La elección hace un año de León XIV entregó por primera vez las llaves de la influyente iglesia católica a un estadounidense. Tras un inicio tibio su voz ha ido cobrando fuerza en defensa de la paz ante un agitado orden mundial, hasta llegar a rebatir "sin miedo" al 'emperador' de la Casa Blanca.
En la tarde del último 8 de mayo un humo blanco desde las alturas vaticanas anunció un nuevo pontífice al mundo y a sus más de 1.400 millones de católicos: el cardenal Robert Francis Prevost sucedería al difunto Francisco bajo el nombre de León XIV.
Y, ya desde su primera aparición pública ante una emocionada plaza de San Pedro, aquel papa estadounidense reveló su intención de proclamar "una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante".
Por eso, su ascenso estuvo enseguida envuelto en un interrogante: ¿Cómo sería su relación con el presidente de su país, Donald Trump?
Una diplomacia sutil
El pontífice heredó un planeta marcado por años de invasión rusa de Ucrania y de bombardeos israelíes en Gaza pero en estos meses ha visto emerger nuevas tensiones en Irán, el Golfo, Venezuela o Cuba.
Ante esta situación, León XIV, un agustino experto en matemáticas y derecho y con media vida como misionero en Perú, no se ha cansado de llamar a la concordia con un tono propio, comedido, diplomático.
Su magisterio 'político' apunta que la autoridad solo es legítima si busca el bien común, que la democracia sin una moral deviene en tiranía y que la geopolítica no debe depender de lógicas de poder.
Las suyas son filípicas sin nombre contra unos gobernantes "blasfemos" que presumen de músculo. Pero, pese a lo velado del mensaje, sus palabras han ido dibujando la silueta de un político muy parecido al impredecible mandatario estadounidense, a quien Prevost ya criticó hace años por sus doctrina migratoria.
León frente a Trump
Al principio Washington restó importancia a la información que llegaba de Roma pero la amenaza de Trump de aniquilar a "toda una civilización" en su guerra con Irán fue la gota que colmó el vaso.
León XIV, con su ya habitual tono medido, tachó aquellas palabras de "inaceptables"; el presidente respondió llamándole "débil" y publicando una foto en la que se mostraba a sí mismo como un presunto Cristo.
El rifirrafe lo zanjó el propio papa con una declaración insólita y fuerte: "No tengo miedo a la Admnistración Trump".
Massimo Faggioli, docente de la Universidad Villanova, alma mater de Prevost, explica a EFE que el choque era "necesario" para dejar claro que el papa "no acepta órdenes" de dicha potencia terrenal.
Y a su parecer ha funcionado porque "los católicos 'trumpistas' han abierto los ojos" sobre el modo en que su líder ve a la iglesia.
Este jueves, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, católico, vuela a Roma para tratar de recomponer la relación con la Santa Sede, interesada a su vez en aliviar las tensiones con el país que más dona a las menguadas arcas vaticanas.
Por la soberanía venezolana
Por otro lado, el papa siguió con preocupación la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y exigió que se evitara la violencia y se garantizara "la soberanía" del país caribeño.
Poco después trascendería que el Vaticano, milenaria encrucijada de mediación mundial, había actuado para buscar una salida a Maduro.
En este primer año de pontificado León XIV ha recibido a líderes internacionales como el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski o a la opositora venezolana y Nobel de la Paz, María Corina Machado.
Y ha perseverado en reclamar la pacificación de un Oriente Medio sacudido por un Israel que llegó a vetar el Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa.
También ha viajado a 7 países, trazando así algunas prioridades de su era: a Turquía y Líbano cumpliendo el anhelo de Francisco, a Mónaco como guiño a la vieja Europa y a Argelia, Angola, Camerún y Guinea Ecuatorial para llevar su voz al continente más fértil para la fe. En junio acabará con 15 años de ausencia papal en España.
Pero otra nada desdeñable señal de la visión de León XIV es que no visitará Estados Unidos en 2026, cuando se conmemorarán los 250 años de su independencia. El 4 de Julio, fiesta nacional, lo pasará en la isla de Lampedusa, puerta migratoria en el Mediterráneo.