La captura de Nicolás Maduro y su esposa, su traslado a Nueva York y su próxima comparecencia ante la justicia estadounidense suscitan una serie de interrogantes que pueden ser clasificadas en tres grandes rubros: el político, el jurídico y el estratégico.
La orden del presidente Trump que posibilitó la aprehensión del cabecilla de un régimen ilegítimo y represivo, entronizado en el poder por más de una década recurriendo al fraude electoral —posibilitando con ello el continuismo—, ha tenido un alto costo para el pueblo venezolano. El dramático deterioro de las condiciones de vida y el colapso de la economía han obligado a casi ocho millones de venezolanos y venezolanas a emprender un éxodo masivo en busca de oportunidades ya inexistentes en su país.
Estas personas se han dispersado por distintas naciones con el objetivo de continuar con sus vidas, generalmente en condiciones de mera subsistencia. Ellas y ellos, por igual, celebran lo recientemente ocurrido con la esperanza de que, en el corto o mediano plazo, puedan retornar a sus hogares.
Sin embargo, por el momento prevalece la incertidumbre respecto a lo que depara el futuro, tanto a nivel nacional como internacional. Surgen múltiples interrogantes, entre ellas: ¿cuál será la reacción del actual régimen venezolano?, ¿capitulará ante hechos consumados o, por el contrario, ofrecerá resistencia armada?, ¿qué papel desempeñará la dirigencia opositora ante un eventual cambio de régimen?, ¿será tomada en cuenta o ignorada por Washington?
Asimismo, se plantean dudas de carácter económico y geopolítico: ¿volverá a ser privatizado el petróleo tras haber sido nacionalizado?, ¿cómo logrará el presidente Trump que las multinacionales petroleras estadounidenses tengan acceso pleno a las reservas de crudo, estimadas en el 17 % del total mundial?, ¿podrían estas ser objeto de sabotaje por remanentes del antiguo régimen?, ¿será necesario el envío de contingentes de tropas estadounidenses para prevenirlo y, de ser así, por cuánto tiempo?
Desde la perspectiva del derecho internacional público, también se abren interrogantes fundamentales: ¿cómo deben interpretarse los principios de soberanía y no intervención?, ¿ha recobrado vigencia la doctrina Monroe bajo el llamado corolario Trump de “América para los americanos”?
Lograr la estabilidad política de Venezuela se perfila como un objetivo estratégico clave para garantizar el presente y el futuro de la patria del libertador Simón Bolívar. Mientras no se alcance dicha estabilidad, persistirá un ambiente de creciente violencia que podría derivar en derramamientos de sangre, los cuales deben evitarse a toda costa.
Para ello resulta indispensable la acción diplomática de organismos como las Naciones Unidas y la OEA, cuya gestión podría contribuir a crear condiciones mínimas para alcanzar la paz, evitar una lucha fratricida y sentar las bases necesarias para una eventual recuperación social y económica de la hermana república sudamericana. Todo ello en medio de un panorama sombrío, pero con la esperanza de hallar claridad y sosiego que conduzcan a la reconciliación de la familia venezolana, hoy situada en polos opuestos.