SAN PEDRO SULA. Desde los primeros años, jugar forma parte esencial de la dinámica infantil, ya que permite explorar, imaginar, crear y comprender el mundo.
Desde su conocimiento científico, la psicóloga hondureña Elna Bendeck explica que el vínculo entre el juego y el desarrollo infantil es profundo.
A través de esta actividad, los niños aprenden a regular sus emociones, a asumir roles dentro de diferentes dinámicas y a resolver conflictos.
El juego también funciona como un lenguaje simbólico mediante el cual pueden expresar sentimientos que aún no saben comunicar con palabras.
“Las emociones que un niño puede manifestar a través del juego son variadas. La felicidad, la tristeza, el enojo y la emoción forman parte de esta experiencia, dependiendo del tipo de actividad, el contexto y la situación”, señala la experta.
El arte como herramienta de aprendizaje.
Bendeck indica que el arte, combinado con el juego, se convierte en una herramienta poderosa para el desarrollo emocional. Actividades como el dibujo, la pintura, el canto y baile ayudan a los niños a expresar su mundo interior y fortalecer su equilibrio emocional de manera natural.
Uno de los aspectos más importantes es mantener el carácter divertido del juego. Para lograrlo, la especialista recomienda brindar a los niños momentos de libertad, alejándolos por un tiempo de las pantallas y permitiéndoles interactuar con el entorno real, como jugar al aire libre o participar en actividades físicas.
“Establecer límites en el tiempo frente a las pantallas ayuda a que los niños reconecten consigo mismos y con su entorno. Los juegos simbólicos, como jugar a la cocinita o al doctor, estimulan la imaginación y fomentan la interacción social, fortaleciendo su autoestima y su capacidad de empatía”, agrega la especialista en salud mental infantil.
Juegos virtuales vs juegos físicos
A diferencia de los videojuegos, los juegos tradicionales implican una conexión directa con otros niños. Esta interacción favorece el desarrollo de habilidades sociales, el trabajo en equipo y la comunicación asertiva, elementos esenciales para el crecimiento integral del niño.
Asimismo, los juegos familiares como armar rompecabezas o construir torres promueven el vínculo entre padres e hijos. Siguiendo este punto, Bendeck reitera le importancia de estar presentes en los momentos de juego con los niños, ya que esto influye directamente en el presente y futuro de ellos.
“Más allá del tiempo compartido, lo importante es la calidad de ese momento, ya que fortalece la confianza, la comunicación y el aprendizaje conjunto, de nada nos sirve estar a la par de nuestros hijos pero enfocados en el celular y no involucrarnos en lo que ellos hacen”.
Por otro lado, es comprensible que las responsabilidades diarias y las exigencias laborales nos absorben mucho tiempo fuera de casa, por ello, se sugiere buscar alternativas para crear esos momentos especiales.
Por ejemplo, dedicar un día de limpieza general del hogar, designar tareas a los niños de forma divertida, ya sea bailar mientras barren o trapean, cantar al lavar los trastes, decorar la sala juntos, mover los muebles imaginando que son súper héroes con mucha fuerza o lavar ropa mientras juegan con el agua.
No le prohíba a su hijo jugar
Uno de los errores que más cometen los padres es decirles a sus niños que ya no pueden jugar a cierta edad. ¡Eso es totalmente falso!. Decirle a un niño o a un adolescente que ya está grande y que no debe tener juguetes, o no puede jugar, es plantarle la idea de que no es capaz de lograr grandes cosas.
“Ese mensaje se queda en su cabeza de forma literal, puede causarles inseguridad, baja autoestima, vergüenza, sentirse cohibidos y frustrados al ver que otros niños sí pueden hacerlo”.
Lo importante es enseñarles a los pequeños el respeto hacia los demás, el autocuidado, que sepan que deben confiar en papá y mamá, que se diviertan con cosas sencillas, como también pueden hacerlo con un juguete caro.