Pobladores de Olancho se toman una calle en protesta por apagones

El grupo de personas atravesó vehículos y llantas para impedir el paso de vehículos.

Momento de la protesta en el municipio de Campamento, Olancho, zona oriental de Honduras.
Momento de la protesta en el municipio de Campamento, Olancho, zona oriental de Honduras.

Olancho, Honduras.

Un grupo de pobladores del municipio de Campamento, departamento de Olancho, se tomó este martes la carretera principal como protesta ante los constantes apagones eléctricos en la zona.

El grupo de personas atravesó vehículos y llantas para impedir el paso de vehículos.

Las protestas contra la Empresa Energía Honduras (EEH) no dan tregua a lo largo y ancho del territorio nacional.

LEA: Apagones sin aviso duran hasta 10 horas en La Ceiba

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Personas protestando en el municipio de Campamento.

Contexto de otras protestas en La Lima y La Ceiba

La protesta es similar a la que tuvo anoche un grupo de habitantes de la colonia Planeta de La Lima al norte de Honduras, quienes adujeron estar cansados de los constantes cortes de energía en los últimos días y salieron al bulevar del este a protestar.

Los vecinos tomaron llantas y gasolina para bloquear los accesos hacia San Pedro Sula y La Lima y exigir a la Empresa Energía Honduras (EEH) y la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee) el cese a los cortes que les ha dejado sin energía durante varias horas desde el viernes pasado, sin estar programado.

Mientras tanto, en La Ceiba, el desabastecimiento de combustible por más de una semana es la causa de los apagones que afecta a los habitantes del litoral atlántico, quienes sufren apagones de hasta 10 horas.

Los cortes son durante el día y la noche y se dan sin previo aviso ya que las autoridades de la central de despacho de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee) no han socializado un calendario de cortes.

La Enee emitió un comunicado pidiendo comprensión a la población de los departamentos de Atlántida y Colón, ya que la falta del servicio se debe a un impase con el proveedor del búnker.

La Prensa