Bélgica le dará la bienvenida mañana domingo 21 de julio a su nuevo monarca en completa intimidad y sin tanta pompa ni testas coronadas. El rey Alberto II de Bélgica cederá el trono a su hijo, el príncipe Felipe de Brabante, nacido simplemente para reinar.
La ceremonia de entronización apenas diferirá de otras celebraciones realizadas ese día, fiesta nacional belga. La dotación que tendrá la casa real a partir de ahora será idéntica a la de Alberto II pero deberán pagar el impuesto sobre ventas, con lo que la partida neta será inferior. La austeridad condiciona el relevo en el trono.
El Gobierno, en negociación de presupuesto restrictivo para el país, no ha querido sobrepasar la partida prevista para la celebración del día nacional. Y por ello se festejará casi como si no hubiese coronación.
No asistirá al acto ninguna casa real de Europa, solo los embajadores de los estados con representación en Bélgica. Desaparece así uno de los principales elementos de glamur de cualquier ceremonia de coronación: la presencia de sus pares en otros países.
La sucesión
Alberto II traspasará a sus 79 años el trono a su hijo Felipe, de 53. Tras 20 años de reinado, el monarca alega motivos de salud para pasar el relevo a su primogénito, aunque los escándalos que rodean a la monarquía han acelerado el proceso.
Desde que se produjo el anuncio, hace unas dos semanas, muchos belgas han sacado a sus balcones la bandera nacional, difícil de ver en un país donde la confrontación entre flamencos y valones diluye hasta el extremo la sensación de pertenencia a Bélgica.
Alberto II, que llegó al trono tras la muerte de su hermano Balduino en 1993, ha sido decisivo en los últimos años a la hora de mantener la unidad del país, que ha vivido varias crisis de gobierno por la complicada arquitectura federal.
Nació en Bruselas, en el castillo de Stuyvenberg, el 6 de junio de 1934. El aún rey, que recibió al nacer el título de príncipe de Lieja, es el hijo del rey Leopoldo III y de la reina Astrid, nacida princesa de Suecia. Es además nieto del rey Alberto I de Bélgica y de la reina Elisabeth.
El 29 de agosto de 1935 el rey Alberto, de un año, perdió a su madre en un accidente de coche en Küssnacht, en Suiza.
Tras el fallecimiento de su hermano, el rey Balduino, el príncipe Alberto jura como monarca ante las Cámaras de Representantes reunidas el 9 de agosto de 1993.
Alberto II se convierte así en el sexto rey de los belgas. Le acompaña en su labor la reina Paola, aunque la constitución no contempla que la soberana, en su calidad de consorte, desempeñe actividades oficiales.
El programa
La ceremonia de abdicación y asunción del trono comenzará a las 7.30 am con una misa tedeum que se oficiará en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas. A su término está previsto que el rey Alberto II presente su renuncia al trono.
Hacia las 10.45 am, el príncipe heredero jurará como séptimo rey de los belgas ante los representantes de las dos Cámaras en el edificio del Parlamento Federal y a continuación se dirigirá a la llamada Columna del Congreso para rendir homenaje al soldado desconocido.
Tras el juramento, Bélgica tendrá dos reyes, Felipe y su padre, que a título de cortesía será el rey Alberto, y tres reinas, Matilde, la esposa del nuevo monarca, y las reinas Paola, y Fabiola, viuda de Balduino.
A las 14.05 pm, el nuevo soberano pasará revista a las tropas y presidirá el desfile del Día Nacional en la Plaza de Palacio.
Los festejos concluirán al caer la noche en el Parque Warandel, donde tradicionalmente se celebra la Fiesta Nacional por parte de la ciudadanía de Bruselas.