El continente africano fue la cuna originaria de la humanidad, remontándose sus orígenes a tres millones de años en el centro y oriente. Hace unos ochenta mil años se iniciaron desplazamientos de africanos hacia Asia, Oceanía, América, Europa, gradualmente poblándolas, colonizándolas, aportando consigo las culturas desarrolladas a lo largo del tiempo. Así, nuestros más remotos ancestros fueron africanos en su origen y estructura genética, independientemente de su apariencia externa o lugar de procedencia.
Los distintos climas encontrados fueron modificando gradualmente los rasgos físicos de los migrantes, al igual que la coloración de la epidermis, adaptándose a distintas temperaturas y medioambientes.
Corresponde a los sistemas educativos inculcar en las jóvenes generaciones el descartar prejuicios y discriminaciones de tipo racial y étnico, forjando sociedades tolerantes e incluyentes que superen estereotipos de naturaleza racista desarrollados a partir de seudociencia del siglo XVIII al presente.
El sistema esclavista, revivido en Europa para ser trasplantado en las colonias portuguesas, españolas, inglesas, francesas, holandesas, danesas, significó la degradación de la condición humana para ser cosificada como objeto de explotación laboral y económica. Fue así que los primeros esclavos negros en Honduras fueron capturados en África, transportados en condiciones infrahumanas a Hibueras-Guaymuras como mano de obra en la minería, en la construcción de obras públicas urbanas, en el servicio doméstico, a partir del siglo XVI.
Un gradual proceso de mestizaje ocurrió en distintas regiones de la entonces provincia de la Capitanía General de Guatemala.
En 1797 llegaron a la costa caribeña hondureña los garinagu, mujeres y hombres libres conocidos actualmente como garífunas, mezclados cultural y racialmente con indígenas caribeños, procedentes del Caribe oriental, isla de San Vicente, deportados por los ingleses y asentados originalmente en Roatán, para progresivamente poblar la costa norte en asentamientos desde Omoa hasta La Mosquitia, dedicados a la pesca y agricultura por hombres y mujeres, respectivamente.
A partir de inicios del siglo XX, con la expansión del cultivo del banano en gran escala por parte de multinacionales estadounidenses llegaron procedentes de Jamaica y otras islas antillanas los llamados negros ingleses, cuyos descendientes son nuestros compatriotas afrohondureños, estimándose en un 10% respecto al total poblacional: indígenas, mestizos, blancos, asiáticos.
Sus tierras ancestrales enfrentan despojos ilícitos debido a la codicia de quienes ambicionan sus heredades comunitarias para provecho personal, lo que ha significado secuestros y homicidios de garífunas, la mayoría quedando en total impunidad. La tierra, al igual que entre los indígenas, es elemento esencial de sus respectivas identidades étnicas.
La infraestructura educativa y sanitaria, entre otros servicios públicos, es deficiente en las comunidades garífunas debido al abandono manifiesto por parte del Gobierno central y departamental. Pese a tales limitaciones, el pueblo garinagu posee un espíritu de superación sea migrando al exterior o hacia centros urbanos del interior para profesionalizarse en diversas ramas de las ciencias, con ello mejorando su calidad de vida.