San Pedro Sula, Honduras. Mente Sana llegó a cerca de 500 padres de familia de los centros de educación básica Lila Luz de Maradiaga y Dionisio de Herrera, con dos jornadas dedicadas a conversar sobre los efectos que el uso excesivo de las pantallas y las redes sociales pueden generar en niños y adolescentes.
Esta actividad marcó un nuevo paso para el proyecto de Diario LA PRENSA, que por primera vez, desde su creación en 2024, incorporó las escuelas para padres, con el propósito de llevar hasta los hogares la conversación de salud mental que ya desarrolla con estudiantes y docentes.
En este espacio, los directores de ambos centros educativos eligieron abordar la adicción a pantallas y redes sociales, uno de los cuatro temas de esta tercera edición, debido a que se ha convertido en una realidad cada vez más presente en la vida familiar y las aulas.
Las charlas estuvieron a cargo del psicólogo Marvin Ariel Posso, quien explicó que este tema no debe analizarse únicamente desde el tiempo que un niño pasa frente a un dispositivo, sino también desde la forma en que ese uso comienza a interferir con otras actividades.
Para abrir el diálogo, Posso planteó situaciones cotidianas con las que muchos se identificaron, como revisar el teléfono apenas se despiertan, utilizarlo mientras comen o sentir la necesidad de tenerlo siempre cerca, conductas que, cuando se vuelven repetitivas, pueden ser una señal de que el dispositivo está ocupando un espacio mayor del necesario.
La reflexión no giró únicamente en torno a los niños y adolescentes, ya que el experto invitó también a los adultos a revisar sus propios hábitos y recordó que muchas de estas conductas se aprenden en casa.
En cuanto a las señales que pueden advertir sobre un uso excesivo de las pantallas, Posso indicó que algunos niños pueden manifestar pérdida de control cuando se les retira el dispositivo, impulsividad y poca tolerancia a la frustración.
También señaló que el uso de celulares a edad temprana puede afectar habilidades esenciales para la lectoescritura, especialmente por hábitos como el “scrolling” (delizar la pantalla para ver el siguiente video), debido al movimiento repetitivo que se realiza.
“Los juegos de antes, como los mables, por ejemplo, ayudaban a entrenar la mano para tomar el lápiz, porque implicaba usar los dedos en una posición similar a la que usamos al escribir, pero ahora los niños están creciendo usando solo un dedo para deslizar la pantalla”, detalló.
Expuso que el “scrolling” está generando una tendencia en la que las personas quieren consumir información de forma más rápida, lo que puede dificultar la atención y el aprendizaje.
Además, dijo que la sobreexposición a las pantallas puede llegar a causar baja autoestima, ansiedad e incluso depresión, ya que muchas personas comienzan a comparar sus vidas con lo que ven en redes.En ese sentido, recomendó a los padres observar con atención si sus hijos comienzan a presentar cambios de comportamiento.
“Un celular no es malo”, expresó, al señalar que el verdadero reto está en aprender a utilizarlo de forma equilibrada y evitar que termine afectando el descanso, la convivencia familiar, el rendimiento académico o el bienestar emocional.
Como parte de la actividad, los padres también recibieron material educativo con recomendaciones de prevención, además de un test que, si bien no sustituye una consulta psicológica, puede servir para medir cómo está la relación de sus hijos con las pantallas y las redes sociales.
En el centro Lila Luz de Maradiaga, en barrio Cabañas, la convocatoria del sábado reunió a unos 300 padres, una participación que para Merlíng Paredes, director del centro educativo, demostró el compromiso de las familias con la educación y el bienestar de sus hijos.
Paredes apuntó que fortalecer la relación entre la escuela y los padres es indispensable, pues muchas de las situaciones que enfrentan los estudiantes no pueden abordarse únicamente desde el aula, sino que requieren acompañamiento en casa.
Lo mismo opinó Ingrid Amador, madre de dos estudiantes, quien expresó que las responsabilidades laborales y la seguridad muchas veces obligan a los padres a facilitar un celular a sus hijos para mantenerse comunicados, pero que también es importante supervisar lo que consumen a través de ellos.
Roger Sánchez, padre de quinto grado, coincidió en que buena parte de lo que los niños aprenden y reproducen comienza en el hogar, por lo que consideró necesario revisar los hábitos que se están formando desde casa.
La profesora Esmeralda Figueroa, directora del centro Dionisio de Herrera, en barrio Río de Piedras, valoró la jornada como un espacio de aprendizaje tanto para padres como para docentes.
Blanca Rivera, madre de ese centro, agradeció a Diario LA PRENSA por incluirlos en esta edición, destacando el acompañamiento brindado a las familias, al tiempo que expresó su deseo de que se sigan creando este tipo de espacios.
Con estas primeras escuelas para padres, Mente Sana abrió un nuevo capítulo en la conversación sobre la salud mental, que continuará en las próximas semanas en los centros Soledad Fernández y Hogar San José.