¡Sálvese quien pueda...!

No toda persona asesinada tiene que ser delincuente o infractora de la ley, aunque, tristemente, todos los cadáveres parezcan iguales en un país llamado Honduras.

  • Actualizado: 11 de julio de 2026 a las 00:11 -

En Honduras existe un preocupante nivel de deshumanización por parte de un sector de la población y, además, negligencia de las autoridades competentes al no atender oportunamente a las personas que han sufrido cualquier tipo de agresión física, especialmente cuando se trata de ataques que ponen en riesgo su vida.

Un caso conmovedor ocurrió el pasado martes en Comayagüela, cuando el joven Juan Flores, conductor de un autobús, fue atacado a balazos por un motociclista. En estado agónico logró bajarse de la unidad y, hincado sobre el pavimento, suplicaba ayuda.

Minutos después de este dramático hecho fue trasladado al Hospital Escuela, donde falleció. Su homicidio se suma a las estadísticas de un promedio de entre seis y diez muertes diarias en los 298 municipios del país, especialmente en la capital, Tegucigalpa, y en San Pedro Sula.

Un caso similar ocurrió días atrás en una glorieta del barrio Concepción, en San Pedro Sula, cuando dos hombres armados estaban a punto de asesinar a un ciudadano dentro de un negocio. Los presentes salieron corriendo y únicamente la propietaria permaneció en el lugar para suplicar: "¡Por favor, no lo maten aquí adentro!".

Esa misma petición, en otros tiempos, quizá habría sido: "¡En nombre de Dios, por favor, no lo maten!". Ni adentro ni afuera, sin importar quién fuera la persona: cristiana o pagana.

Actualmente, casi nadie parece lamentar estos hechos. A pocos les importa quién fue en vida la persona que ahora yace sin vida y, aun sin conocerla, nunca falta quien la condene, mientras llega la cinta amarilla de la Policía y las cámaras de los medios de comunicación registran una nueva escena de violencia.

Sin embargo, por los pecadores pagan los justos. No toda persona asesinada tiene que ser delincuente o infractora de la ley, aunque, tristemente, todos los cadáveres parezcan iguales en un país llamado Honduras.

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