San Pedro Sula, “otro país”

Un recorrido literario y crítico por San Pedro Sula y su contraste con la capital hondureña

Jorge Fidel Durón, polígrafo exquisito y diplomático singular, escribió en 1961 en “El Día”, un sabroso artículo bajo el título con que encabezamos estas líneas.

Con prosa galana y sereno juicio, después de narrar las ingratitudes del viaje en pesados camiones y el polvo engañoso del camino y el bache tramposo, cuando entró a la Costa Norte y se aproximó a la ciudad norteña, exclamo que SPS era “¡otro país¡”.

Nuestro hijo primogénito, una vez cumplida su edad legal para manejar, conducía el vehículo en el que viajábamos a Olanchito a visitar a nuestros padres y abuelos suyos.

Apretujados en el vehículo, -Nora y yo, sus hermanos y dos tías-, cuando entró a la Avenida Circunvalación, en las cercanías de la Toyota, me dijo, “papa, este es otro país”. “Como que no estuviéramos en Honduras”.

La ciudad de los zorzales y los crisantemos, es diferente. No solo en topografía -plana al pie del Merendón- sino que por el ordenado diseño, produce la impresión que ha estado bajo la dirección de gente muy inteligente, alcaldes visionarios; y una ciudadanía mejor que la capitalina.

No solo hablan el español con un tonillo diferente, alargando las jotas y cambiando las eses, sino que además, piensan de manera distinta, ven al gobierno en otra forma.

Y cuando imaginan su futuro, muy pocos -hasta ahora por lo menos- se imaginan peleando migajas burocráticas con otros compatriotas.

En términos medios, son más altos que el resto de los hondureños. Sus empresarios, mucho de ellos descendientes de familias que emigraron a Honduras y fundaron sus proles orgullosas que le dan continuidad a sus nombres, muchos de ellos castellanizados obligatoriamente como indicación de su integración.

Los empresarios costeños son más independientes. La mayoría rehúyen la política. Se mantienen distantes del gobierno y los políticos.

Y preservan en bibliotecas bien protegidas, las contribuciones que cada cuatro años, los candidatos les piden en ánimo de chantaje para financiar sus campañas electorales. Que ellos acceden.

Uno de ellos -hace poco fallecido- me permitió acceder a sus archivos, en donde en “folders” plásticos, con nombres visibles, tenía las cifras y las facturas de las donaciones que les entregara a cada uno de los candidatos desde Suazo Córdova hasta Xiomara Castro. De todos los partidos.

Como vi mi nombre le pedí que me enseñara el “folder”. Me explicó: el tuyo está aquí porque colecciono tus artículos. Perdona que te tenga en tan malas compañías, dijo riéndose.

Es seguro que el éxito de SPS tiene que ver con el modelo capitalista con que se maneja su economía. La industria bananera, saneó tierras, construyó facilidades para la circulación de las aguas, tendió puentes y construyó ampliaciones de líneas férreas que facilitaron la movilización de bananos y mercaderías desde el interior de la selva indomable hacia los mercados estadunidenses.

De allá vinieron los bienes de capital que hicieron de la zona, una muestra de evidente modernidad y progreso esperanzador.

Un político lisonjero -me citó de memoria- dijo que había que “sampedranizar” a Honduras. Señaló que debíamos alejarnos de la burocracia parasitaria. Distanciarnos del gobierno obstaculizador; e invertir y crear empleo para las mayorías. La frase corrió con suerte.

Hasta ahora que, los desocupados políticos capitalinos, en la discusión de la reformas de la ENEE, hablan de evitar “la privatización”. Como si los ciudadanos fuéramos el diablo y el gobierno en “Santo Grial”.

Como no podía ser de otra manera, los defensores de lo público rechazan como una maldición que la volvamos propiedad privada nuestra. Es natural. Son capitalinos. Habitantes de otro “país” como diría de regreso, sacudiéndose el polvo Jorge Fidel Durón. Con visiones que crean atraso y dañan a Honduras.

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