Villanueva, ferias de ayer y hoy

  • Actualizado: 11 de agosto de 2026 a las 00:12 -

Las coronaciones de fantasía han sido el alma de las ferias, no solo de Villanueva. También de otras comunidades fieles a la tradición que los tiempos han ido modificando con nuevos espectáculos. En tiempos pasados, durante el baile principal en Villanueva, los bailarines hacían mecer el viejo edificio del cabildo, adornado con palmas de manaca en su segunda planta de largos corredores.

Las gradas de madera temblaban bajo el taconeo de las parejas que subían hasta el salón al que nadie podía entrar si no iba vestido elegantemente y no portaba su tarjeta de invitación. Por la noche se jugaba, en la plaza, la lotería de cartones con sus coloridas figuras, sus tómbolas y los anunciadores que ponían sazón al juego con su forma peculiar y picaresca de cantar cada bolita.

No faltaba en los bautizos feriales Pablito y su acordeón, acompañando con su música al nuevo cristiano vestido de blanco desde los calcetines hasta el gorro de seda chineado por sus padrinos. Otro de los músicos que aparecía por aquellos alegres agostos era Calistrillo y su caramba, animando las tertulias que se formaban al calor de las festividades.

La gente quedaba perpleja al ver cómo Calistrillo le sacaba un zumbido melódico a aquel insólito instrumento que tenía pegada en su cuerda solitaria una pequeña calabaza hueca, haciendo de caja de resonancia. Por cierto, el más grande conjunto de esta rara especie musical se llama Los Caramberos de Nueva Celilac. Había en las ferias un personaje anónimo que el tiempo se llevó con todo y su cámara. Era el fotógrafo “de cubeta”, llamado así porque usaba un recipiente casero para lavar las fotografías después que las revelaba en cuestión de minutos allí mismo.

En Villanueva se instalaba frente a la plaza, específicamente en la acera de don José Kattán, la cual convertía en un estudio fotográfico al aire libre. Colocaba a sus clientes, sentados o de pie, con un telón negro de fondo, para “fusilarlos” con su vetusto aparato consistente, básicamente, en una caja de madera sobre tres patas. Pienso que esos fabulosos personajes estarían perdidos como piojo en peluca si vivieran estos tiempos en que todo mundo lleva una cámara dentro de sus bolsillos, capaz de hacer fotos a color en milésimas de segundo, pero, a la vez, me pregunto qué sería de nuestras vidas si no nos hubiesen regalado esos recuerdos.

La diversión no estaba completa sin la competencia del palo encebado que se erguía en la plaza, desafiando a quien osara treparlo para alcanzar el premio de cinco lempiras colocado en su punta.

Uno de los atractivos que aún están vigentes en la feria en honor a San Ramón Nonato es la carrera de cintas, que antes se corría en la Calle del Comercio y remataba frente al cabildo en una hilera de cintas y sus respectivas anillas. Desde entonces, cada cinta representa a una chica que espera, en un estrado, a su jinete ganador para darle una banda y, de repente, también un beso.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias