Después de años de promesas, retrasos y denuncias, la carretera hacia La Esperanza finalmente alcanza su etapa más esperada: el pavimento está completamente terminado.
Se trata de un tramo de aproximadamente 3.5 kilómetros que durante al menos seis meses se convirtió en la pesadilla de los esperanzanos, y en el gran pendiente del gobierno saliente.
Por ese periodo, que comenzó allá por el Feriado Morazánico, el ir y venir de los pobladores de Intibucá se volvió en un dolor de cabeza, pues enfrentaron el polvo, lodo y un riesgo sin sentido, pese a vivir en uno de los destinos turísticos más importantes del occidente hondureño y a tener el resto de la carretera ya lista.
La obra, con el nuevo gobierno, la concluyó la empresa Sermaco, gracias a una nueva licitación sobre los 3.5 kms y trabajos complementarios. "Lastimosamente las obras que faltan en la parte urbana, no se estarían haciendo", dijo Javier Samayoa, líder del comité que le dio seguimiento a la conclusión del proyecto, en conversación con LA PRENSA.
Las labores pendientes fueron suspendidas por el feriado y se reanudan la segunda semana de abril.
La totalidad de la obra fue ejecutada en concreto hidráulico, y marca un antes y un después para la conectividad de la zona. La vía ya ofrece condiciones óptimas de circulación, especialmente ante la alta afluencia de viajeros durante la Semana Santa que planean disfrutar de la Ruta Lenca.
Por medio año, este tramo fue considerado uno de los accesos más deteriorados hacia la cabecera de Intibucá. Las condiciones de la carretera no solo complicaban el turismo, sino que también encarecían el transporte de productos, afectando directamente la economía local.
El proyecto se convirtió en una deuda histórica del Estado con la región, ampliamente documentada en coberturas periodísticas. Las denuncias evidenciaban el abandono de una vía clave para el occidente del país.
Retrasos, paralizaciones y cuestionamientos
La construcción no estuvo exenta de tropiezos. A lo largo de su ejecución, el proyecto enfrentó múltiples paralizaciones atribuidas a la falta de pagos a las compañías constructoras, así como cambios en la planificación y cuestionamientos sobre la gestión de los recursos.
En distintos momentos, las obras se detuvieron por meses, generando frustración entre habitantes y transportistas, quienes veían cómo el proyecto avanzaba a un ritmo irregular. Las condiciones del terreno y la necesidad de rediseños técnicos también incidieron en los retrasos.
En concreto, la carretera Siguatepeque–La Esperanza, debió estar concluida en 2024, pero por culpa de un tramo ridículamente corto aún sin pavimentar, el proyecto no finalizaba del todo.
El proyecto, de 67 kilómetros en total, se dividió en dos partes: Siguatepeque–Jesús de Otoro (32 km), ya finalizado (aunque pendiente la señalización) a cargo de la empresa Sermaco, y de Jesús de Otoro–La Esperanza (35 km), a cargo de Prodecón.
Beneficios directos para la población
La finalización del pavimento traerá beneficios inmediatos: reducción en los tiempos de traslado, mayor seguridad vial y menor desgaste vehicular. Para los habitantes, significa un acceso más digno a servicios básicos, comercio y oportunidades económicas.
Además, mejora la conexión con otras rutas estratégicas del occidente, facilitando el flujo de productos agrícolas y fortaleciendo la dinámica comercial entre comunidades.
La entrega de este tramo llega en un momento clave. La Esperanza se consolida como uno de los destinos preferidos durante la Semana Santa por su clima fresco, su oferta gastronómica y sus paisajes naturales.
Con una carretera en mejores condiciones, se espera un aumento en la llegada de visitantes, lo que representa un impulso directo para hoteles, restaurantes y pequeños emprendedores de la zona.
La Cámara Nacional de Turismo de Honduras, filial Intibucá se declara lista para que los visitantes pasen el feriado de Seaman Santa entre historia, cultura y paisajes que enamoran por La Gruta, sus miradores, murales llenos de vida y el café perfecto al final día.