El libro A corazón abierto, del escritor español Alejandro Fernández, rescata la obra del misionero jesuita estadounidense Jaime O’Leary, que durante 42 años impulsó viviendas y proyectos educativos en El Progreso, donde se le recuerda como alguien cercano y atento a los más necesitados.
"Este es un libro de memorias sobre Jaime O'Leary, un hermano jesuita que llegó al país desde San Luis, Misuri (EE.UU.), en 1959, y permaneció en Honduras por 42 años. En este tiempo la influencia de Jaime O'Leary sobre muchísima gente en la ciudad de El Progreso, especialmente, fue notable, cambiando la vida de miles de personas", subrayó Fernández.
El escritor español llegó a Honduras en 1990 precisamente invitado por el misionero, que no era sacerdote, fallecido en el 2002.
Sabía escuchar a la gente
O'Leary marcó la vida de muchos hondureños, tanto en su faceta de constructor de viviendas para gente humilde y sin techo como de educador.
El jesuita impulsó proyectos educativos que fueron una alternativa para miles de jóvenes que no tenían una educación sólida y aprendieron "un oficio con calidad, con reconocimiento y con honestidad que les permitió abrirse camino en la vida", explicó el autor.
Fernández fue muy cercano a O'Leary quien en 1990 lo invitó para que trabajara con él como voluntario en el Instituto Técnico Loyola (Intelo), en el que impartió clases de español durante cuatro años.
"Trabajé durante año y medio con él y, sobre todo, pude ver el tipo de relación que él establecía con la gente, que era una relación muy singular porque era una persona que sabía escuchar y estaba atento a las necesidades" de los demás, enfatizó el escritor español, quien, al igual que O'Leary, se terminó quedando en El Progreso.
A su amigo, de origen irlandés, Fernández lo recuerda como un hombre que siempre andaba "buscando cómo poder colaborar con las personas necesitadas".
Sigue siendo muy cercano a El Progreso
El libro A corazón abierto Jaime O'Leary' es como una biografía que va describiendo su vida desde su infancia, los años en EE.UU. hasta su fallecimiento en 2002.
Además, desgrana, entre otras cosas, muchos testimonios de quienes conocieron a O'Leary, su obra social, además de la material, como la construcción de la residencia apostólica San José, el Colegio Notre Dame, la plaza central de El Progreso y centenares de viviendas.
Entre esas obras sobresalen las casas de la Colonia (barrio) Corocol, que construyó tras el paso del huracán Fifi, que en septiembre de 1974 causó graves daños, principalmente en el norte de Honduras.
En la Colonia Corocol O'Leary también construyó una escuela para que los niños damnificados del Fifi pudieran iniciar en febrero de 1975 su año escolar.
Uno de los testimonios es del senador estadounidense Tim Kaine, quien siendo miembro del Cuerpo de Paz conoció a O'Leary en El Progreso.
"No tenía sus títulos ni era sacerdote. Pero todos sabían que era el que, dentro de su comunidad, estaba más íntimamente conectado con las dificultades de las personas a las que íbamos a servir", expresó Kaine sobre O'Leary.
Fernández, quien desde 1997 forma parte del Centro de Comunicación y Capacitación para el Desarrollo (Comunica), señaló que O'Leary todavía es muy recordado en El Progreso porque se le siente como una persona aún muy cercana a pesar de los años que han transcurrido desde su fallecimiento, especialmente para todas aquellas personas a las que ayudó.