Las apps sacuden el hospedaje y abren un reto para Honduras
La oferta de alquileres de corta estancia, como Airbnb, crece en las principales ciudades mientras el alojamiento tradicional mantiene una estructura relativamente estable
- Actualizado: 04 de octubre de 2026 a las 22:50 /
Hace algunos años, buscar dónde hospedarse implicaba llamar a un hotel, consultar una agencia de viajes o llegar directamente a recepción. Hoy, buena parte de esa decisión comienza en una pantalla en la cual, el viajero coloca una fecha, compara precios y ubicaciones, revisa imágenes y comentarios y puede reservar en pocos minutos.
Ese cambio abrió espacio a los alquileres de corta estancia, es decir, casas, apartamentos y habitaciones ofrecidas mediante plataformas como Airbnb, Vrbo o Booking.com, lo que para hoteles, hostales y complejos turísticos, el reto ya no consiste solamente en competir en precio o servicio; ahora pueden aparecer en la misma pantalla donde el viajero compara otras modalidades de alojamiento.
Un análisis de LA PRENSA Premium sobre los datos disponibles muestra la dimensión del cambio según los registros más recientes obtenidos del portal Airbtics, desde mayo 2026 se contabilizan 1,075 propiedades de corta estancia en Tegucigalpa y 833 en San Pedro Sula: más de 1,900 entre ambas ciudades.
El crecimiento no significa que el alojamiento tradicional esté desapareciendo. Entre 2021 y 2024, el número de establecimientos registrados pasó de 1,814 a 1,806, una reducción de apenas 0.4%, mientras las habitaciones aumentaron 4.1%, de 30,497 a 31,751.
Mientras nuevas propiedades entran mediante plataformas, los hoteles también trasladan parte de sus reservas a internet.
Las mediciones históricas de Airbtics permiten observar la evolución del mercado. Entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, la firma contabilizaba 897 anuncios activos de Airbnb en Tegucigalpa y 773 en San Pedro Sula.
En Tegucigalpa, un alojamiento típico registraba una ocupación mediana de 40%, con 146 noches reservadas al año, una tarifa diaria promedio de L1,450 y un ingreso anual cercano a L188,020.
En San Pedro Sula, la ocupación era de 39%, con 142 noches reservadas, una tarifa diaria de L1,638 y un ingreso anual aproximado de L214,880.
Las cifras corresponden a períodos distintos y no deben compararse directamente con los registros más recientes pero, sí, permiten observar la evolución de la oferta.
El informe de mercado 2025 de Airbtics encontró un aumento interanual de 46.77% entre los dos mercados analizados, con un crecimiento de 57.62% en Tegucigalpa y 35.93% en San Pedro Sula. Los ingresos promedio avanzaron a un ritmo menor.
Mientras tanto, el alojamiento tradicional en Honduras registraba 1,814 establecimientos de alojamiento y 30,497 habitaciones en 2021; para 2024 eran 1,806 establecimientos y 31,751 habitaciones, según cifras del Instituto Hondureño de Turismo (IHT) recopiladas por el Banco Central de Honduras (BCH).
Las ciudades con mayor alza en capacidad de hospedaje, según el Directorio de Establecimientos Turísticos, son la capital y la ciudad industrial. A marzo de 2025 contabilizaba 156 establecimientos y 4,059 habitaciones en Tegucigalpa; 161 establecimientos y 4,028 habitaciones en San Pedro Sula; y 163 establecimientos y 2,605 habitaciones en Roatán.
Oswaldo Nájera, un arrendatario de Airbnb en Tegucigalpa, inició en este negocio después de casi cinco décadas de trabajo en áreas financiera, administrativa y contable, invirtió prácticamente la totalidad de sus prestaciones y recurrió a financiamiento bancario para construir dos apartamentos.
Publicó el primero en Airbnb en agosto de 2023, seis meses después incorporó el segundo y en 2026 agregó un estudio en otro sector de Tegucigalpa.
Según su experiencia, ya no basta con publicar una propiedad y esperar huéspedes. “Es una labor constante, que exige al anfitrión capacitarse y profesionalizarse; quien no lo hace, difícilmente se sostiene”.
Sus apartamentos alcanzan, según explicó, ocupaciones de entre 45% y 65%, y su objetivo es llegar a 75% o más.
No todos los huéspedes son turistas
La experiencia de Nájera también muestra que la corta estancia no depende exclusivamente del turista extranjero. Estima que alrededor del 60% de sus huéspedes reside en Tegucigalpa, 35% llega desde otras ciudades y el 5% restante corresponde a hondureños y extranjeros que viven fuera del país.
El anfitrión tampoco plantea una confrontación directa con la hotelería. “No creo que estemos en competencia directa: atendemos necesidades distintas”.
Nájera reconoce las ventajas de los hoteles en instalaciones, amenidades, ubicaciones estratégicas y capacidad de inversión. Considera que la corta estancia puede diferenciarse mediante flexibilidad, trato personalizado y espacios con características de una vivienda, especialmente durante estadías prolongadas.
El hotel también entra a la plataforma
Para Andrés Ehrler Martínez, ministro de Turismo, el fenómeno forma parte de una dinámica mundial. Una parte de los viajeros continúa confiando en los servicios de los hoteles, mientras otra utiliza modalidades de renta de corto plazo.
Pero las plataformas digitales no son utilizadas exclusivamente por propietarios particulares. “Hay empresas que ya son formales en el país y también ofertan sus mismos servicios por esa vía”, explicó Ehrler.
El ministro menciona que Booking y Airbnb están dentro de ese ecosistema de comercialización en el que un hotel puede continuar operando con recepción, empleados y habitaciones tradicionales.
El crecimiento de la corta estancia también abrió una discusión sobre formalización, impuestos, seguridad y condiciones de competencia. Según Ehrler, el sector empresarial formal pide que quienes operan bajo estas modalidades entren en marcos comparables de formalización.
El ministro también relacionó la discusión con las obligaciones tributarias. “Si yo pago impuestos (empresario hotelero), igual pague impuestos el que está haciendo este tipo de rentas”.
Ehrler afirmó que las plataformas de alojamiento deberían estar reguladas y señaló que el Servicio de Administración de Rentas (SAR) trabaja en el tema. Queda pendiente precisar con el SAR las obligaciones para anfitriones y plataformas, así como posibles cambios regulatorios.
Para Ehrler, la respuesta del sector turístico no debería limitarse a Airbnb. Su apuesta institucional es avanzar hacia los denominados destinos turísticos inteligentes, donde el viajero pueda encontrar digitalmente la oferta, organizar su ruta, seleccionar productos y completar pagos.
“El destino turístico inteligente no solo es colocar cámaras y QR”, señaló.
Según el ministro, la construcción digital de la oferta debe incluir presencia en internet, información suficiente para tomar decisiones y herramientas que faciliten la compra. También anticipó una participación creciente de la inteligencia artificial en la planificación de viajes.
Ehrler señaló que la Secretaría de Turismo está impulsando el uso de herramientas para que negocios turisticos, no solo hoteleros puedan tener más presencia en apps y sitios web para reservas, usando la inteligencia artificial, a través del portal https://www.kolau.es/ con quien el gobierno estableció un convenio de apoyo gratuito.
Del mostrador a la pantalla
El crecimiento de las rentas de corta estancia lleva la discusión más allá de hoteles contra Airbnb. El reto también está en definir bajo qué reglas operan estos alojamientos y qué obligaciones deben cumplir en materia tributaria, sanitaria, de seguridad y formalización.
Airbnb y otras aplicaciones de arrendamientos es una de las expresiones más visibles de esa transformación, pero no la única. En Honduras, el hospedaje ya no se define solamente por el edificio donde duerme el viajero. También comienza a definirse desde la plataforma donde lo encuentra.