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'Mi esposo y mis hijos se retorcían en el suelo del dolor'

  • 30 agosto 2015 /

El incendio en una cohetería clandestina provocó la muerte de un padre y sus dos hijos.

Copán, Honduras.

Es de mañana. Doña Ana Fernández camina en lo que quedó de su vivienda, donde su esposo e hijos trabajaban para mantener el hogar. Observa los restos que dejó la explosión: ahí en la cohetería clandestina quedaron los sueños de una familia.

“Salí a vender unos chatos y nances donde una vecina. De repente se escuchó la explosión, llegué a la casa y mi marido con mis hijos estaban tirados en el suelo gritando de dolor. Qué tragedia. Nunca esperamos que sucediera esto a mis dos hijos”.

Sus nombres: José Antonio y Selvin Pineda, y el papá Ubaldo Pineda. A doña Ana, quien enterró esta semana a Selvin, solo le queda el pequeño Wilson, que estaba en la casa y a quien las llamas no lo alcanzaron.

La viuda no sabe qué hacer ni cómo comenzar de nuevo. “No le deseo esto a nadie. Uno también desea irse con ellos, pero Dios nos dejó aquí por algo. Mi niño Selvin, el último en morir, me decía en el hospital: ‘Mamá, me duele el estómago, ayúdame’. Qué le podía contestar si solo miraba cómo día a día se me ponía más mal hasta que murió. Me pedía agua y nunca le pude dar porque los doctores me lo prohibían.

Solo quiero que mi Dios me dé fuerza para seguir adelante y ver por el único hijo que me quedó. Seguro sus hermanos y su papá estarán orgullosos de nosotros”, llora al recordar a su familia muerta.

Los Pineda Hernández tenían la cohetería porque el cabeza de familia, Ubaldo, había aprendido a hacer esas bombitas de mano y le encargaban por docenas en las ferias.

“Él no podía trabajar en otra cosa porque tenía una enfermedad en la columna. Nunca tenía grandes cantidades. Ese día tenía que entregar cuatro docenas para una feria. Se levantó temprano para hacerla y yo me fui a vender los chatos. Los niños se quedaron cambiándose para ir a la escuela porque José y Selvin estaban en sexto y cuarto grado en la escuela Muñoz Ortega”, recordó.

A don Ubaldo nunca se le ocurrió que este desastre podría pasar a pesar de los cuidados que tenían al manipular la pólvora, según doña Ana.

“Lo único que mi esposo quería era ganar dinero para comer. Siempre nos decía que teníamos que tener cuidado; por eso nunca prendíamos un fósforo o algo caliente cerca de la cubeta donde estaba la pólvora. Ese día todavía no sabemos qué pudo pasar”.

En el cementerio general de Santa Bárbara, la tierra ya guarda en sus entrañas los tres cuerpos de la tragedia más grande en una cohetería en Santa Bárbara.

La tumba de José quedó frente a su padre y hermano. Ahí, las tres cruces recuerdan los nombres y las fechas trágicas que marcaron a la familia Pineda Fernández, originaria del barrio La Magdalena, de la cabecera departamental de Santa Bárbara.

La señora Ana Fernández llora y solo recuerda con dolor la explosión del pasado 5 de agosto, que vivirá en su mente como el día más triste de su vida.

Foto: La Prensa

Las tres víctimas perdieron la vida por una explosión de pólvora.

En detalle

El primero en ser sepultado fue el niño José Antonio Fernández, de 11 años, quien murió el mismo día del incendio. Lo trasladaban al Hospital Escuela de la capital, pero no logró llegar por las quemaduras.

El 11 de agosto murió el padre de los niños, Ubaldo Pineda, de 40 años, y 11 días después falleció Selvin Pineda, de 8 años. De esta tragedia solo queda un menor de 4 años que solo sufrió quemaduras en las manos.