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De la imponente cabaña enclavada en las colinas de Santa Cruz de Minas —un refugio de lujo donde el fallecido narcotraficante Magdaleno Meza Fúnez solía pasar sus días de descanso— hoy solo quedan ruinas cubiertas de maleza.
La propiedad, que permaneció bajo custodia de la Oficina Administradora de Bienes Incautados (Oabi) tras su aseguramiento, fue saqueada y destruida en medio de la búsqueda de un supuesto botín que Meza habría dejado oculto en caletas.
La Unidad de Investigación de LA PRENSA Premium se desplazó hasta el antiguo refugio del extinto capo y constató el grado de devastación en la zona. El inmueble —que a inicios de abril pasó definitivamente a manos del Estado, según un fallo de un juzgado de privación de dominio— fue desmantelado en su totalidad.
La cabaña se encontraba en la parte alta de una hacienda ubicada en la aldea Valladolid, en las cercanías de Santa Cruz de Minas, municipio de Quimistán, que también fue objeto de aseguramiento. En la actualidad, una parte de la finca está arrendada a una asociación campesina, mientras que otra fracción ha sido invadida por distintos grupos que realizan siembras de forma clandestina.
Construida en madera y con acabados llamativos, la cabaña del fallecido capo Magdaleno Meza —también conocido como Nery Orlando López Sanabria— contaba con amplios espacios sociales, gimnasio y dormitorios de lujo. Además de servir como lugar de descanso, funcionaba como punto de encuentro con socios y figuras cercanas, aprovechando su ubicación estratégica y aislada.
Investigaciones de agencias antidrogas señalan que en la propiedad aterrizaban helicópteros con visitas que recibía Meza para concretar negocios vinculados al tráfico de drogas.
El inmueble abarca alrededor de cinco mil manzanas de extensión. La cabaña se erigía en lo alto de la montaña, rodeada de pinares. Para facilitar el acceso, Meza mandó a pavimentar varios tramos del camino hacia la cumbre, ya que los vehículos enfrentaban dificultades para ascender, especialmente durante la temporada de lluvias.
En la parte baja, el capo había desarrollado una extensa hacienda con caballos pura sangre, establos de ganado y amplias zonas de cultivo en producción.
Agentes de la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN), que siguieron de cerca los movimientos y negocios de Meza Fúnez, identificaron esta hacienda como su principal propiedad. De acuerdo con testimonios de exempleados, el lugar también habría ocultado un millonario botín en drogas y dinero, lo que lo convirtió en un punto clave de interés tras el asesinato del capo.
De la bonanza que alguna vez imperó en la hacienda de Magdaleno Meza —lujos efímeros, fiestas desbordantes y una fortuna de origen ilícito—, LA PRENSA Premium constató que hoy solo permanecen escombros: mudos testigos de un imperio que se desmoronó.
El 6 de junio de 2018, un equipo de agentes de la DLCN capturó a Meza Fúnez, a su esposa Erika Julissa Bandy García y a tres de sus guardaespaldas cuando se transportaban en dos vehículos con compartimientos ocultos. Las autoridades decomisaron narcolibretas —claves a posteriori en los juicios contra Juan Orlando y Tony Hernández—, joyas, dinero, pistolas con silenciador y dos granadas.
Tras quedar en prisión, la Fiscalía Especial Contra Crimen Organizado (Fescco) aseguró 25 bienes inmuebles, vehículos, sociedades mercantiles y cuentas bancarias a Meza y a su esposa.
En octubre de 2019, el narcotraficante fue asesinado mientras guardaba prisión en la cárcel de El Pozo, en Ilama, Santa Bárbara, a manos de otros reclusos. El crimen quedó registrado por las cámaras de seguridad, y el video del hecho se filtró posteriormente a la luz pública.
Bajo la gestión de la Oabi, las propiedades de Meza Fúnez fueron objeto de un saqueo sistemático ante el débil control y vigilancia del Estado. En particular, esta hacienda ubicada en las cercanías de Santa Cruz de Minas se convirtió en blanco constante de incursiones, alimentadas por reportes sobre supuestas caletas enterradas con grandes sumas de dinero. La protección era precaria: apenas dos guardias de seguridad.
Durante meses, supuestos equipos del Estado visitaron el sitio para realizar inspecciones. En otras veces, vehículos ingresaban y salían cargados de madera sin que nadie tuviera el control de los bienes extraidos de la hacienda.
Se trataría del segundo sitio que despertó el interés de personas en busca del botín de Meza Fúnez. En enero de 2025, la Policía Nacional ejecutó un operativo para localizar dinero que el fallecido capo habría dejado enterrado en el sector de La Coraza, en Quimistán, Santa Bárbara, y por el cual presuntamente habría asesinado a su esposa.
Pobladores de la zona comentaron al equipo periodístico que el personal de la Oabi no regresó a la extensa hacienda. “Antes de que mataran a Magdaleno la gente tenía temor de entrar a la propiedad, porque andaban algunos de sus trabajadores, pero cuando murió todos empezaron a buscar el dinero enterrado”, dijeron.
Otro de los vecinos recordó que “a la cabaña vinieron e hicieron excavaciones unos que dijeron que eran autoridades y otros particulares que hacían grandes hoyos buscando el dinero enterrado hasta en las noches, cavaron hasta acabar con la propiedad”.
De la cabaña apenas sobreviven fragmentos de techo y madera quemada. La cumbre de la montaña, que antes destacaba como un exclusivo refugio de descanso, hoy está cubierta de maleza y con accesos deteriorados.
La Oabi dejó de pagarle a la empresa de seguridad que tenía dos guardias asignados en la hacienda, pero estos aún siguen en el lugar, sin salario, cultivando una parcela de tierra para sobrevivir.
De las más de cinco mil manzanas de terreno incautadas, 2,182 fueron entregadas en arrendamiento a una cooperativa campesina, por medio de la Organización Nacional de Campesinos de Honduras (Onach). Cada agricultor trabaja una fracción, pero vive en zozobra ante la presencia de grupos que han invadido el resto de la propiedad.
La Onach paga mensualmente 57,500 lempiras por el arrendamiento de las tierras; sin embargo, invasores les han arrebatado parcelas para continuar cultivando, por lo que han exigido una solución a la Oabi.
Orlando Rosales, representante de la organización, confirmó que en 2021 firmaron un contrato con la Oficina Administradora de Bienes Incautados para el arriendo de 2,182 manzanas. No obstante, al llegar a la zona encontraron a personas ya instaladas. Aunque posteriormente fueron desalojadas, la propiedad presentaba un deterioro avanzado.
Actualmente, en la hacienda habitan 85 familias campesinas amparadas en este acuerdo. “Muchas no tienen dónde vivir y se les ha asignado una manzana de tierra para que críen sus animales y desarrollen sus cultivos”, explicó Rosales.
Pese a las dificultades, indicó que están a la espera de renovar el contrato de arrendamiento con las nuevas autoridades de la Oabi.
25
Bienes
De Magdaleno Meza y su esposa Erika Julissa Bandy, ambos fallecidos, pasaron de forma definitiva al Estado a inicios de abril de 2026.
Agentes de lucha contra el narcotráfico sostienen que Nery Orlando López Sanabria —quien modificó su apariencia y asumió la identidad de otro hondureño bajo el nombre de Magdaleno Meza— construía discretamente un imperio a partir del tráfico de drogas.
“Era un hombre de contactos y con grandes recursos. Compró haciendas, viviendas, joyas, caballos y ganado; además, creó empresas, algunas de ellas de fachada para lavar dinero proveniente del narcotráfico”, explicó un investigador.
De acuerdo con las pesquisas, muchos de esos bienes fueron asegurados, aunque otros aún no han sido identificados, debido al uso de testaferros.
Un total de 25 propiedades aseguradas en 2018 pasaron definitivamente al Estado, según informó el Ministerio Público la semana anterior. Entre estos activos figuran bienes muebles e inmuebles, vehículos, sociedades mercantiles y cuentas bancarias registradas a nombre de la extinta pareja Meza Fúnez y Bandy García.