la obtención de un estatus. Creíamos que el fin justificaba los medios.

Fuimos los creadores de la sociedad de consumo, en el afán de tener vidas con todas las comodidades que pudiéramos comprar. Diseñamos el concepto del buen vivir. Pero todo tuvimos que pensarlo e idearlo.

Tuvimos una niñez simple y sencilla. Nada que ver con la de los niños de hoy. Hemos visto desfilar ante nuestros ojos todos los inventos tecnológicos más revolucionarios de la historia.

La televisión llegó a nuestras vidas cuando teníamos 10 años; la calculadora electrónica, a los 10-12; la computadora personal, a los 21-26; el internet, a los 35-40; el teléfono celular, a los 30-40; el correo electrónico, a los 35-40; el wifi, a los 40-45; Facebook y YouTube, a los 45; el smartphone, a los 48; WhatsApp, a los 50; la IA/ChatGPT, a los 63.

Los baby boomers no nacimos con la tecnología. La vimos nacer. Fuimos una generación privilegiada: conocimos un mundo sin tecnología suficiente para aprender a imaginar y vivimos lo bastante para contemplar aquello que alguna vez parecía imposible.

Difícil sugerir qué hubiera sido de nosotros de haber crecido con tanta tecnología. La simpleza de la vida nos llevó a buscar soluciones para hacer más fácil la vida.

La revolución informática, el internet, la telefonía móvil, los avances en medicina, biotecnología y genética, los cambios sociales profundos, la conciencia ambiental moderna, la exploración científica y espacial, nacieron en las mentes de niños que crecieron limitados de comodidades y sin la estimulación temprana del mundo de hoy.

Si logramos todo esto habiendo crecido en una casa sin televisión, sin computadora, sin teléfono celular, sin internet y, en muchos lugares, incluso sin teléfono doméstico, no logro imaginarme cómo estuviera el planeta si hubiéramos tenido acceso en nuestra niñez a la modernidad actual.

Esta es la entrega número 400 que Diario La Prensa tiene a bien publicarme.

Nací en un mundo analógico, crecí y alcancé la madurez en uno electrónico y navego ahora en uno digital. ¡Larga vida, baby boomers!

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