Casi 50 niños hondureños crecen "privados de libertad" por delitos de sus madres

La ley permite a las presas estar con sus hijos hasta los 4 años, después son entregados a familiares o a la Dinaf.

La cárcel exclusiva para mujeres está situada en Támara, Francisco Morazán.
La cárcel exclusiva para mujeres está situada en Támara, Francisco Morazán.

Tegucigalpa, Honduras.

Hay niños que llegan al mundo en medio de comodidades dentro de clínicas privadas del país y crecen en hogares sólidos económicamente, otros menores menos privilegiados nacen en los hospitales públicos y una última parte corresponde a los llamados "niños invisibles", quienes desarrollan sus primeros años de vida junto con sus madres al interior de la Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social (PNFAS), ubicada en Támara, Francisco Morazán.

Dato
El INP registró hasta el 2 de julio de 2020 la cantidad de 1,222 presas en Honduras.

LA PRENSA conoció a través de las autoridades del Instituto Nacional Penitenciario (INP) que esta cárcel de mujeres alberga a la fecha casi 50 ni­ños, quienes conviven con sus madres a lo interno del área conocida como casa cuna hasta que cumplen los cuatro años de edad. Después son entregados en primera instancia a un pariente de la privada de libertad, pero si no hay un familiar responsable, es cedido a la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf).

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Casa cuna es el sitio aislado de la cárcel donde permanecen madres e hijos.

De momento en sala cuna hay al menos seis embarazadas, allí no hay ninguna presa en otras condiciones debido a la seguridad de las familias.

Además, cuenta con un médico ginecólogo y un pediatra, quien lleva los controles del niño, aplica las vacunas, proporciona las vitaminas y todo lo demás que tanto la madre como el pequeño necesitan en términos de salud.

Las presas cuando están cerca de dar a luz son trasladadas desde la prisión hasta el hospital Materno Infantil, y en caso de que el bebé presente alguna patología en particular, es remitido a un especialista para ser atendido siempre en el Materno Infantil o en el hospital María.

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La cárcel de mujeres tiene áreas de recreación para los menores de edad.

El área de casa cuna cuenta con más de 10 dormitorios, mosquiteros y supera las 60 camas. También hay dos espacios considerados importantes: una sala de estimulación temprana, que es donde las mujeres reciben charlas sobre el cuidado que deben tener con sus hijos y el otro punto es una sala de recreación.

Los espacios suelen lucir limpios, ordenados y decorados con artículos para bebés. El objetivo de las autoridades penitenciaras es hacer de este lugar un alojamiento muy parecido al que existe afuera, allí las internas cuidan a sus hijos, todo está pensado para que los pequeños sientan que no están en una cárcel, por eso al interior no hay rejas y está abierto.

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Dentro de la prisión hay una guardería donde los niños pasan durante el día mientras sus madres trabajan.

Ahora producto de la pandemia por coronavirus y debido a las suspensiones de visitas, el Instituto Nacional Penitenciario (INP) es prácticamente el encargado de suministrar lo que se necesita; es decir, pañales, leche, toallas húmedas y otras cosas.

El INP reconoció que antes de aplicar las medidas por coronavirus en el país siempre recibió donaciones y apoyo de instituciones gubernamentales y no estatales para el tema de la manutención de los niños que permanecen en prisión junto con sus madres.

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Digna Aguilar, portavoz del INP

"Tras salir positiva en la prueba de embarazo la mujer inmediatamente va a sala cuna, un lugar que cuenta con ventanas que permiten una buena ventilación, puertas amplias, el portón de ingreso es grande y la seguridad por parte de los guardias es permanente. También muy cerca hay una guardería donde los recién nacidos pueden desarrollarse y otra sala de juegos que cuenta con canchas y otros mecanismos de entretenimiento para los más grandes", dijo Digna Aguilar, vocera del Instituto Nacional Penitenciario.

"Cada año estamos haciendo lo mejor posible, allí las madres o mujeres en general aprenden oficios como panadería, repostería, tienen acceso a salones para estudio bíblico, sala de computación y varias de ellas han recibido capital semilla para introducirse al emprendimiento", añadió la portavoz.

PNFAS es es el único centro penal de Honduras donde solo hay mujeres y donde viven niños hasta la edad que la legislación lo permite: cuatro años. Ellos literalmente nacen con la condena que pesa sobre sus madres por el delito que estas cometieron.

También son lamentables los episodios que viven muchos de estos niños al ingresar por primera vez al terreno de la libertad, están expuestos a la pobreza, inestabilidad social, a nivel económico y desde luego emocional, ya que varios sufren de estigma al ser catalogados por otros como "hijos de asesinas, extorsionadoras, sicarias" y otros calificativos.

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Ricardo Osorio, jefe regional de la Dinaf

Ricardo Osorio, jefe de la oficina regional centro oriente de la Dinaf, manifestó que la institución casi nunca recibe niños que han estado en la cárcel, ya que en las mayoría de los casos sus madres, quienes permanecen recluidas, tienen afuera parientes que aceptan tenerlos.

Osorio indicó que cuentan con el programa de "Consolidación Familiar", el cual tutela el proceso legal de las adopciones de niños y verifica la situación de los expedientes de solicitantes que ingresan a través de la secretaría general, requisitos y vigencia de conformidad con los procedimientos establecidos en la ley.

Este programa involucra a las familias que presentan solicitud de asignación de un niño en estado de adaptabilidad a través de sus apoderados legales, garantizando que se integre a una familia que le brinde protección en base a las necesidades individuales y particulares.

"Las familias que quedan al cargo de niños pasan por muchas pruebas, entre ellas de tipo psicológico, se revisan minuciosamente los requisitos y son monitoreadas. En el caso hipotético que la verdadera madre salga de prisión, si está en condiciones de volver a tener a su hijo se le entrega de nuevo, ya que si bien es cierto en algún momento perdió el derecho a la libertad, pero jamás el de ser madre", subrayó el funcionario.

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Delma Ordóñez, representante de familiares de reos

Delma Ordóñez, presidente de la Asociación de Familiares Privados de Libertad en Honduras, argumentó que el Centro Femenino de Adaptación Social no cuenta realmente con las condiciones para las madres ni sus hijos.

"Sabemos que existe una guardería para que los niños pasen durante el día y que hay talleres para que trabajen las mamás, pero allí adentro la situación es difícil porque también hay peleas entre grupos de poder", dijo.

"Lo que sé es que a las madres y sus hijos les dan comida básica: leche, arroz, frijoles, espaguetis y nada más. También deberían de existir programas de reinserción social para las internas, pero en Cefas esa no es la realidad, lo que hay son unos talleres para que aprendan sus oficios, pero es de manera obligatoria porque solo así ellas pueden comprarle ropa, juguetes y otras cosas necesarias a sus niños, además del apoyo de los familiares que los visitan", añadió Ordóñez.

Recordó que después de la matanza ocurrida el pasado 24 de mayo a lo interno de la cárcel de mujeres, al menos 80 de ellas fueron trasladadas tres días después a un módulo especial dentro de la prisión de Siria, en El Porvenir, Francisco Morazán. "Ese tipo de hechos no son nada agradables para las madres y sus hijos; ahora con lo que está sucediendo con la pandemia es peor porque ya se han reportado varias mujeres sospechosas de coronavirus", exteriorizó.

Una importante fuente del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), quien prefirió omitir su nombre, dijo que si bien es cierto, las autoridades penitenciarias no cumplen a cabalidad con sus obligaciones en cuanto a la sección donde están las madres e hijos, hay muchas cosas que se están trabajando de manera completa y organizada.

"Como Conadeh hacemos alrededor de dos visitas mensuales a la cárcel de mujeres por diferentes denuncias que se han presentado y para revisar que todo marche como debe de ser. Estamos en la obligación de velar porque los derechos se cumplan y en reiteradas ocasiones hemos pedido a las autoridades del INP que mejoren la alimentación a los niños o en algunos casos les brinden una especial según su edad y necesidad", citó.

"Hemos recibido quejas relacionadas con salud, existencia de amenazas entre las internas, restricciones de visitas o lentitud en procesos judiciales, pero puedo decir con seguridad que la cárcel de mujeres es de las más organizadas y tranquilas en el país, allí las incidencias presentadas han sido pocas, la última fue la matanza que hubo en el mes de mayo, donde dos de las víctimas tenían hijos, quienes al final fueron entregados a sus familiares", mencionó.

Por otro lado, Comité Nacional de Prevención contra la Tortura (Conaprev), un organismo autónomo estatal, se ha sumado constantemente a verificar la situación en las cárceles, entre ellas, la de mujeres. Esta institución revisa que las condiciones en que viven los presos sean las adecuadas, que se respeten los derechos y están muy atentos a sus denuncias.

Secuelas inevitables

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Psicóloga Diana Portillo

La psicológa Diana Portillo señaló que los menores sufren considerables daños emocionales dentro de la cárcel aún estando con sus madres, debido a que al interior se viven situaciones de violencia y de lenguaje inadecuado.

La experta aduce que a largo plazo llegan a sufrir de estrés tóxico, lo que termina provocando desórdenes emocionales, dificultad de aprendizaje, baja autoestima y consumo de sustancias prohibidas cuando alcanzan la adolescencia.

"Los primeros años son los más importantes porque se desarrolla el cerebro, aunque las madres son un vínculo primordial, los niños como cualquier ser humano tienen derechos que allí no se cumplen", dijo.

Portillo se refirió a tres etapas etapas de vida de los menores: la primera es el desarrollo físico que en cierta manera sí existe entre las familias en prisión; la segunda es el desarrollo cognitivo, el cual tiene que ver con el aprendizaje, el nivel de atención y el socializar con más personas, algo que dentro de la cárcel se restringe; la tercera etapa se relacionada con lo psicosocial, el cual es más que evidente porque los niños llegan a sufrir de ansiedad, depresión y sienten deseos de ser parte de la violencia.

"Cuando el niño es entregado después de los cuatro años suele ser normal que se aísle, que tenga problemas para interactuar con los demás, por eso es necesario que inmediatamente sea llevado a un psicólogo, la familia debe tenerle mucha paciencia y darle amor porque ellos salen muy afectados al estar en ese entorno y dejar a su madre", concluyó.

Para este selectiva y "olvidada" cantidad de menores hondureños, disfrutar de una pizza, una amburguesa o divertirse con una mascota no es lo habitual. Estos pequeños tampoco conocen los colores primarios porque viven en un entorno prácticamente gris entre una frontera que divide la sala cuna, que es casi sinónimo de paz, y el otro extremo que infunde miedo, donde conviven mujeres ligadas a estructuras criminales y castigadas por diversos delitos.

La Prensa