La celebración de los 32 años de Almacén Pico Pico se convirtió en mucho más que un aniversario: fue un encuentro cargado de historia, pasión y aprendizaje. Entre telas, hilos y sonrisas, el evento reunió a clientes fieles y nuevos curiosos que llegaron con un mismo propósito: reconectar con el arte de la costura y celebrar una tradición que ha pasado de generación en generación.
“Son 32 años de aniversario que cuentan una gran historia", expresó don Jhonny Sikaffy, propietario de la tienda, tras dar por inaugurado el evento con un brindis. Por su parte, Karen Maldonado, modista de alta costura, expresó su satisfacción por formar parte del momento.
“Yo desde los 9 años he costurado, entonces siempre hemos sido clientes... hemos tenido esa familiaridad”, comentó, dejando ver cómo este espacio ha sido parte importante de su crecimiento.
La jornada no solo fue conmemorativa, sino también educativa y con una linda convivencia. Con entusiasmo, Karen explicó que la idea de este año era hacer “algo bonito... compartir un poco el conocimiento de costura y con la idea de que la gente se anime a fabricar más sus productos, a costurar, a diseñar”. El mensaje fue claro: inspirar a otros a crear con sus propias manos.
El evento, abierto al público, permitió que cualquier persona pudiera sumarse a la experiencia. “Está abierto a todos los clientes que vengan en horario de 11 a 4 de la tarde", el evento tuvo regalitos, bocadillos, sorteos y muchas sorpresas más.
Siendo la invitada especial para impartir un seminario de costura, Karen contó que detrás de esta pasión por la costura hay una historia profundamente familiar. “Viene de cuatro generaciones, pero de la más cercana es mi mamá”, relató con orgullo. Su madre, originaria de occidente, soñaba con coser desde pequeña, aunque en su época no era bien visto. “Entonces ella dijo: un día me voy a ir a San Pedro Sula, va a ser mi tierra prometida”, recordó.
Ese sueño se convirtió en realidad gracias a esfuerzo y determinación. “Vino trabajando y estudiando, logró meterse a academias, estudió con diseñadores y tiene más de 40, 50 años en esto”, contó. Esa herencia fue clave para que, años después, su hija encontrara también su camino entre telas y patrones.
Desde muy pequeña, el talento ya se hacía notar. “Desde los 9 años empecé vendiendo los diseñitos de Barbie... también hacía colas, vendía en el colegio”, relató entre risas. Poco a poco, ese emprendimiento infantil fue evolucionando hasta convertirse en una verdadera vocación.
Aunque su formación académica tomó otro rumbo —“soy química industrial”—, nunca dejó de lado su verdadera pasión. “Siempre mi sueño fue la costura”, confesó. Su aprendizaje fue práctico, constante y lleno de retos, hasta lograr dominar cada etapa del proceso creativo.
Con el tiempo, su trabajo se ha caracterizado por la personalización y el detalle. “Un diseño para cada persona, muy personalizado y muy estilizado... resaltar lo mejor de cada persona”, explicó. Esa dedicación le ha permitido incluso trabajar con clientes de alcance nacional e internacional, consolidando su experiencia.
Sin embargo, el camino no ha estado libre de desafíos. “Uno piensa que a veces el talento basta... pero no solo es el talento, sino la administración de ese talento”, reflexionó. Hoy, con el apoyo de instituciones como la Cámara de Comercio, ha logrado estructurar mejor su emprendimiento y enfrentar retos como la gestión del tiempo y la atención al cliente.