El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández se presentó en el aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa, donde se pronunció ante simpatizantes y dirigentes del Partido Nacional luego del multitudinario recibimiento que tuvo horas antes en Comayagua tras aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Palmerola.
El exmandatario regresó al país después de permanecer más de cuatro años en Estados Unidos, donde enfrentó un proceso judicial por delitos relacionados con narcotráfico.
Tras recuperar su libertad por un indulto otorgado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Hernández volvió a Honduras y aprovechó su intervención en la capital para agradecer el respaldo de sus seguidores.
Discurso íntegro de Juan Orlando Hernández en Toncontín
Hoy quiero decirles también que tengo, gracias a Dios, otra familia extendida: la familia con la que trabajé durante ocho años. Ustedes me hicieron presidente dos veces y me permitieron cumplir un gran sueño.
Fuimos, a través de mi gobierno, de casa en casa, tocando puertas y viendo a los más necesitados. Si tenían piso de tierra, se los cambiábamos por piso de cemento. Cambiábamos los fogones tradicionales por ecofogones y por eso me pusieron "Juan Fogón". Promovimos las microempresas de tortillas y me llamaron "Juan Tortilla". Creyeron que al hacer eso me iban a avergonzar.
Yo les dije en aquella ocasión que le daba gracias a Dios por los orígenes que tengo. Nací orgullosamente en una aldea llamada Río Grande. Mi mamá también es de una aldea y mi padre también. Siempre me sentí orgulloso de mis raíces.
Esa familia extendida me permitió llevar el crédito a la gente que más lo necesitaba: los guías de familia, los promotores del bono, los de Chamba Comunitaria, Protección Civil, Chambita y Mejores Familias. En fin, fueron muchos programas.
Con mucho orgullo puedo decir que llegamos hasta los lugares más alejados y recónditos de Honduras. No había carreteras ni puentes, pero los guías de familia y todos ustedes estaban ahí. Llegamos a familias que durante décadas se sintieron abandonadas y rechazadas. Les dijimos que eran tan hondureñas como cualquiera de nosotros, que tenían dignidad y que juntos queríamos ayudarlas a salir adelante.
Por eso, a todas esas familias extendidas hoy les digo que estoy convencido de que Dios hizo este milagro por el trabajo que ustedes realizaron en beneficio de los más pobres de Honduras.
También quiero decir que ustedes estuvieron presentes todos los días cuando nosotros sufríamos. Cuando les tuve que decir a mis hijos por videollamada: "Hijos, no me voy a ir para ningún lado. Voy a enfrentar esto. No es cierto, son falsas esas acusaciones".
Mis hijos, Ivonne y Juan, me dijeron: "Papá, nosotros te conocemos". Después les advertí que comenzaríamos un camino duro y difícil, pero hoy me siento profundamente orgulloso de los hijos que tengo. Se pusieron de frente, comenzaron a decir cuál era la verdad y, conforme esa verdad trascendió en Honduras y en Estados Unidos, comenzaron las investigaciones y a publicarse artículos.
Finalmente, el presidente más informado del mundo dijo que había revisado el caso junto a su equipo y que se había cometido una tremenda injusticia, una cacería de brujas y un uso de la justicia como arma política. Todo comenzó aquí y muchos de ustedes nunca dejaron de creer.
Porque en Honduras todos nos conocemos y sabemos quién es quién. Cuando decidimos enfrentar la violencia, lo hicimos porque era lo que más hacía sufrir a nuestro pueblo. Actuamos dentro del marco de la ley y la Constitución.
Sé que esta ha sido una prueba difícil para muchos de ustedes. Muchos perdieron sus trabajos, fueron perseguidos e insultados. Pero jamás iba a aceptar hacer algo ilegal. Cuando alguien me preguntó por qué no negociaba, respondí que hay cosas más grandes que cualquier interés: la verdad.
La verdad siempre sale a la luz. Lo hice por mi esposa, por mis hijos, por mi madre, por ustedes y por Honduras.
También quiero agradecer a Renato Stabile, quien desde el primer momento me transmitió seguridad y me dijo que llegaríamos hasta las últimas consecuencias porque yo era inocente y que regresaría a Honduras únicamente si lo hacía conmigo. Gracias, Renato.
Ahora que la Corte del Segundo Circuito de Nueva York ordenó eliminar la sentencia, la condena y todos los cargos, no solo considero que es una reivindicación para mí y mi familia, sino también para el pueblo hondureño que tanto sufrió.
Se lanzaron ataques contra nuestras Fuerzas Armadas y contra la Policía que habíamos reformado, pese a que se reconocía el proceso de transformación que vivía Honduras. Hubo una generación que se atrevió a hacer lo que muchos no quisieron hacer.
Hoy mi propósito de vida está centrado en mi familia. Quiero aprovechar el tiempo que Dios me concede para ver crecer a mis nietas, disfrutar a mis hijos y compartir con ellos todo aquello que no pude mientras ejercía la Presidencia.
También quiero enfrentar la justicia hondureña porque considero que la verdad no puede permanecer oculta para siempre. Esperé seis meses para que se levantara la orden de captura que considero una persecución política, pero nunca renuncié a regresar. Le dije a mi familia que nadie impediría mi regreso a Honduras, excepto Dios.
Pido, como cualquier ciudadano, que la ley se aplique correctamente y que la justicia no sea utilizada con fines políticos. También lucharé por recuperar los bienes que pertenecieron a mi familia, porque considero que fueron obtenidos legítimamente mucho antes de que yo naciera.
Mi corazón está lleno de gratitud hacia todos ustedes y hacia quienes, aunque no pudieron estar presentes, oraron por mi libertad y nunca dejaron de creer.
La gran lección que me deja esta experiencia es que la adversidad siempre llegará, pero lo importante es cómo se enfrenta. Nunca agachen la cabeza. A mí quisieron humillarme, pero de rodillas solo me pondré ante Dios, mi Creador.
Quiero dejarles este pensamiento: vengo con el corazón lleno de esperanza, humildad y gratitud. Regreso para ser un hondureño más que construya, edifique y promueva la unidad, dentro y fuera de mi partido.
Nuestro partido es fuerte y no permitirá divisiones. Siempre he dicho que hay cosas más grandes que el individuo: la familia. Y también hay cosas más grandes que un partido político: Honduras.
Debemos unirnos todos los hondureños y trabajar por sacar adelante al país. Le deseo lo mejor al presidente Nasry Asfura, porque es el presidente de Honduras y cuenta con todo mi respaldo, al igual que su equipo, el presidente del Congreso, Tomás Zambrano, los diputados de cualquier partido y los alcaldes electos por el pueblo.
He querido retirarme para dedicar tiempo a mi familia, pero como hondureño sé que tengo un compromiso con mi país. El día que vea que algo amenaza a Honduras o que el radicalismo vuelva a ponerla en riesgo, ahí estaré para decir lo que considere necesario.
A todos, incluso a quienes piensan distinto, les digo: tenemos que querer este país porque es el nuestro. Unámonos todos.
Ustedes saben que los quiero mucho. Los llevo en mi corazón. Levanten los brazos y permítanme darles un abrazo.
Los quiero mucho. No lo olviden.
Soy Juan Orlando Hernández. Gracias a las oraciones de todos ustedes, hoy volví a mi tierra. Gracias.