Bajo el cielo aún oscuro de San Pedro Sula, cuando la ciudad apenas comienza a despertar, un ritmo constante rompe el silencio en la Vía Olímpica. Es el paso firme de Gustavo Adolfo García Romero, de 38 años, un corredor que ha convertido el asfalto en su escenario y la constancia en su estilo de vida.
Con la edición 50 de la Maratón La Prensa en el horizonte, comparte una historia que empezó en la infancia y que hoy lo posiciona como uno de los rostros constantes del running nacional.
Al recordar sus inicios, su expresión cambia. Más allá de marcas o tiempos, lo que permanece es la emoción de aquellas primeras metas cruzadas, cuando correr era simplemente una ilusión por cumplir. Para él, esta carrera no solo representa competencia, sino un vínculo directo con su pasado.
“Soy Gustavo García, tengo 38 años. Corro la Maratón de La Prensa desde 2010 de forma continua, pero antes ya la había corrido de niño, cuando el circuito era distinto y se salía los sábados a las 3 de la tarde”, relató, evocando esos primeros pasos que marcaron su camino.
Aunque el running suele percibirse como un deporte individual, Gustavo ha encontrado en la comunidad una fuente constante de impulso. Con el paso de los años, dejó de correr únicamente por metas personales y comenzó a nutrirse del ambiente colectivo que se forma entre corredores.
“Parte de la motivación es pertenecer a clubes donde nos retamos y nos apoyamos constantemente. Desde 2009 hasta hoy, sumando mis años de niño, llevo más de 16 años en esto”, comentó, destacando cómo la disciplina se fortalece cuando se comparte.
Su determinación lo llevó más allá de las fronteras de Honduras. A lo largo de los años ha participado en competencias internacionales que no solo exigen preparación física, sino también fortaleza mental para adaptarse a distintos climas y condiciones.
“Hemos participado en carreras como 21K de Guatemala, 42K en Miami, además de San Salvador, Bogotá y Panamá. Lo hacemos por amor al deporte”, expresó, con la satisfacción de quien ha llevado su pasión a diferentes escenarios.
A pesar de esa experiencia internacional, la Maratón La Prensa mantiene un lugar especial en su historia. No es solo una carrera más, sino un símbolo de tradición y un reto que se renueva cada año.
“Es una carrera de mucha tradición y siempre representa un reto, aunque uno conozca la ruta. Para mí es una de las más importantes de Honduras”, afirmó, dejando claro el valor emocional que tiene correr en casa.
Para Gustavo, el éxito no se define por subir al podio, sino por la capacidad de superarse sin comprometer la salud. Su enfoque está en el progreso personal y en disfrutar cada recorrido.
“Nunca he estado en podio, pero me enfoco en mejorar mis tiempos y terminar bien. Prefiero disfrutar la carrera y evitar lesiones”, señaló, resaltando una filosofía que prioriza el bienestar.
Además de atleta, también es líder. Como presidente de Runatics, encabeza una comunidad de más de 70 corredores que comparten objetivos y una misma pasión por el deporte.
“Runatics cumple 10 años. Para nosotros, la Maratón La Prensa es la carrera insignia. Entrenamos constantemente simulando su recorrido”, comentó, evidenciando el compromiso colectivo del grupo.
El club nació como una iniciativa dentro de una empresa y con el tiempo se abrió al público, consolidándose como un espacio para quienes buscan disciplina y acompañamiento.
“Fue impulsado por Yolanda Veras y el coach Ángel Borjas. Yo llevo casi diez años en el grupo y ahora soy el presidente”, explicó, destacando la evolución del proyecto.
Si tuviera que resumir lo que el running le ha dejado en todos estos años, no necesita muchas palabras:“Disciplina, motivación y crecimiento”.Tres conceptos que, en su caso, se traducen en una forma de vida sostenida por la constancia.
De cara a esta edición especial, sus expectativas están enfocadas en que la experiencia esté a la altura del aniversario.
“Queremos una carrera a la altura de los 50 años, con buenas premiaciones y muchas sorpresas”, expresó, confiando en que será una celebración memorable.
Su mayor inspiración no proviene de récords ni de grandes figuras, sino de historias de superación que encuentra en cada competencia.
“Ver personas con discapacidades completar estas distancias es lo que más motiva. Son ejemplo de disciplina”, destacó, reconociendo el impacto de esos testimonios.
Su rutina diaria refleja el nivel de compromiso que ha alcanzado. Antes de que amanezca, ya está entrenando bajo una planificación estructurada que cuida cada detalle.
“Seguimos una planificación ordenada para evitar lesiones. Cada entrenamiento tiene su propósito”, explicó, evidenciando la importancia de la constancia y la técnica.
En casa, guarda un tesoro que resume su trayectoria: más de 100 medallas que representan metas alcanzadas a lo largo de los años.
“Cada medalla es un logro, una historia. Las conservo para enseñarle a mi hija el valor del esfuerzo”, afirmó, dándole un significado más allá de lo deportivo.
Y agregó:
"Cada medalla que tengo tiene su espacio en el medallero. Hoy por hoy tengo más de 100 medallas de participaciones tanto nacionales como internacionales. De todo Centroamérica, algunas de Suramérica, otras de Norteamérica. Y pues entre ellas están 15 medallas o 16 medallas de lo que es la media Maratón de La Prensa que todas las colecciono, todas las guardo como les digo. Cada una de estas es una historia para contarla a futuro o es un recuerdo que tengo de cada carrera que he participado."
Finalmente, hace un llamado tanto a corredores experimentados como a quienes aún no se animan a iniciar.
“A los runners, que disfruten y den lo mejor. A los jóvenes, que se animen: es un deporte que forma disciplina y crea amistades que suman”, expresó.
En la edición 50 de la Maratón La Prensa, Gustavo no solo correrá contra el reloj. Lo hará para seguir construyendo una historia que algún día compartirá con su hija, entendiendo que la verdadera meta no está en la llegada, sino en cada paso que deja huella en el camino.