Bajo sol o la lluvia: el “motor laboral” de Honduras hace el trabajo pesado
Mientras las cifras oficiales reflejan una leve mejora en el empleo, la mayoría de hondureños trabaja fuera de oficinas, en labores físicas y de alta exigencia, según datos sectoriales y organismos económicos.
- Actualizado: 30 de abril de 2026 a las 20:00 -
En Honduras, tener empleo no siempre significa estabilidad, salario digno ni un escritorio. La realidad laboral del país se construye, en su mayoría, lejos de oficinas climatizadas y computadoras: está en la tierra, en las calles, en la construcción y en los oficios que exigen esfuerzo físico diario.
Los datos por rama de actividad lo evidencian. Sectores como el comercio concentran más de 944,000 personas ocupadas, seguido por la agricultura con más de 892,000 trabajadores, y la construcción con cerca de 379,000 empleos, actividades donde predomina el trabajo manual, informal o de campo.
A esto se suman rubros como transporte, servicios y actividades domésticas, entre muchísimas otras, que también operan fuera de entornos de oficina. Y es que está claro, el mercado laboral revela una realidad marcada por el esfuerzo físico, la informalidad y la precariedad.
Esta estructura no es casualidad. De acuerdo con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), el mercado laboral del país sigue marcado por altos niveles de informalidad, subempleo y baja productividad, factores que obligan a la mayoría de la población a insertarse en ocupaciones de supervivencia más que en empleos formales.
Las cifras generales muestran una mejora, pero con matices. Honduras cerró 2025 con una tasa de desempleo de alrededor de 6.1% a 6.14%, según datos de organismos como la Unah y reportes internacionales, lo que refleja una reducción frente a años anteriores.
Sin embargo, ese descenso no cuenta toda la historia. El propio Cohep advierte en sus boletines de mercado laboral que miles de hondureños no están desempleados, pero sí en condiciones precarias, trabajando pocas horas o con ingresos insuficientes, especialmente en sectores de baja calificación.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) también confirma el tamaño del fenómeno: el país pasó de 3.9 millones de ocupados en 2024 a más de 4.2 millones en 2025, lo que indica crecimiento en el empleo, pero no necesariamente en su calidad.
En la práctica, esto significa que el “motor laboral” de Honduras no está en oficinas corporativas, sino en actividades donde el ingreso depende del día a día: vender, sembrar, cargar, construir o transportar. Es un empleo que sostiene al país, pero que también refleja sus brechas estructurales.
En concreto, según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), Honduras de los 4.2 millones de personas que confirman la fuerza laboral, 4.07 millones tenían algún tipo de ocupación. Sin embargo, dentro de ese grupo, 1.6 millones, equivalentes al 41.4%, estaban subempleados, es decir, trabajando en condiciones precarias o con ingresos insuficientes.
Si se suman estos trabajadores subocupados con las personas que no tienen empleo, el panorama es más amplio: más de 1.8 millones de hondureños enfrentan problemas de empleo, ya sea porque no encuentran trabajo o porque el que tienen no les permite cubrir sus necesidades básicas, siempre de acuerdo con el INE. Muchos empleados de la construcción trabajan por contratos, quizá bien pagados, pero sin mayores beneficios sociales.
En cuanto al desempleo abierto, el país contabiliza 211,000 personas desocupadas, lo que representa una tasa de 4.9%, una leve mejora frente al 5.2% registrado en 2024, según la misma institución. Honduras vivió, por causa de la inmigración ilegal, un tiempo donde escaseaban los albañiles o expertos en construcción, sin embargo, hoy San Pedro Sula experimenta un "boom" de inversiones privadas y centenares de obreros, empujan con su fuerza y sudor los proyectos.
En Honduras también es habitual que la gente mayor trabaje en tiempos donde debería de gozar de su jubilación. Esta realidad contrasta cuando vemos su extremo opuesto. Los jóvenes entre 19 y 29 años concentran el 45% de los desempleados, con cerca de 95,000 casos, lo que refleja las barreras de acceso al mercado laboral en ese grupo.
Por otro lado, quienes sí logran insertarse en el mercado laboral tampoco están exentos de dificultades. El INE señala que el 42% de la población ocupada tiene entre 36 y 59 años, superando los 1.6 millones de trabajadores, pero muchos enfrentan restricciones de edad al buscar nuevas oportunidades, especialmente en el sector formal. En el sector agrícola incluso la brecha salarial es desigual. Ahí es donde menos ingresos perciben en relación al salario mínimo.
Este escenario coincide con los análisis del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), que advierte que el mercado laboral hondureño sigue dominado por la informalidad, el subempleo y la baja productividad, factores que empujan a la mayoría de la población hacia actividades de sobrevivencia más que a empleos formales. Eso contrasta con la realidad en esos empleos. Muchos incluyen riesgos que la necesidad omite.
En la práctica, esto significa que el país funciona gracias a millones de personas que trabajan bajo el sol, en la calle o en labores físicas exigentes. Honduras no es un país sin empleo, sino uno donde el trabajo existe, pero en condiciones que aún están lejos de garantizar estabilidad y calidad de vida.
Aunque más de 4 millones de hondureños tienen trabajo, una gran parte lo hace fuera de oficinas, en actividades físicas y con ingresos inestables, según datos del INE y Cohep.