A medida que la estación seca se intensifica, en la misma proporción aumentan las quemas de los suelos con el fin de limpiarlos de malezas, aguardando el inicio de las lluvias. Esta práctica campesina, al igual que la eliminación de insectos, ocurrida anualmente, erosiona la capa de la superficie terrestre, dañándola cada vez con mayor intensidad.
Adicionalmente, en el proceso fácilmente una sola chispa puede reactivar las llamas, generando incendios que velozmente se propagan impelidos por el viento.
También sucede que quienes encienden fogatas para acampar al aire libre no las extinguen completamente, lo que las reactiva y también contribuye a la propagación de fuegos fuera de control.
Igualmente, los pirómanos, que de manera deliberada encuentran satisfacción en provocar actos destructivos utilizando combustible o fósforos. Tales personas deben ser denunciadas en sus comunidades de origen para su arresto y sanción al poner en peligro inminente a seres humanos, flora y fauna, al igual que secando las fuentes hídricas despojadas de cobertura vegetal.
Efectivos civiles y militares deben desplazarse a distintos puntos geográficos del país para intentar extinguir incendios forestales, arriesgando en el proceso su integridad física. Merecen público reconocimiento por su heroico accionar, digno de elogio.
Las campañas educativas en forja de una conciencia ambientalista tanto entre estudiantes como comunidades deben revestir carácter permanente, con el propósito de concientizar tanto a niños, jóvenes, adultos respecto a la responsabilidad que a todos nos compete en defensa y protección del medio ambiente circundante, incluyendo ríos, quebradas, riachuelos, que nos abastecen de agua, líquido esencial para la vida en el planeta.
Si no logramos eliminar ese afán autodestructivo que anualmente daña bosques y suelos, Honduras llegará a ser un país semidesértico, proceso irreversible que ya ha dañado extensas regiones del país, agravando con ello la escasez del vital líquido y temperaturas cada vez más elevadas, que provocan enfermedades respiratorias, dérmicas, oculares.
Honduras verde u Honduras árida: tal el dilema que nos confronta y que decidirá la calidad de existencia de esta y las futuras generaciones, generando bien desarrollo humano sostenible, bien hambrunas colectivas, desplazamientos poblacionales, migraciones, abandono de la agricultura como fuente de nutrientes.
De productores ya estamos convirtiéndonos en importadores de alimentos; tal tendencia va a ir en aumento a medida que contemos con menos fertilidad en los suelos, dañados cada vez más, habiendo perdido la seguridad alimentaria.
No debemos olvidar que la debida y temprana alerta contribuye, de manera decisiva, a mitigar los múltiples daños que afectan a nuestro país como consecuencia de la combinación letal del cambio climático y la acción del hombre, convertido, desgraciadamente, en uno de los principales destructores de la madre naturaleza.