Lo que hace una década llamábamos simplemente “un domingo de pereza”, hoy se ha transformado en un fenómeno viral con un nombre mucho más contundente: el “bed-rotting”.
Un término que significa, literalmente, “pudrirse en la cama”. Frente a la hiperproductividad, aislamiento voluntario.Esta tendencia, que ha ganado una enorme popularidad en los últimos meses, consiste en pasar 24, 48 o incluso más horas seguidas sin apenas levantarse del colchón. Ya no se trata solo de dormir un poco más, sino de convertir la inactividad total en una práctica deliberada que arrasa en redes sociales.
La rutina del “bed-rotting” suele seguir un patrón claro: maratones de series, algo de comida rápida y el portátil sobre las rodillas para cumplir con el trabajo. Pero, por encima de todo, reina el “doomscrolling” con el teléfono en la mano, ese desplazamiento sin fin por las pantallas de TikTok o Instagram.
Lo que nació como una broma recurrente entre los más jóvenes ha terminado por consolidarse como un fenómeno cultural que en Dictionary.com definen como “la práctica de pasar muchas horas en la cama durante el día, a menudo con sándwiches y algún dispositivo electrónico, como un retiro voluntario de la actividad o el estrés”.
En plataformas como TikTok, muchos creadores de contenido comparten su aislamiento bajo el lema “rot-with-me” (púdrete conmigo), a menudo iluminados por luces tenues y rodeados de almohadas y restos de comida rápida que invitan a la procrastinación.
Y, lejos de ser una anécdota, los datos muestran un movimiento generacional: según un análisis de la Universidad de Adelphi, la etiqueta ya ha superado los 2.000 millones de visualizaciones en la red social china.Los principales protagonistas de esta práctica pertenecen a la generación Z, los nacidos entre finales de los 90 y principios de los 2010: según una encuesta de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM), casi una cuarta parte de estos jóvenes (el 24 %) admite que el “bed-rotting” forma parte de sus hábitos recurrentes.
Pero ¿qué hay detrás de esta repentina fijación con el edredón? Desde una óptica sociológica, muchos analistas interpretan el bed-rotting como un portazo definitivo a la “hustle culture”, esa cultura del esfuerzo extremo y la hiperproductividad que ha imperado en los últimos años.
Atrás queda aquel idilio con la productividad extrema, esa era en la que el éxito parecía medirse por la capacidad de saltar de la cama a las cinco de la mañana, desplegar la esterilla de yoga y haber fundado una “startup” antes del primer café del día.
Los riesgos del descanso sin desconexión.
En este contexto, la doctora Audrey Tang, psicóloga de la Sociedad Británica de Psicología, explica para Refinery29 que esta costumbre “es una reacción contra todas esas tendencias saludables, de bienestar y de autocuidado de las que oímos hablar todo el tiempo”.
Para sus defensores, este retiro voluntario en un entorno libre de presiones supone una tregua para que los niveles de cortisol (una hormona estrechamente ligada al estrés) desciendan tras el ritmo frenético de una semana académica o laboral extenuante. Sin embargo, los expertos advierten sobre las intenciones ocultas detrás de esta tendencia.
Jessica Gold, profesora asistente de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, afirma para CNN que “el impulso de pudrirse en la cama todo el día, sobre todo si ocurre cada vez más, es probable que tenga que ver con algo más que con recuperar el sueño o necesitar un día para no hacer nada, como evitar las sensaciones, el estrés o el dolor de estar despierto”.
El doctor Scott Eilers, psicólogo clínico, es tajante respecto a la romantización de esta práctica en internet, señala en su página web que “el bed rotting no es la práctica de autocuidado que afirman las redes sociales: al contrario, este mecanismo de moda podría estar empeorando la depresión y ansiedad”.Y todo esto sin contar con el “ciclo de la vergüenza”.
Lo que el sábado comenzó como un deseo legítimo de descanso, desemboca la noche del domingo en una sensación de vacío. Entre envoltorios de comida a domicilio y con la vista cansada por el brillo de los dispositivos, aparece en algunos jóvenes un sentimiento de culpa por la improductividad.
En esta misma línea, la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) propugna lo que denominan terapia de control de estímulos: blindar la cama como un espacio reservado única y exclusivamente para dormir o para mantener relaciones íntimas. Ante este escenario, surge una duda inevitable: si el plan de sofá y manta es el más apetecible, ¿significa que debemos renunciar al descanso? Nada más lejos de la realidad. El secreto, según los expertos, reside en el descanso activo e intencional.