“La bandera es la expresión más sublime de nuestra nacionalidad”: Arnaldo Bueso.
La Bandera Nacional fue creada mediante el Decreto Legislativo n.º 7, el 16 de febrero de 1866, durante el gobierno de José María Medina. Su diseño conserva la herencia de la antigua Nación Centroamericana. En 1949 se reformó su descripción oficial, estableciéndose el azul turquesa, las tres franjas horizontales y las cinco estrellas.
Cada nación tiene un mes para levantar su bandera y su nación; no es un símbolo colocado en la plaza, una escuela o una institución pública: es una representación visible de nuestra historia, identidad y compromiso con la nación.
Honrar la bandera no consiste solo en saludarla; significa convertir sus valores en conducta: trabajar con honestidad, respetar al prójimo, cuidar los espacios públicos y servir al país donde usted nació.
La bandera identifica quiénes somos, de dónde venimos y qué país queremos entregar a las próximas generaciones. Porque una nación que respeta sus símbolos también aprende a respetar su historia, y un pueblo que tiene memoria de su historia tiene mayores posibilidades de construir un futuro con identidad, unidad y esperanza. Al mirar la bandera, no solamente se siente orgullo por su nación, sino que se siente responsable de hacerla digna de ondear.
En el mundo natural existe la demanda de ser gente de cinco estrellas, con una nueva mentalidad, actitudes, fuerza y honor; desde el punto de vista espiritual, la bandera puede convertirse en un recordatorio de que amar a la patria también implica buscar la paz, practicar la justicia y procurar el bien común. “Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor”. Salmo 33:12 (LBLA).
La bandera se iza en un mástil, pero su verdadero significado debe izarse en nuestra conciencia; cuando cuidamos nuestra tierra, respetamos al prójimo, cumplimos la palabra y trabajamos por el bien común, hacemos de nuestra patria una forma concreta de vivir y unimos nuestra nación.