¿Por qué El Niño está frenando la formación de huracanes en el Atlántico?

El Atlántico registra cinco tormentas tropicales y ningún huracán hasta el 18 de septiembre, mientras El Niño se fortalece aceleradamente en el Pacífico

  • Actualizado: 20 de septiembre de 2026 a las 09:20 -
¿Por qué El Niño está frenando la formación de huracanes en el Atlántico?

San Pedro Sula, Honduras. En pleno período que climatológicamente concentra buena parte de la actividad ciclónica del Atlántico, la temporada de 2026 presenta un comportamiento extraordinariamente bajo: hasta este 18 de septiembre se han formado cinco tormentas tropicales y ninguna ha logrado convertirse en huracán.

Los registros actualizados del Centro Nacional de Huracanes (NHC) contabilizan cinco tormentas tropicales: Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly y Edouard. Ninguna alcanzó los 119 kilómetros por hora de vientos sostenidos necesarios para convertirse en huracán. Para esta fecha, la climatología 1991-2020 registra normalmente nueve tormentas nombradas, cuatro huracanes y un huracán mayor.

El balance es de cinco tormentas nombradas, frente a las nueve que normalmente se habrían registrado a esta altura del año; cero huracanes frente a cuatro normales y ningún huracán mayor frente a uno.

La diferencia también se observa en la energía ciclónica acumulada o ACE, un índice que considera tanto la intensidad como la duración de las tormentas. El Atlántico acumula apenas 4.4 unidades de ACE, 94% por debajo de lo normal para esta fecha, según el resumen actualizado por el NHC a las 09 UTC del 18 de septiembre.

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El comportamiento ya rompió un récord de la era satelital, iniciada en 1966. El anterior récord para la aparición más tardía del primer huracán correspondía al 11 de septiembre.

Antes de la era de los satélites existen temporadas con registros todavía más tardíos o sin huracanes, pero los científicos consideran menos confiables esas comparaciones debido a que extensas zonas oceánicas no podían vigilarse continuamente.

Detrás de esta temporada inusualmente tranquila aparece un factor climático de enorme influencia: El Niño se está fortaleciendo en el océano Pacífico.

Cinco tormentas tropicales se habían formado en el Atlántico hasta el 18 de septiembre de 2026, pero ninguna logró alcanzar la intensidad de huracán.

El Niño se fortalece

Al otro lado de Centroamérica está una de las principales explicaciones. El más reciente diagnóstico del Centro de Predicción Climática (CPC) de NOAA, publicado el 10 de septiembre, establece que las anomalías de temperatura superficial del mar superaron los 3 °C en el Pacífico ecuatorial oriental durante agosto. El índice Niño 3.4 alcanzó +1.8 °C; Niño 3 llegó a +2.5 °C y Niño 1+2, situado más cerca de las costas sudamericanas, llegó a +3.4 °C.

El calentamiento no ocurre únicamente en la superficie. NOAA encontró también temperaturas significativamente superiores al promedio bajo el océano, con anomalías que en algunas zonas superaban los 10 °C a profundidad.

Al mismo tiempo, las condiciones atmosféricas (vientos, convección y lluvias) muestran que océano y atmósfera están actuando conjuntamente como corresponde a un episodio de El Niño en fortalecimiento.

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NOAA calcula ahora una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno 2026-2027 del hemisferio norte. Además, y aquí corrijo una precisión de mi revisión anterior, el boletín oficial sí establece un 75% de probabilidad de que entre octubre y diciembre alcance una magnitud histórica, definida por el CPC como un RONI trimestral de +2.5 °C o más, superior a los eventos registrados desde 1950 bajo ese indicador.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) coincide en la intensificación. Su actualización de septiembre proyecta que la anomalía promedio de la región Niño 3.4 podría rondar 3.6 °C entre septiembre y noviembre, con el proceso de fortalecimiento alcanzando su máximo hacia noviembre-diciembre.

Las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental registraron en agosto de 2026 temperaturas muy por encima de lo normal, una señal del fortalecimiento de El Niño, con anomalías que superaron los 3 °C en algunas zonas.

Pero si se calienta el Pacífico, ¿por qué afecta al Atlántico?

La explicación está en que El Niño no es solamente agua caliente. Es una reorganización del sistema océano-atmósfera a escala planetaria.

El Niño no consiste únicamente en el calentamiento del océano Pacífico. Es un fenómeno acoplado entre océano y atmósfera capaz de modificar la circulación atmosférica a gran escala. Por eso sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros del lugar donde se produce el calentamiento.

Cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan anormalmente, cambia el lugar donde el aire caliente y húmedo asciende y se producen grandes áreas de tormentas. Eso modifica la circulación tropical y las corrientes de aire en niveles altos de la atmósfera. NOAA explica que durante El Niño se debilita la circulación de Walker y se desplazan las zonas de ascenso y descenso del aire.

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Esas alteraciones viajan mucho más allá del Pacífico. Sobre el Caribe y el Atlántico tropical aumentan los vientos del oeste en niveles altos mientras los vientos alisios continúan soplando en niveles bajos. El resultado es una mayor cizalladura vertical del viento, es decir, una diferencia considerable en la velocidad o dirección del viento entre las partes bajas y altas de la atmósfera.

Y ahí está una de las claves. Un ciclón tropical necesita desarrollar una estructura vertical relativamente organizada, como una enorme columna de tormentas girando alrededor de un mismo centro. Cuando existe mucha cizalladura, los vientos superiores desplazan las tormentas respecto al centro de circulación, inclinan el sistema y pueden impedir que se organice o intensifique.

En términos sencillos: el combustible puede estar en el Atlántico, pero la atmósfera no permite que el motor funcione correctamente.

El Niño también favorece mayor estabilidad atmosférica y movimientos descendentes del aire en partes del Atlántico, otros dos elementos desfavorables para el crecimiento de ciclones.

<b>La temporada de huracanes de 2026 ha mostrado una actividad inusualmente baja en el Atlántico: cinco tormentas tropicales se habían formado hasta mediados de septiembre, pero ninguna logró alcanzar categoría de huracán.</b>

Una batalla entre océano y atmósfera

El comportamiento de 2026 resulta especialmente interesante porque las aguas del Atlántico tropical permanecen cálidas. La OMM señala que las temperaturas superficiales tanto del Atlántico tropical norte como del sur se mantienen por encima de lo normal.

Normalmente esas aguas proporcionarían abundante energía para alimentar ciclones. Pero NOAA ya había advertido en su actualización de temporada que un El Niño fuerte o muy fuerte podría contrarrestar esas condiciones favorables mediante el incremento de la cizalladura vertical.

Por eso NOAA redujo su perspectiva para 2026 y asignó una probabilidad de 75% de que la temporada termine por debajo de lo normal. Su rango oficial contempla entre 7 y 13 tormentas nombradas, de 2 a 6 huracanes y entre 0 y 2 huracanes mayores.

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Eso último también obliga a poner el récord actual en perspectiva: que no haya ocurrido ningún huracán hasta el 16 de septiembre no significa que Honduras y el Caribe estén fuera de peligro.

Quedan más de dos meses de temporada. El NHC establece oficialmente su final el 30 de noviembre, y las condiciones atmosféricas pueden cambiar en escalas mucho más cortas que las tendencias estacionales. NOAA recalca además que sus pronósticos de temporada no determinan cuándo o dónde tocará tierra un ciclón específico.

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Redacción La Prensa
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