El calor no siempre se siente como lo marca el termómetro. En medio de un episodio de deterioro en la calidad del aire, las condiciones atmosféricas actuales están generando un doble impacto: no solo aumentan los contaminantes en el ambiente, sino que también intensifican la sensación térmica que percibe el cuerpo.
Sobre la contaminación ambiental, la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Serna) alertó en un comunicado oficial que en los últimos días se han registrado concentraciones elevadas de material particulado (PM10 y PM2.5), lo que ha provocado la presencia de humo en Tegucigalpa y otras zonas del país.
Las concentraciones elevadas de material particulado PM10 y PM2.5 se refieren a la presencia de diminutas partículas contaminantes suspendidas en el aire, imperceptibles a simple vista.
Las PM10 son partículas más grandes, como polvo o ceniza, que pueden ingresar a las vías respiratorias, mientras que las PM2.5 son mucho más finas y peligrosas, ya que provienen principalmente de la quema de combustibles, incendios forestales o basura, y tienen la capacidad de penetrar profundamente en los pulmones.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la exposición a niveles elevados de estas partículas representa un riesgo significativo para la salud, ya que pueden provocar irritación en ojos y garganta, dificultades respiratorias e incluso agravar enfermedades cardiovasculares.
Cuando estas concentraciones aumentan, como ocurre en escenarios con poca ventilación y altas temperaturas, el aire se vuelve más denso y contaminado, elevando el riesgo especialmente para niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.
Según la institución, estas partículas provienen principalmente de incendios forestales, quemas agrícolas y la combustión de hidrocarburos, combinadas con condiciones meteorológicas que dificultan su dispersión.
Serna también señala que la calma de los vientos ha favorecido la acumulación de contaminantes en el aire, un factor que no solo empeora la calidad del ambiente, sino que incide directamente en cómo se percibe el calor.
Cuando el aire no circula, el cuerpo humano pierde capacidad de enfriarse, lo que eleva la sensación térmica.
Cuando sentimos más calor del que realmente hay
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NWS), la sensación térmica es el resultado de la interacción entre la temperatura del aire y otros factores como el viento o la humedad, los cuales modifican la forma en que el cuerpo pierde o retiene calor.
Por ejemplo, si la temperatura real suele rondar entre 32 °C y 36 °C, la sensación térmica puede subir a 38 °C – 45 °C, especialmente si hay alta humedad y poco viento.
En condiciones de frío, por ejemplo, el viento juega un papel determinante. Investigaciones difundidas por el propio NWS indican que el aire en movimiento elimina más rápidamente el calor corporal, provocando que la piel perciba temperaturas mucho más bajas que las registradas oficialmente.
En contraste, durante episodios de calor, la humedad relativa se convierte en el factor dominante. Cuando el aire contiene altos niveles de vapor de agua, el sudor, principal mecanismo de enfriamiento del cuerpo, no se evapora con facilidad, lo que incrementa la sensación de bochorno.
5 y 10 °C
más alta
que la temperatura real en condiciones de calor con alta humedad puede percibirse la sensación térmica.
Este fenómeno es medido mediante el llamado índice de calor, utilizado para alertar sobre riesgos como golpes de calor o deshidratación.
Diversos estudios académicos y modelos meteorológicos coinciden en que la sensación térmica es una construcción científica que integra múltiples variables ambientales.
No se trata de una medición directa, sino de un índice que busca aproximar cómo el organismo humano responde a la combinación de temperatura, humedad y viento.
Esta diferencia entre la temperatura real y la percibida no es menor. En escenarios extremos, puede significar un riesgo para la salud pública.
Según datos divulgados en publicaciones científicas y medios especializados, condiciones de viento intenso pueden acelerar la aparición de hipotermia, mientras que índices elevados de calor aumentan la probabilidad de enfermedades relacionadas con el calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.
Por ello, los expertos insisten en que la sensación térmica no es solo un dato adicional en los pronósticos del clima, sino una herramienta clave para la prevención. Entenderla permite tomar decisiones básicas, desde la ropa adecuada hasta la exposición al sol; y, en situaciones críticas, puede marcar la diferencia entre el bienestar y el riesgo.
La Serna recomendó evitar actividades físicas al aire libre cuando los niveles de contaminación sean elevados, usar mascarillas en exteriores si la calidad del aire es desfavorable y mantener a los grupos vulnerables en espacios interiores ventilados. También instó a la población a no realizar quemas y a denunciar incendios forestales.
En ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula, donde además se registra el efecto de isla de calor urbana, estas condiciones pueden intensificarse aún más.
El resultado es un clima que no solo se mide en grados, sino en cómo se siente y en cómo impacta la salud de quienes lo enfrentan a diario.