La llamada regla de los 20 años en la moda sostiene que las tendencias suelen resurgir cada dos décadas. Lejos de ser una simple observación, esta idea tiene base matemática, según científicos de la Universidad Northwestern (EE. UU.).
Un equipo de esa universidad desarrolló un nuevo modelo matemático y creó la base de datos sobre moda más completa hasta la fecha, con 37,000 imágenes de ropa femenina desde 1869 hasta la actualidad.
El modelo, centrado en el análisis de vestidos femeninos, demuestra que las tendencias tienden a repetirse en ciclos de unos 20 años. Sin embargo, a partir de la década de 1980 se observa una menor presencia de tendencias dominantes y una mayor diversificación en nichos.
Los investigadores presentaron su ponencia en la Cumbre Mundial de Física de la Sociedad Estadounidense de Física, celebrada en Denver (EE. UU.).
Los resultados revelan un patrón claro: aunque la moda evoluciona gradualmente con el tiempo, el auge y el declive de los estilos siguen una onda repetitiva que alcanza su punto álgido aproximadamente cada dos décadas.
Mediante herramientas personalizadas, los científicos midieron características clave de los vestidos —como la posición del dobladillo, el escote y la cintura— y transformaron los diseños en datos numéricos que pueden analizarse a lo largo de décadas.
Para ello, construyeron un modelo matemático basado en una idea sencilla: la tensión entre querer destacar y, al mismo tiempo, encajar.
Este modelo se aplicó a decenas de miles de patrones de costura históricos del Archivo de Patrones Comerciales de la Universidad de Rhode Island, así como a colecciones de pasarela.
Uno de los patrones más evidentes, según el estudio, está relacionado con la longitud de los dobladillos: las faldas se han acortado y alargado de forma recurrente.
Desde los vestidos 'flapper' más cortos de la década de 1920, pasando por los estilos más largos y conservadores de la década de 1950, hasta las minifaldas de finales de la década de 1960, las tendencias terminan por reaparecer.
“Con el paso del tiempo, esta necesidad constante de diferenciarse del pasado reciente hace que los estilos oscilen de un extremo a otro”, indicó Daniel Abrams, firmante del estudio. “El sistema tiende intrínsecamente a oscilar, y esos ciclos se reflejan en los datos”.
No obstante, desde la década de 1980 los datos muestran una mayor coexistencia de longitudes de falda, lo que sugiere una fragmentación de las tendencias. En lugar de una corriente dominante, emergen nichos que reflejan mayor diversidad.
En el pasado predominaban dos opciones —vestidos cortos o largos—, pero en los últimos años la oferta se ha ampliado: muy cortos, hasta el suelo o midi. “Se observa un aumento de la variabilidad con el tiempo y una menor uniformidad”, destacó Emma Zajdela, también firmante del estudio.
Además de respaldar las percepciones comunes sobre los ciclos de la moda, los investigadores afirman que estos resultados podrían ayudar a explicar cómo se difunden nuevas ideas en la sociedad.