Cada ejecutivo (a) al frente de una organización adopta aquellas estrategias que más se adaptan a su personalidad, con el propósito de optimizar las políticas que habrán de implementarse en el corto, mediano y largo plazo.
Con respecto al actual titular del Poder Ejecutivo, Nasry Asfura Zablah, su capacidad de trabajo quedó plenamente demostrada cuando estuvo al frente de la comuna capitalina, con resultados muy positivos que influyeron en la ciudadanía al momento de depositar su voto. Su gestión edilicia fue su mejor y más auténtica carta de presentación ante sus compatriotas.
Su deseo de cumplir las expectativas, reclamos, anhelos de la población de Tegucigalpa y Comayagüela en el menor tiempo posible, evidenció que está al tanto de las complejas problemáticas urbanas que deben ser resueltas de manera satisfactoria.
Ahora, desde la Presidencia de la República, los desafíos a ser encarados son de mayor envergadura y complejidad: ya no meramente a nivel local, ahora a escala nacional. Ello requiere de nombrar al personal idóneo, valorando capacidad, honestidad y complementariedad antes que su filiación partidaria.
El presidente Asfura requiere de información fidedigna, actualizada, cualitativa y cuantitativamente para retroalimentar la toma de decisiones. Él saber delegar funciones es requerido, ya que resulta imposible el intentar concentrar el mayor número posible en su persona. La supervisión y evaluación periódica de sus ministros es absolutamente necesaria. Quienes no cumplan con sus respectivos planes operativos deben ser reemplazados oportunamente.
Ellos y ellas deben estar totalmente compenetrados de las expectativas tanto del gobernante como de los gobernados para que la conducción del Estado no sufra de retrasos ni paralizaciones, lo que incidió negativamente en la credibilidad del anterior régimen, caracterizado por la anarquía e improvisación, el nepotismo, la fragmentación del sector público en feudos con duplicidad de funciones y derroche de fondos.
Debe ser receptivo a la crítica constructiva, cuando esta tiene por propósito detectar desviaciones y sugerir correcciones. Tal es el deber y la misión tanto de los medios de comunicación independientes como de la sociedad civil organizada. La secretividad debe dar paso a la transparencia y el rendimiento periódico de cuentas.
El ahorro de recursos monetarios, la frugalidad, el descarte de pompa y de culto a la personalidad también auguran un estilo de gobierno realista y en sintonía con la realidad: las múltiples carencias en que se conduce la nave estatal, agobiada por una excesiva deuda publica interna y externa, cada vez más onerosa.