De manera implacable y progresiva, cada vez es mayor el deterioro de los hospitales y centros de salud estatales, en perjuicio directo de la mayoría de compatriotas, cuyos ingresos no les permiten la otra opción disponible: el asistir al servicio privado de atención y cuidados médicos.
Desabastecimiento de medicamentos -aun de los esenciales-, creciente mora en la programación de cirugías y consultas, deficientes equipos e instrumentales por falta del debido mantenimiento preventivo, sobrecargas de trabajo, tanto en el personal profesional como auxiliar, se combinan para tal crisis, que reviste caracteres de emergencia nacional.
Las redes de corrupción han infiltrado la Secretaría de Salud durante décadas, contando con protección para los actos ilícitos en licitaciones amañadas, por parte de altos funcionarios del Ejecutivo y Legislativo. Algunos titulares han adoptado medidas insuficientes en un intento por contrarrestar tales abusos, sin mayor éxito, al prevalecer la impunidad sobre los buenos deseos de profilaxis administrativa.
Ha sido el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) el que, previas exhaustivas investigaciones documentadas, ha denunciado tales atracos, dejando constancia de su quehacer y razón de ser.
La declaratoria de emergencia en el sector salud, a nivel nacional, hasta febrero de 2027 -pudiendo ser prorrogada- por parte del Congreso Nacional debe ser congratulada. La posibilidad de suscribir fideicomisos, convenios especiales en la prestación de servicios con entes públicos y privados, nacionales o extranjeros, revela que nuestros representantes han tomado plena conciencia de la extrema gravedad prevaleciente.
El hecho de que el paquete de acuerdos adoptados fue previamente socializado garantiza que hoy está prevaleciendo la concertación por sobre la secretividad, al involucrar a diversos sectores a cargo de la vital temática sanitaria. En la agenda presidencial, la salud colectiva ocupa lugar prioritario, ya que el contar con un recurso humano apto física y mentalmente para el trabajo y el estudio, la creatividad y la participación colectiva resultan esenciales para el despegue económico anhelado y hasta ahora postergado por diversas administraciones, cuyo quehacer fundamental ha sido otro, algo por demás censurable.
Confiemos en que los procesos a implementar por el presidente Asfura y su equipo serán la base sólida de un sistema que comience, en el futuro cercano, a dar atención de calidad y calidez a la población más necesitada de nuestra amada patria.