El primer término incluye a los pueblos indígenas y sus prácticas de producción y organización socioeconómica, las agrupaciones campesinas, sindicatos, cooperativas, pequeñas y microempresas. Estas dos últimas constituyen un enlace entre el crecimiento económico y el desarrollo humano sustentable. El estimularlas en su organización y crecimiento resulta en una inversión rentable dado que la pobreza se concentra en este segmento, por lo que el potenciarlas contribuye tanto al crecimiento económico y a una mayor equidad en las naciones del Tercer Mundo como la nuestra.
Así lo han comprendido tanto los gobiernos como los programas de cooperación de los países amigos de Honduras, particularmente la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional , que alienta y orienta a las y los emprendedores locales. Japón, Corea del Sur y Taiwán han basado su despegue de sociedades marginales a potencias industriales y comerciales en el decidido respaldo a sus pymes. Nuestras autoridades deben estudiar estos ejemplos para aplicarlos, con las debidas adaptaciones a nuestra realidad.
La mayoría de las establecidas en Honduras operan a nivel de subsistencia, en condiciones precarias por las insuficientes cantidades de capital semilla, la ausencia de métodos organizativos por parte de quienes las fundan, su desconocimiento de las demandas del mercado, entre otros factores, por lo que son incapaces de generar excedentes que faciliten la reinversión y crecimiento.
Se clasifican en tres categorías: de subsistencia, de acumulación primitiva, de acumulación ampliada. Las primeras poseen baja productividad al punto que los ingresos generados no cubren las necesidades de consumo del micro y pequeño empresario, concentrándose en el comercio detallista y los servicios personales, dirigidas principalmente por mujeres generalmente jefas de sus hogares. Las segundas abarcan aquellas cuyos ingresos alcanzan para cubrir los costos de subsistencia, pero no para sustentar su crecimiento, y las terceras, que son minoría, son capaces de ahorrar e invertir. El potencial de crecimiento se concentra en las dos últimas categorías, ameritando fortalecer su competitividad para que continúen siendo viables y puedan ser fuente permanente de empleo, por ello, el brindarles asistencia financiera y técnica permite transformarlas en pequeñas empresas productivas, con adecuado acceso a fuentes de crédito y a tecnologías competitivas.
Toda persona debe aspirar a llegar a ser independiente en lo económico, autosuficiente tanto ella y él, como sus familias, sin depender de un ingreso fijo, sea por concepto de salario o jubilación, ya que el proceso inflacionario y la devaluación reducen cada vez más el poder adquisitivo de tales ingresos. El emprendedurismo es una respuesta viable a tal reto y dilema existencial.