Las discusiones suelen abordarse de manera problemática debido a la influencia de normas morales y sociales profundamente arraigadas en la cultura. Según el especialista De Vocht, las personas interpretan lo que ocurre a través de un filtro de significados y asociaciones que han aprendido a lo largo de su vida.
“Una forma más sana de entender los conflictos sería intentar salir, en la medida de lo posible, de ese filtro connotativo que tienen las palabras y las situaciones”, señala. De acuerdo con el experto, las personas no perciben únicamente los hechos o las palabras, sino que les asignarán automáticamente significados, juicios y experiencias previas.
Por ejemplo, cuando alguien se expresa con enfado, es habitual interpretarlo de inmediato como una falta de respeto. “Pero si comprendemos que esa persona está bajo una emoción de enfado y que está utilizando los recursos lingüísticos que tiene para expresarla, entonces podremos comprender que, en realidad, está hablando de sí misma, aunque lo haga dirigiéndose a nosotros”, afirma De Vocht.
Señalamientos y acusaciones: una forma de expresar malestar. El especialista explica que, durante una discusión, una persona puede responsabilizar o culpar a otra de su enfado, especialmente cuando el conflicto está relacionado con experiencias compartidas. En esos casos, sostiene que es importante entender que el interlocutor “está intentando posicionarse, defenderse o expresarse desde su propio malestar”.
“Cuando alguien te señala, te acusa o te marca una debilidad que le ha molestado no está hablando únicamente de ti; se está refiriendo, sobre todo, a sí mismo, a cómo vive esa situación, a cómo la interpreta ya aquello que le mueve por dentro”, puntualiza.Por ello, recomienda no rechazar automáticamente el mensaje, sino tratar de interpretarlo desde una perspectiva más amplia.
“En lugar de rechazar su mensaje debemos aprender a traducirlo”, enfatiza. Según De Vocht, uno de los principales obstáculos para lograr esa interpretación es la tendencia social a compararse constantemente con los demás.“
Vivimos en continua comparación y dentro de un marco social en el que, muchas veces, una forma de posicionarnos consiste en marcar el valor, el error o la debilidad del otro. Señalar al otro se convierte en una manera de proteger nuestra propia imagen, y muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta”, explica.
Un cambio de perspectiva para discutir mejor.
Desde esta óptica, las discusiones pueden entenderse como intentos imperfectos de comunicación entre personas que arrastran experiencias emocionales, culturales y lingüísticas diferentes.
“La manera positiva de ver las discusiones es entenderlas como el intento torpe de seres humanos que arrastran una historia cultural, emocional y lingüística, y que muchas veces ni siquiera tienen palabras exactas para expresar lo que sienten”, sostiene.
El experto añade que cambiar la forma de interpretar determinadas conductas puede transformar significativamente los conflictos.“Desde ese punto de vista, aquello que normalmente interpretamos como una falta de respeto —por ejemplo, que alguien nos hable con enfado— podremos verlo simplemente como lo que es: una persona expresando su enfado, y no necesariamente una persona que nos está degradando”, aclara.
A su juicio, este cambio de mirada surge al reducir la carga de significados que suelen atribuirse a las palabras y emociones de los demás.“Ese cambio de mirada, que surge de quitarle las connotaciones a las palabras y sentimientos de la otra persona, transforma mucho la discusión”, enfatiza.
Asimismo, considera que este enfoque no implica justificar conductas inapropiadas, sino desarrollar una mayor capacidad para no interpretar cada comentario como un ataque personal.“No se trata de exigir que el otro mida perfectamente lo que dice o cómo lo dice, sino de desarrollar nuestra capacidad de no recibir automáticamente sus palabras como una humillación o un ataque a nuestro valor, sino de entenderlas como una forma torpe de protección del otro”, reflexiona. Finalmente, De Vocht sostiene que comprender los conflictos desde esta perspectiva favorece una actitud más humilde y menos reactiva.
“Si entendemos todo esto, entonces la manera de enfocar los conflictos cambia. Aparecen más humildad, y también la posibilidad de decir: ‘Qué torpe soy’, en lugar de tomarnos todo lo que nos dicen como algo definitivo o personal”, recalca.Asimismo, considera que esta visión ayuda a reconocer la complejidad de las relaciones humanas.
“También surgirá en nosotros una comprensión más amplia de que seguimos teniendo una parte muy primitiva y reactiva, y de que el mundo, las relaciones y las emociones son demasiado complejos como para reducirlo todo a culpables, faltas de respeto o verdades absolutas”, concluye.