02/05/2026
11:50 AM

Saber aprovechar estos días

Roger Martínez

Aunque el confinamiento contrajo la ventaja de que pudiéramos estar más tiempo del ordinario cerca de nuestra familia nuclear, también es cierto que nos obligó a mantenernos a distancia de la familia extensa y de los amigos. Así, muchos no hemos visto a hermanos, sobrinos, primos, tíos, abuelos, etc., cara a cara, desde marzo del año pasado. Y aunque nos hemos comunicado por medio del teléfono o visto a través de alguna pantalla, no hemos disfrutado de la cercanía, de la gente a la que, sin duda, queremos.

Por eso es que, en estos días de descanso, en estas cortas vacaciones, deberíamos aprovechar para visitar, con la debida prudencia y las precauciones a que la situación sanitaria nos obliga, a la gente a la que estamos unidos por lazos de sangre y de cariño. Ya cada quien decidirá a qué dedicará estos días, pero, insisto, es la familia la que nos hace recordar que tenemos unas raíces, que no somos un verso suelto.

Es la familia, como he dicho en más de una ocasión, el lugar del que partimos en este camino de la vida, y al que, indiscutiblemente, soñamos con regresar, aunque el destino nos haya señalado otros derroteros.

Y, aunque, seguramente, voy a repetirme, pienso que es necesario recordar que, al final, por muy bien que nos traten en una empresa, por mucho éxito profesional que cosechemos en ella, nunca podrá compararse con el calor del que se goza en un hogar, en el que cada uno de sus miembros hace su mejor esfuerzo para entregarse generosamente a los demás, y que ninguna satisfacción profesional nos llena en la misma medida en la que disfrutamos de los éxitos de un hijo o de las alegrías de la esposa.

A mí suele sucederme que, ante una satisfacción obtenida o una buena noticia, no puedo evitar pensar en cuanto les habría alegrado a mis padres, ser partícipes de ellas. Y mi papá falleció hace 25 años y mi madre casi 16. Pero el vínculo es tan fuerte que, a pesar de los años, se mantiene intacto el recuerdo de sus tonos de voz, sus miradas, sus maneras de manifestar solidaridad o compañía, tanto en las buenas como en las malas. Aunque físicamente ya no estén, mis padres nunca serán unos ex... siempre serán mis padres.

En estos días, que se pasarán más rápido de lo que nos gustaría, aprovechemos para mirar a los ojos a la esposa, para hacerle saber cuánto la queremos; disfrutemos la compañía de los hijos y de los nietos. Procuremos hacer una rica siembra de buenos recuerdos, que, tarde o temprano, fructificarán en inolvidables memorias que alimentarán su vida permanentemente.