Cuba: reformas tardías

La crisis económica y política en Cuba ha llevado al régimen a impulsar reformas que, aunque limitadas, buscan aliviar la presión interna y externa mientras persisten las exigencias de cambios más profundos

  • Actualizado: 01 de julio de 2026 a las 00:00 -

Las diversas presiones impuestas por el presidente Trump al Gobierno cubano, adicionales al bloqueo implementado desde la administración Eisenhower desde inicio de la década de los novecientos sesenta del pasado siglo, han prácticamente obligado a que se decrete por el Legislativo un conjunto de reformas económicas que significan una insuficiente pero importante apertura al sector privado nacional y extranjero.

Se eliminan los subsidios generalizados para ahora focalizarlos en los sectores poblacionales de menores ingresos; se autoriza un mayor grado de iniciativa local a nivel de la administración pública, disminuyendo la excesiva centralización hasta ahora prevaleciente, en que la toma de decisiones emana de La Habana, limitando la autonomía provincial; las empresas privadas podrán desarrollar el sector agrícola, en estado crítico, lo que obliga a la importación masiva de alimentos, a pesar de la vigencia de una reforma agraria y la organización de cooperativas campesinas; también en el rubro energético se autoriza la inversión privada; las personas podrán poseer mas de un negocio; los bancos privados y las instituciones financieras quedan facultadas a operar con microcréditos.

Falta saber si tales reformas al modelo económico vigente y en crisis serán suficientes para las exigencias emanadas de Washington, que hoy tiene la sartén por el mango, y demanda simultáneamente cambios sustanciales en lo político con el propósito de reducir y eventualmente abolir el poder y el control ejercido por el Partido Comunista, el Ejército y la burocracia, trilogía que mantiene un férreo monopolio del Estado, apelando a medidas represivas para sofocar cualquier intento opositor tendiente al pluralismo ideológico y el multipartidismo, requisitos básicos para una eventual convocatoria a elecciones, mismas que deben estar supervisadas por Naciones Unidas y la comunidad internacional a efecto de garantizar se llevan a cabo en un clima exento de imposiciones y transparente.

Expertos en la política interna cubana concluyen que las actuales reformas económicas son tardías e insuficientes y que la coyuntura propicia para su implementación debió ocurrir cuando el presidente Obama visitó la isla y flexibilizó las sanciones impuestas, lo que permitió la visita de miles de turistas -portadores de divisas-, así como intercambios académicos y científicos.

Tal distensión no fue aprovechada por el régimen, que continuó aplicando un modelo obsoleto, descartado por naciones gobernadas por un partido político único y por sistemas económicos altamente centralizados bajo control estatal: China, Vietnam, Rusia, Europa del Este.

Hoy, el régimen cubano se encuentra en fase terminal, el inicial apoyo popular que permitió, junto con los subsidios otorgados durante décadas por la Unión Soviética, mantener a flote la economía y poder financiar un Estado de bienestar con logros en educación, salud, deportes, es cosa del pasado; la población subsiste precariamente, sin contar con esencialidades: energía eléctrica, agua potable, alimentos, medicinas. Todo aquel que puede busca migrar al exterior, en un éxodo masivo que ha despoblado al hermano país caribeño.

Las diversas presiones impuestas por el presidente Trump al Gobierno cubano, adicionales al bloqueo implementado desde la administración Eisenhower desde inicio de la década de los novecientos sesenta del pasado siglo, han prácticamente obligado a que se decrete por el Legislativo un conjunto de reformas económicas que significan una insuficiente pero importante apertura al sector privado nacional y extranjero.

Se eliminan los subsidios generalizados para ahora focalizarlos en los sectores poblacionales de menores ingresos; se autoriza un mayor grado de iniciativa local a nivel de la administración pública, disminuyendo la excesiva centralización hasta ahora prevaleciente, en que la toma de decisiones emana de La Habana, limitando la autonomía provincial; las empresas privadas podrán desarrollar el sector agrícola, en estado crítico, lo que obliga a la importación masiva de alimentos, a pesar de la vigencia de una reforma agraria y la organización de cooperativas campesinas; también en el rubro energético se autoriza la inversión privada; las personas podrán poseer mas de un negocio; los bancos privados y las instituciones financieras quedan facultadas a operar con microcréditos.

Falta saber si tales reformas al modelo económico vigente y en crisis serán suficientes para las exigencias emanadas de Washington, que hoy tiene la sartén por el mango, y demanda simultáneamente cambios sustanciales en lo político con el propósito de reducir y eventualmente abolir el poder y el control ejercido por el Partido Comunista, el Ejército y la burocracia, trilogía que mantiene un férreo monopolio del Estado, apelando a medidas represivas para sofocar cualquier intento opositor tendiente al pluralismo ideológico y el multipartidismo, requisitos básicos para una eventual convocatoria a elecciones, mismas que deben estar supervisadas por Naciones Unidas y la comunidad internacional a efecto de garantizar se llevan a cabo en un clima exento de imposiciones y transparente.

Expertos en la política interna cubana concluyen que las actuales reformas económicas son tardías e insuficientes y que la coyuntura propicia para su implementación debió ocurrir cuando el presidente Obama visitó la isla y flexibilizó las sanciones impuestas, lo que permitió la visita de miles de turistas -portadores de divisas-, así como intercambios académicos y científicos.

Tal distensión no fue aprovechada por el régimen, que continuó aplicando un modelo obsoleto, descartado por naciones gobernadas por un partido político único y por sistemas económicos altamente centralizados bajo control estatal: China, Vietnam, Rusia, Europa del Este.

Hoy, el régimen cubano se encuentra en fase terminal, el inicial apoyo popular que permitió, junto con los subsidios otorgados durante décadas por la Unión Soviética, mantener a flote la economía y poder financiar un Estado de bienestar con logros en educación, salud, deportes, es cosa del pasado; la población subsiste precariamente, sin contar con esencialidades: energía eléctrica, agua potable, alimentos, medicinas. Todo aquel que puede busca migrar al exterior, en un éxodo masivo que ha despoblado al hermano país caribeño.

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