“Sacaron a Maduro, pero el régimen sigue”: desconcierto entre venezolanos en Honduras

La caída de Maduro no significó el fin del chavismo ni abrió un regreso seguro. Desde Honduras, venezolanos reconocen que el régimen sigue intacto

“Sacaron a Maduro, pero el régimen sigue”: desconcierto entre venezolanos en Honduras
Tegucigalpa, Honduras.

"Es el mismo huacal, los mismos tomates podridos. Uno se alegra porque ya no está el dictador ese (Nicolás Maduro), pero allá la cosa sigue igual”, dice Milagro Alemán mientras aprieta una pequeña bandera de Venezuela que cuelga de su cuello.

LA PRENSA Premium realizó un recorrido por las calles de Tegucigalpa y San Pedro Sula para recoger la perspectiva de los migrantes venezolanos sobre la situación en su país, a seis días de la captura de Nicolás Maduro, tras un megaoperativo ejecutado por Estados Unidos en la madrugada del 3 de enero.

Bajo los puentes de El Prado, en Tegucigalpa, Milagro, una madre venezolana sobrevive junto a sus tres hijos —de 12, 16 y 17 años— aferrada a la esperanza de que la captura de Maduro marque, al fin, el principio del fin de un régimen que los obligó a huir.

Fue allí donde recibió la noticia que estremeció a millones de venezolanos dentro y fuera de sus fronteras. “Sentimos alivio, felicidad... pero también tristeza por los muertos, por los bombardeos”, relató. La caída del hombre que simbolizó años de persecución y escasez no llegó acompañada de paz.

“Ahora nos queda la fe de que Delcy Rodríguez (presidenta interina) ceda y haga lo que el pueblo merece”, añadió con la voz quebrada y los ojos húmedos, mientras sus hijos escuchan en silencio.

Milagro llegó a Honduras hace cuatro meses, dejando atrás a toda su familia, a su hermana y a sus raíces. Hoy tiene una decisión tomada: volverá a Venezuela. No porque el régimen haya terminado, aclara, sino porque el camino hacia Estados Unidos se ha vuelto imposible ante las políticas migratorias de Donald Trump.

Tras meses de dificultades como migrante en Honduras, Milagro solo anhela poder reunirse con su madre y hermana en Venezuela.
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A varios kilómetros de ahí, en los puentes de Comayagüela, Harold Gill limpia parabrisas bajo el sol. Tiene 19 años y carga con una historia que pesa más que la cubeta de agua que arrastra entre los carros.

“Yo me vine por la familia; mi mamá, mis hermanos y mi abuela”, dice. Salió de Venezuela siendo menor de edad, empujado por una economía que no le ofrecía futuro. “Uno en Venezuela gana 20 dólares a la semana (alrededor de 527 lempiras, es decir, un salario de L2,100 al mes). Allá el trabajo de uno no vale”, dijo.

Harold llegó a Honduras hace un mes, antes estaba en México y ahí conoció el miedo de verdad. En Sinaloa fue obligado a trabajar para el crimen organizado. A su edad, ya vio más violencia de la que debería. “Eso fue lo más duro”, mencionó.

La captura de Maduro le generó alivio, pero también desconfianza. “Lo sacaron a él, pero el mismo poder sigue. No está liberada Venezuela”, advirtió. Para Harold, quienes celebran desde lejos no entienden la complejidad del país. “Estados Unidos fue por Maduro, no por el régimen”, agregó.

Aun así, al igual que Milagro, también quiere volver a Venezuela. “Ya ni a la frontera de México podemos llegar, lo que queda es ir para atrás y, mientras llegamos, toca buscar trabajo”, relató.

Harold comparte largas jornadas de trabajo como limpiaparabrisas con Bryan, un migrante guatemalteco que se ha convertido en su compañero inseparable.
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Planes

El equipo de LA PRENSA Premium continuó el recorrido en San Pedro Sula, donde constató que también es reducido el número de migrantes venezolanos en la ciudad, pero que —al igual que en Tegucigalpa— muchos han modificado sus planes tras la captura de Nicolás Maduro.

Uno de los casos es el de Yormary Salazar, una venezolana que hace siete años salió de su país junto a su pareja y sus dos hijos, empujada por la crisis y con la esperanza de llegar a Estados Unidos.

Cuando el llamado "sueño americano" se cerró, la familia decidió permanecer en San Pedro Sula, una ciudad que no estaba en sus planes, pero donde han encontrado pequeños gestos de solidaridad para seguir adelante.

Yormary sigue con atención lo que ocurre en Venezuela y mide el tiempo en función de lo que escucha en las noticias. “Trump va a demorar mínimo un año en mejorar porque no es fácil de tanto que robaron, que el petróleo y eso, entonces nos toca esperar a que todo mejore porque ahorita lo que es Caracas es donde está fea la cosa”, relató.

Yormary cuida de su hijo y de su mascota en San Pedro Sula, construyendo día a día un nuevo hogar mientras espera que su proceso de asilo avance.

Actualmente, la familia se encuentra en proceso de solicitar asilo en Honduras y, como otros migrantes venezolanos, vive en un hotel donde debe pagar 500 lempiras diarios, un gasto que supera el costo de una renta, pero que se ha convertido en la única alternativa ante la dificultad de encontrar un lugar seguro que los reciba con niños y un pequeño cachorro que les regalaron en México.

Como Yormary, Ruth es otra venezolana que hoy intenta rehacer su vida en San Pedro Sula, convencida de que aún no existen condiciones reales para regresar a su país. “Yo ahorita estoy esperando, esperando a ver qué pasa en Venezuela, porque uno no se va así por así. Tienen que arreglarlo primero para poder irse con su familia”, expresó.

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Cifras

En 2022 y 2023, la presencia de venezolanos en Honduras era masiva. Dormían en plazas públicas, terminales de transporte y aceras; ocupaban semáforos y albergues improvisados a lo largo de las principales ciudades.

Hoy, ese panorama cambió de forma drástica. Durante el recorrido por Tegucigalpa y San Pedro Sula, LA PRENSA Premium constató que el flujo de migrantes venezolanos ha ido en picada.

El punto de quiebre llegó en 2025, con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la imposición de medidas migratorias aún más restrictivas. A partir de entonces, la ruta hacia el norte prácticamente se cerró.

Desde ese momento, miles de venezolanos varados en México, Guatemala y Honduras optaron por quedarse a trabajar en esos países o regresar a Venezuela, aun sabiendo que el chavismo no solo seguía en el poder, sino que hoy continúa gobernando.

Según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), entre el 20 de enero de 2021 y el 20 de enero de 2025, durante el gobierno de Joe Biden, Honduras registró el paso de 472,626 migrantes venezolanos.

En contraste, durante el primer mandato de Donald Trump —del 20 de enero de 2017 al 20 de enero de 2021— apenas 34 venezolanos cruzaron por territorio hondureño. La diferencia es abismal, pues el flujo migratorio bajo Biden fue miles de veces mayor que durante la primera administración de Trump.

La tendencia vuelve a marcarse con el regreso del republicano a la Casa Blanca. En su casi primer año de segundo mandato, entre el 20 de enero de 2025 y el 5 de enero de 2026, apenas 941 venezolanos han transitado por Honduras.

En ambos períodos, el perfil predominante ha sido el de hombres jóvenes, de entre 21 y 30 años de edad.

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Intervención

Un día como hoy, 10 de enero, pero de 2025, Nicolás Maduro asumió el mando en Venezuela en medio de denuncias de fraude electoral, rechazo internacional y una profunda crisis de legitimidad.

Aquella investidura fue vista por la oposición y amplios sectores de la comunidad internacional como la consolidación de un poder sostenido por la fuerza, no por las urnas.

Casi un año después, Estados Unidos realizó una intervención militar en Venezuela que terminó con la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos federales, entre ellos narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína.

Tras su detención, Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina, manteniendo intacta la estructura de poder del régimen, aunque Trump aseguró que ella está dispuesta a hacer lo que considere Estados Unidos.

Lo anterior significa el inicio de un proceso de subordinación del régimen a los intereses estratégicos de Estados Unidos, según explicó Juan Falkonerth, experto colombiano en política internacional.

El objetivo de Washington, detalla el especialista, no es eliminar el régimen de inmediato, sino garantizar estabilidad y control. "Para evitar que el país se hunda en una ola de violencia incontenible o en una guerra civil, resulta funcional que el régimen permanezca formalmente al frente del poder, pero bajo el direccionamiento estratégico de la Casa Blanca”, aseguró Falkonerth.

" "Familiares nos ayudaron hasta Costa Rica. En Nicaragua nos tocó hacer como estamos haciendo ahorita (vender dulces) desde ahí nos tocó perder la pena"
Yormary Salazar, migrante venezolana
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El experto advirtió que los cambios que la población espera avanzan lentamente, mientras que aquellos que interesan a Estados Unidos —como el control del petróleo, la liberación de presos políticos y la reorganización institucional— se implementan con rapidez.

Falkonerth explicó que mientras el régimen siga siendo funcional para los intereses estratégicos estadounidenses, no habrá transformaciones en materia democrática ni relevo real de las figuras emblemáticas del chavismo como Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de Venezuela, entre otros.

Y es que uno de los ejemplos de que Venezuela continúa igual son los presos políticos en que continúan encarcelados y que el aparato chavista mantiene su capacidad de movilización.

En su última intervención pública, el 9 de enero en X, Edmundo González —quien se proclama “presidente electo”— aseguró haber conversado con el presidente de España, Pedro Sánchez, para enfatizar la urgencia de liberar a los presos políticos, una solicitud que hasta ahora no ha recibido respuesta por parte del régimen ni de Estados Unidos.

Panorama

Falkonerth Advirtió que el fin del chavismo y del madurismo ya es una realidad, aunque el poder siga en manos de sus figuras. Las estrategias estadounidenses buscan someter a la dictadura, reducir la influencia de Rusia y China en Venezuela y avanzar contra regímenes autoritarios aliados, como Cuba.

“Se trata, en esencia, de una Doctrina Monroe adaptada al estilo Trump”, dijo el especialista. Según él, la supremacía chavista ha terminado, pero su desmantelamiento será gradual, calculado y sin replicar experiencias abruptas o militarizadas como la de Irak.

Con él coincidió Edgar Aguilar, experto en migración, quien mencionó que la apuesta de Trump es que “el liderazgo que quedó en Venezuela colaborará y obedecerá las órdenes de Estados Unidos, pero nada garantiza que eso ocurra. Ese es un gran riesgo que puede desestabilizar aún más a Venezuela y a la región, especialmente si se involucran actores con mayor peso como China o Rusia”, explicó.

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El también economista enfatizó en que este tipo de intervenciones extranjeras rara vez trae paz y estabilidad a los países intervenidos. “Siempre es un proceso que lleva varios años y Trump ya lo ha dicho en conferencias de prensa: que están planeando, según ellos, liderar Venezuela por un tiempo, por un buen tiempo. Pero esto lo dice con grandes apuestas, porque en ese tiempo muchas cosas pueden pasar, especialmente si actores más poderosos se involucran, lo que causaría aún más migración y más inestabilidad en general en la región. Muy peligroso”, advirtió.

Para los venezolanos en la calle, la oposición sigue siendo una esperanza, pero también una incógnita. Milagro cree que María Corina Machado y Edmundo González representan el deseo popular. “El apoyo está. Ganaron, pero nos robaron los votos”, afirmó.

Harold, en cambio, es más escéptico y dice no confiar ni en la derecha, ni en la izquierda.

En una rueda de prensa desde su residencia en Florida, Donald Trump dijo sobre María Corina Machado que “no cuenta con el apoyo ni el respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira el respeto necesario para gobernar Venezuela”, al ser consultado sobre si ella podría liderar una transición tras la captura de Maduro.

Para Graco Pérez, experto en derecho internacional, uno de los escenarios que se avecina es que Delcy Rodríguez pueda negociar acuerdos internos para Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y otros miembros del régimen, mientras se evita el regreso de opositores como María Corina Machado o Edmundo González, cuyo retorno podría complicar las negociaciones.

Por otro lado, el abogado mencionó que otro escenario podría ser "Si Delcy se niega a seguir alguna instrucción, pues Estados Unidos cambiará el escenario y hará un reajuste. Todavía pueden suceder muchas cosas en Venezuela", puntualizó.

Y es que Washington, ha advertido que está listo para una segunda intervención si lo considera necesario. "Estamos preparados para realizar un segundo ataque mucho más grande si es necesario. De hecho, suponíamos que sería necesaria una segunda incursión, pero ahora probablemente ya no lo sea", expresó Trump en la conferencia de prensa del 3 de enero.

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Mario Sánchez
Mario Sánchez
mario.sanchez@laprensa.hn

Periodista de investigación, visualización de datos, desarrollo web y animación. Licenciado en Comunicaciones y Publicidad. Docente universitario en diseño digital.

Karol Pavón
Karol Pavón
karol.pavon@laprensa.hn

Periodista de investigación con experiencia en temas de alto impacto. Máster en Márketing Estratégico, formación en análisis de datos, verificación, SEO y estrategias digitales.