Sueldo de adorno

  • Actualizado: 27 de octubre de 2026 a las 00:10 -

Levantarse a las cuatro de la mañana hace rato dejó de ser sinónimo de progreso para convertirse en un lujo que muy pocos pueden financiar. El problema en este país ya no es solo conseguir un empleo, como pregonan los funcionarios desde sus escritorios con aire acondicionado.

El verdadero calvario es lo que cuesta físicamente llegar a ganarse el pan todos los días. Haga cuentas sin mentirse, con la libreta en la mano: pague el bus o la gasolina para atravesar los bulevares atascados de tráfico, súmele un almuerzo callejero que ya rozó los precios de restaurante, el saldo del celular para que el jefe no lo joda y los recortes invisibles que le exige el día a día. Cuando raya la quincena y el cajero automático le escupe el saldo, la bofetada cae seca: ¿cuánto de su sueldo real sobrevivió después de pagar todo lo necesario simplemente para poder ir a trabajar?

A los jóvenes de esta ciudad les vendieron un cuento de hadas digital. Les repiten en redes que con ganas, actitud y madrugadas la prosperidad está garantizada. Pero la calle cobra en efectivo. El chavo que se quema las pestañas en un call center, el asistente que camina bajo el sol del centro o el cipote que arrastra bultos en el comercio ven cómo el billete se les desvanece en las manos antes de tocar la billetera.

Trabajar se convirtió en una rueda de hámster perfecta donde el esfuerzo de quince días apenas sirve para costear los pasajes, los desvelos y la comida del mes que viene. Nos acostumbramos a aplaudir la precariedad como si fuera “resiliencia”.

Glorificamos el sacrificio extremo mientras el sistema le exprime hasta el último centavo. Al final del día, los cipotes se quedan atrapados en la casa de sus padres sin poder independizarse, sin un solo lempira de ahorro y viendo cómo los años se les van en la fila del bus, pagando un peaje carísimo solo por el derecho a respirar en esta ciudad.

Trabajar en Honduras ya no saca a nadie de pobre. Hoy por hoy, ir a ganarse la vida en San Pedro Sula es un negocio donde el empleado pone todo el capital, paga por adelantado y termina regresando a casa con los bolsillos completamente vacíos.

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