Migración irregular por Honduras cae más de 89% en 2025

La migración irregular por Honduras se redujo drásticamente en 2025, marcando un giro histórico en el corredor migratorio regional

  • Actualizado: 04 de enero de 2026 a las 22:52 -
Migración irregular por Honduras cae más de 89% en 2025
Tegucigalpa, Honduras

Hasta hace poco, las calles de las principales ciudades de Honduras reflejaban con crudeza el drama migratorio continental: familias enteras durmiendo en aceras, estaciones migratorias desbordadas y carreteras convertidas en ríos humanos que avanzaban sin descanso hacia el norte.

Hoy, ese paisaje ha cambiado. El tránsito persiste, pero ya no avanza con la misma fuerza. Ahora, muchos de los migrantes que cruzan Honduras lo hacen de regreso hacia el sur. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Migración (INM) confirman lo que a simple vista ya se percibe: la migración irregular por territorio hondureño se redujo drásticamente en el último año.

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Entre 2022 y diciembre de 2025, Honduras registró 1,273,834 migrantes irregulares, una cifra que, analizada en conjunto, revela una profunda transformación del fenómeno.

El punto más alto se alcanzó en 2023, cuando el país contabilizó 545,043 personas en tránsito irregular, convirtiéndose en el año de mayor presión migratoria de la historia reciente.

En contraste, para 2025 el número cayó abruptamente a 39,087 migrantes, una reducción que redefine el papel de Honduras dentro del corredor migratorio regional.

El comportamiento por año revela un patrón claro. En 2022, el flujo ya era significativo, con 188,858 migrantes, aunque todavía manejable frente a lo que vendría después.

El estallido ocurrió en 2023, impulsado por crisis políticas, económicas y humanitarias en varios países del Caribe, Sudamérica y África.

Para 2024, aunque la cifra descendió a 374,959 personas, Honduras seguía figurando como uno de los principales territorios de paso. No obstante, 2025 marcó un quiebre: el tránsito irregular se redujo en más del 89 % respecto al año pico.

Este descenso no fue uniforme. El análisis mensual muestra que 2025 inició con 8,341 migrantes en enero, pero a partir de febrero y marzo las cifras comenzaron a caer de manera sostenida. Octubre y noviembre registraron ligeros repuntes, antes de cerrar diciembre con apenas 2,434 personas, uno de los registros mensuales más bajos del período analizado.

Este comportamiento contrasta fuertemente con 2023 y 2024, cuando hubo meses que superaron los 90,000 migrantes, reflejando un flujo continuo y masivo.

Países de origen

Del total acumulado entre 2022 y 2025, los migrantes provenientes de Venezuela encabezaron la lista con 473,548 personas, seguidos por Cuba, con 308,033, y Haití, con 159,694. Estas tres nacionalidades concentraron más de la mitad del flujo total.

Sin embargo, al observar únicamente 2025, el mapa migratorio cambia de forma radical. Ese año, Cuba, con 18,698 migrantes, y Haití, con 12,379, encabezaron el flujo, mientras que Venezuela descendió a apenas 1,656 personas.

La migración irregular por Honduras ha sido mayoritariamente joven y en edad productiva. El rango de 21 a 30 años concentró 484,953 personas, seguido por el grupo de 31 a 40 años, con 342,857. En conjunto, estos dos rangos representan más del 65 % del total, lo que confirma que la migración continúa siendo impulsada por jóvenes en busca de oportunidades económicas o que huyen de contextos de inestabilidad.

No obstante, los datos también evidencian la persistencia de una migración familiar. Entre 2022 y 2025, más de 119,978 niños de 0 a 10 años y 146,253 adolescentes de 11 a 20 cruzaron Honduras de manera irregular.

El análisis por sexo muestra una composición relativamente equilibrada, aunque con predominio masculino. En el período completo, los hombres representaron alrededor del 50 %, seguidos por mujeres y grupos familiares.

Hoy, el país ya no observa multitudes avanzando hacia el norte, sino grupos más pequeños, muchos de ellos retornando al sur o desistiendo del viaje.

Las cifras del Instituto Nacional de Migración no solo documentan una reducción histórica, sino que marcan el cierre de un ciclo migratorio que convirtió a Honduras en uno de los escenarios clave del drama humano continental y que ahora, lentamente, comienza a quedar atrás.

Acciones de Estados Unidos para frenar la migración

Para Itsmania Platero, defensora de derechos humanos y experta en migración, la reducción del paso irregular de personas por Honduras no puede entenderse como un fenómeno aislado ni espontáneo.

A su criterio, el descenso del flujo responde principalmente a una contención regional coordinada, impulsada por políticas migratorias más restrictivas de Estados Unidos y replicadas por los gobiernos de la región.

Todos los presidentes se alinearon”, sostiene, al señalar que Honduras terminó por sumarse a una estrategia de control que ya operaba en México, Centroamérica y Sudamérica, explica Platero.

La experta subraya que las políticas migratorias impulsadas durante la administración de Donald Trump, aunque calificadas en su momento como pasivas, tuvieron un impacto real en el terreno.

El cierre de fronteras, el endurecimiento de controles y los acuerdos bilaterales, como los vinculados al TPS y al concepto de “tercer país seguro”, contribuyeron a frenar el tránsito masivo.

“Honduras fue el último eslabón que se planchó enormemente”, afirma, al explicar que el país dejó de ser el punto donde se desbordaba un flujo que ya había sido contenido en el resto de la región.

No obstante, Platero advierte que la reducción no implica la desaparición de la migración irregular, sino su transformación. Las grandes caravanas prácticamente desaparecieron, pero fueron sustituidas por un “flujo hormiga”, constante, menos visible y más disperso.

En este nuevo escenario, muchos migrantes ya no avanzan hacia Estados Unidos, sino que quedan varados en países de tránsito o regresan al sur, especialmente tras el cierre efectivo de la frontera estadounidense, que la experta estima en más del 90% de contención.

Desde su análisis regional, Panamá y México emergen como piezas clave del nuevo mapa migratorio. Panamá, señala, se prepara para nuevos flujos debido al recrudecimiento de la violencia en Haití y otros países, mientras que México comienza a consolidarse como país de destino y acogida, no solo de tránsito.

Platero insiste en que el descenso del flujo no significa que las causas estructurales de la migración hayan desaparecido. Por el contrario, considera que se han profundizado.

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A su juicio, el migrante se ha convertido en un “negocio” para los Estados, mientras la respuesta humanitaria se debilita y miles de personas quedan atrapadas en sus países de origen o en territorios de tránsito sin protección.

En este contexto, la defensora considera que Honduras enfrenta ahora un desafío distinto: atender a una población migrante menor en número, pero con necesidades más urgentes y complejas.

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