Crecientes tensiones globales

La incertidumbre global provocada por el conflicto en el Medio Oriente plantea riesgos económicos urgentes que requieren atención inmediata

La guerra en curso en el Medio Oriente, sin visos de finalización en el corto plazo, ha generado una creciente incertidumbre planetaria a causa de las implicaciones en el alza en los precios mundiales del petróleo. Emergen, nuevamente, presiones, riesgos, dilemas, tanto para los Gobiernos como para los gobernados. Resulta oportuna la advertencia formulada por Richard Bookstaber, publicada en el influyente diario The New York Times, en la sección Opinión, del 16 del corriente. El 2007, él predijo en su libro “A demon of our own Design” la crisis ocurrida en el sector financiero de Estados Unidos el siguiente año; es decir, 2008, que empezó en el sector inmobiliario, afectando a millones de personas en proceso de adquirir vivienda.

La introducción por parte de ciertos bancos de instrumentos financieros de alto riesgo y volatilidad resultó en el colapso de las hipotecas, que eliminaron las tradicionales salvaguardas preventivas, lo que provocó un efecto multiplicador global con la consiguiente contracción económica, incluyendo la quiebra de instituciones de crédito.

Hoy, de acuerdo con el autor arriba citado, “el sistema financiero se ha sumado a los riesgos físicos: agua, tierras, cadenas de suministro, fuentes energéticas, provocando peligros en que los mercados carecen de elementos analíticos. Los riesgos financieros solamente impulsan los precios. El riesgo físico mueve al mundo”. Es necesario actuar de manera inmediata, con carácter preventivo, para cuando menos amortiguar en lo posible las múltiples repercusiones sociales y económicas que empiezan a manifestarse en nuestra economía: alzas en los precios del “oro negro” y sus diversos subproductos, incrementos en el precio de la bolsa de cemento, exigencias de los propietarios de transporte colectivo por un alza en las tarifas.

Y apenas se inician estas consecuencias que, como avalancha, continuarán incrementándose por tiempo indefinido.

En esta columna editorial hemos intentado crear el necesario sentido de urgencia por parte tanto del sector público como privado; una actitud complaciente resulta literalmente suicida para la salud de la nación. Siendo como somos -un país ubicado entre los más pobres y con elevados niveles de desigualdad, pobreza, marginalidad, con tasas de endeudamiento que superan nuestra capacidad de amortización- no podemos permanecer indiferentes y al margen de las tendencias y proyecciones mundiales.

El actual Gobierno debe reunir de inmediato a sus expertos en materia económica, al igual que a las cúpulas de las organizaciones empresariales, para el diseño de estrategias de emergencia, de esa manera coordinando políticas con los diversos insumos que sean presentados y consensuados para su puesta en práctica de inmediato.

En coyunturas como la actual no se debe ser ni alarmista en extremo, tampoco mantenernos al margen de lo que está ocurriendo e impactándonos de múltiples maneras. Recordemos el refrán popular: “Camarón que se duerme...”.

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