Francisco Cisnero es uno de los únicos tres enfermeros que trabaja en el hospital Mario Rivas. Aunque desde su niñez soñaba con pilotear aviones hoy se dedica a salvar vidas.
“Lo más bonito de mi vida como profesional es ver cuánta gente hemos podido salvar, que el familiar nos de las gracias y se vaya feliz”, comentó.
Pero su carrera también le ha dado momentos de tristeza cuando un paciente muere. “Darle una mala noticia a un familiar es difícil, hay momentos en los que uno quisiera tirar la toalla”, expresó el enfermero, quien es jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI.
Cisnero tiene una larga trayectoria en el hospital Mario Rivas. Fue jefe de emergencia de pediatría por siete años y jefe de ortopedia de niños por un año.
Con más de una década en el centro asistencial siente frustración cuando no pueden darle todo lo que necesita a un enfermo. “Es frustrante no tener las herramientas, insumos y medicamentos para salvar vidas”.
A pesar de las dificultades que a diario enfrentan en el centro asistencial no se arrepiente de haber elegido ser enfermero. Recuerda que antes de sacar su licenciatura en enfermería, estuvo en la Fuerza Aérea Hondureña por siete meses. “Aspiraba a ser piloto, no lo pude cumplir porque tenía problemas visuales, también jugué en el Real España, en la sub 16”.
Luego optó por estudiar bachillerato en enfermería. Era el único hombre entre 118 mujeres que cursaban la carrera. Hizo un año de servicio social en el Hospital Integrado de Santa Bárbara, luego ingresó dos años a la universidad para sacar la licenciatura. “Mis amigos me molestaban porque estudié esa carrera que la domina el sexo femenino”.