Managua.
Opositores nicaragüenses, incluidos los gay con banderas multicolores en la calle y católicos dentro de las iglesias, exigieron ayer la renuncia del presidente Daniel Ortega y el cese de la violencia que deja unos 280 muertos en poco más de dos meses de protestas.
Sonando bocinas, con paraguas y pañuelos de colores, y banderas nicaragüenses, grupos del movimiento de diversidad sexual se manifestaron en una céntrica avenida del suroeste de Managua.
“En esta dictadura también nos hemos sentido sin derechos. Somos parte de esta nueva revolución. Ortega tiene que irse”, dijo Dámaso Vargas, transgénero de 25 años que dijo vestir de negro por “los asesinados” y “la muerte de la República”.
En otro punto de la ciudad, el nuncio apostólico Waldemar Stanislaw presidía la misa del Santísimo en la Catedral: “El papa Francisco nos pide ser constructores de la paz de Cristo, llamando a que cese toda violencia, que se evite un inútil derramamiento de sangre”, dijo en la homilía.
“Vine a pedir que termine la masacre y se vayan del país. Lo que han hecho no tiene nombre”, declaró Nidia Vargas, de 70 años. “Le pedimos al Señor por la paz que este gobierno nos quitó”, declaró Auxiliadora Martínez, de 60 años.
Con la mediación de la Iglesia católica, el gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia -de la sociedad civil- reanudaron ayer pláticas a nivel de mesas de trabajo, para intentar destrabar el diálogo que busca resolver la crisis.
El proceso está estancado porque Ortega, cuyo tercer mandato consecutivo acaba en enero de 2022, aún no responde a la propuesta de adelantar las elecciones de 2021 a marzo de 2019.
“Lamentablemente no ha habido el menor signo de buena voluntad”, declaró el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, quien dijo no descartar que si no se resuelve el “problema político” y “cesa la represión” se “desemboque en un conflicto mayor”.
La Alianza convocó para el sábado a la “ Marcha de las flores” en Managua y diversas ciudades y pueblos del país, para exigir justicia y honrar a los fallecidos.
Tensión
Ortega “no se quiere ir, cree que puede seguir gobernando en este río de sangre. No se da cuenta que el tiempo se le acabó”, dijo Azahálea Solís, delegada de la Alianza en el diálogo, tras una reunión con la misión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
El gobierno califica las protestas como una “ intentona golpista” y acusa a los manifestantes de “delincuentes violentos”. La vicepresidenta Rosario Murillo aseguró que implora por “la paz y el reencuentro de los nicaragüenses”.
Ortega llegó al poder en 1979 tras el triunfo de la insurrección popular que lideró el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para derrocar al dictador Anastasio Somoza, y volvió al gobierno por la vía electoral en 2007.
Fiorella Melzi, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), aseguró a la prensa que expertos independientes llegarán a Nicaragua para investigar específicamente “asesinatos que ocurrieron en el marco de las protestas”.
Opositores nicaragüenses, incluidos los gay con banderas multicolores en la calle y católicos dentro de las iglesias, exigieron ayer la renuncia del presidente Daniel Ortega y el cese de la violencia que deja unos 280 muertos en poco más de dos meses de protestas.
Sonando bocinas, con paraguas y pañuelos de colores, y banderas nicaragüenses, grupos del movimiento de diversidad sexual se manifestaron en una céntrica avenida del suroeste de Managua.
“En esta dictadura también nos hemos sentido sin derechos. Somos parte de esta nueva revolución. Ortega tiene que irse”, dijo Dámaso Vargas, transgénero de 25 años que dijo vestir de negro por “los asesinados” y “la muerte de la República”.
En otro punto de la ciudad, el nuncio apostólico Waldemar Stanislaw presidía la misa del Santísimo en la Catedral: “El papa Francisco nos pide ser constructores de la paz de Cristo, llamando a que cese toda violencia, que se evite un inútil derramamiento de sangre”, dijo en la homilía.
“Vine a pedir que termine la masacre y se vayan del país. Lo que han hecho no tiene nombre”, declaró Nidia Vargas, de 70 años. “Le pedimos al Señor por la paz que este gobierno nos quitó”, declaró Auxiliadora Martínez, de 60 años.
Con la mediación de la Iglesia católica, el gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia -de la sociedad civil- reanudaron ayer pláticas a nivel de mesas de trabajo, para intentar destrabar el diálogo que busca resolver la crisis.
El proceso está estancado porque Ortega, cuyo tercer mandato consecutivo acaba en enero de 2022, aún no responde a la propuesta de adelantar las elecciones de 2021 a marzo de 2019.
“Lamentablemente no ha habido el menor signo de buena voluntad”, declaró el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, quien dijo no descartar que si no se resuelve el “problema político” y “cesa la represión” se “desemboque en un conflicto mayor”.
La Alianza convocó para el sábado a la “ Marcha de las flores” en Managua y diversas ciudades y pueblos del país, para exigir justicia y honrar a los fallecidos.
Tensión
Ortega “no se quiere ir, cree que puede seguir gobernando en este río de sangre. No se da cuenta que el tiempo se le acabó”, dijo Azahálea Solís, delegada de la Alianza en el diálogo, tras una reunión con la misión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
El gobierno califica las protestas como una “ intentona golpista” y acusa a los manifestantes de “delincuentes violentos”. La vicepresidenta Rosario Murillo aseguró que implora por “la paz y el reencuentro de los nicaragüenses”.
Ortega llegó al poder en 1979 tras el triunfo de la insurrección popular que lideró el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para derrocar al dictador Anastasio Somoza, y volvió al gobierno por la vía electoral en 2007.
Fiorella Melzi, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), aseguró a la prensa que expertos independientes llegarán a Nicaragua para investigar específicamente “asesinatos que ocurrieron en el marco de las protestas”.