Palmicultores

El cultivo de palma africana se ha consolidado como uno de los principales rubros agrícolas de exportación de Honduras, aunque su expansión también ha generado cuestionamientos por sus impactos ambientales y conflictos por la tierra

  • Actualizado: 26 de agosto de 2026 a las 00:00 -

El segundo congreso de palmicultores, recientemente realizado en San Pedro Sula, reunió a productores, funcionarios estatales y representantes del gremio en torno a este cultivo originario de África central y occidental e introducido a otros continentes el pasado siglo.

El aceite extraído de esta palma constituye uno de los principales rubros agrícolas exportados por Honduras, generando divisas y empleos en distintas áreas de la Costa Norte.

En 2025 se exportaron aproximadamente $450 millones en aceite, equivalente a unas 371,000 toneladas.

Diversas aplicaciones industriales derivadas del aceite permiten utilizarlo en alimentos procesados: galletas, chocolate, margarina, jabones, cosméticos, candelas, para cocinar, como lubricante y biocombustible.

Su cultivo, iniciado por la Tela Railroad Co., al igual que el abacá, la piña y el cacao, fue motivado a fin de diversificar las exportaciones de la transnacional bananera.

Las primeras fincas dedicadas a la siembra se ubicaron en Finca Birichiche, aledaña a El Progreso (1942), y en San Alejo (1950).

Su cultivo conlleva consecuencias diversas: modifica el paisaje geográfico, erosiona suelos, provoca pérdidas en la biodiversidad y contaminación de aguas, genera gases de invernadero, impulsa el capitalismo agrario y fomenta las inversiones, provocando disputas por el acceso a la tierra con resultados trágicos: emboscadas, ataques, masacres, violaciones de derechos humanos y merma en la seguridad alimentaria de la población, al privilegiar este monocultivo.

Provoca deforestación, aspecto abordado por Allan Maradiaga, director del gremio palmicultor, explicando que lo prioritario no es aumentar la superficie cultivada, sino obtener mayores rendimientos en las plantaciones existentes, mejorar las prácticas agrícolas, avanzar hacia una producción libre de tala de árboles y con medidas de adaptación climática.

Las nuevas exigencias provenientes de los mercados compradores internacionales han motivado tal nuevo enfoque, que adicionalmente busca consolidar un modelo que facilite mejorar la productividad, garantizando prácticas sostenibles, manteniendo la competitividad mediante capacitaciones para pequeños productores y aprovechando las aguas residuales de las plantas extractoras durante los periodos de sequía, como el actual.

Adicional a enfrentamientos armados promovidos por invasores de oficio que manipulan al campesinado sin tierra y a bandas de narcos, las plagas y enfermedades afectan a las palmas, factores que afectan el desempeño y producción.

En el Bajo Aguán se inició el cultivo de palma en 1970 y para 1975 se inauguró el proyecto piloto por el Instituto Nacional Agrario, creando la Cooperativa Agro Industrial de Palma Africana (COAPALMA) en 1979.

En la década de los novecientos ochentas se expandió su producción al valle del Ulúa (Guaymas), estimulada por el arribo de campesinos procedentes de otras zonas del país organizados en empresas asociativas, temática analizada por sociólogos, economistas e historiadores, que constituye un importante capítulo de nuestro pasado y presente.

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