Dos variantes de oposición política

La oposición política, la prensa independiente y el debate sobre las reformas al sector eléctrico se entrelazan en una reflexión sobre el papel de la crítica, la verdad y la responsabilidad en la vida democrática

Todo gobierno democrático atento y perceptivo a las reacciones de la ciudadanía respecto a su gestión en la administración del Estado requiere de retroalimentaciones para evaluar objetivamente su desempeño, conocer fallas y aciertos, logros y limitantes.

Tal el papel de la oposición política partidaria, misma que además de ser crítica debe ser propositiva, a efecto de trascender e influir en la trayectoria gubernamental cuando esta falla o se queda corta en la gobernanza.

Si se actúa de buena fe, en función del bien común, la oposición política partidaria es altamente positiva y debe ser tomada en cuenta por el sector público y los funcionarios a cargo, que no pueden ni deber ignorarla.

Empero, cuando el objetivo es de carácter negativo, ausente de cursos de acción alternativos, actuando de mala fe y con fines aviesos, difundiendo falsedades, tergiversando y deformando la realidad objetiva, esparciendo rumores carentes de validez y fundamento con el único propósito de generar caos e incertidumbres, se está actuando perversamente, lo que debe ser resaltado para que no prevalezca la mentira y la desinformación.

Tal la misión de la prensa independiente, que debe investigar para orientar a la población, sin que ello signifique haberse plegado al régimen de turno en actitud oportunista.

Las reformas al sector eléctrico, actualmente debatidas en el seno del Congreso Nacional, han merecido tanto puntuales señalamientos tendientes a perfeccionarlas, pero también otras encaminadas a impedir por cualquier medio su aprobación. De tal manera que quedan evidenciadas nítidamente dos posturas: aquella positiva y la negativa.

Las motivaciones de quienes militan en ambas tendencias, sin duda, son múltiples, y que si bien unos tienen como propósito defender los intereses del pueblo que les eligió, otros no tendrían más motivación de llevar agua a sus molinos con fines personalísimos o de grupos.

Corresponde al pueblo juzgar quiénes actúan apegados a la ética y la moral y quiénes emplean las argucias de llevar agua a sus pretensiones personales y partidarias, sacrificando en el proceso la objetividad y la verdad.

Carentes de alternativas de solución a las múltiples problemáticas nacionales, tan solo les queda la demagogia y la irracionalidad, incluso excitando a la violencia callejera, antesala de la ingobernabilidad.

Que sean nuestros compatriotas quienes juzguen en dónde radica la honestidad y en dónde la mentira, la transparencia y el rendimiento de cuentas, de una parte, y las sombras y secretividades de otra.

El subestimar la capacidad analítica y de discernimiento de nuestros conciudadanos ha conducido al fracaso electoral y la ausencia de credibilidad de quienes prometieron mucho estando en el poder, generando expectativas de cambios que jamás se transformaron en hechos concretos. Por el contrario, agravando aún más las condiciones de vida del pueblo y el bienestar nacional.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias