"Voy al baño hasta 32 veces al día": Roger lucha contra el tiempo para salvar su colon del cáncer
La historia de Roger refleja los tiempos prolongados de atención en el sistema de salud frente a una enfermedad progresiva. Tras múltiples tratamientos fallidos, requiere un biológico que supera el medio millón de lempiras
- Actualizado: 02 de mayo de 2026 a las 00:00 /
Roger Paredes dejó de hacer planes largos. Ahora su rutina depende de algo mucho más urgente como encontrar un baño cerca.
Salir a la calle, hacer un mandado o esperar en el tráfico se convirtió en un riesgo constante para este hondureño de 37 años que, durante algunos días, debe correr al baño hasta 32 veces; sí, 32.
A veces no logra comer tranquilo, a veces no duerme y a veces su cuerpo ya no expulsa nada, salvo una dolorosa secreción.
"He ido al baño hasta 32 veces al día, otras veces 20 y en mis mejores momentos 15 (...) de tanto ir al baño se lava la flora intestinal, por lo que cuando uno va al baño lo que hace es como blanco, así cosas como de lo mismo que tiene uno adentro", explicó.
"Tic, tac, tic, tac...", parece repetirle el tiempo cada vez que el dolor abdominal regresa, porque mientras su enfermedad avanza, también crece el peligro de desarrollar un cáncer colorrectal agresivo o terminar con una colostomía permanente.
LA PRENSA Premium conversó con Roger Paredes y su esposa Angela Miranda, una pareja cristiana que en los últimos cinco años ha vivido atrapada entre hospitales, deudas, incertidumbre y la colitis ulcerosa crónica inespecífica (CUCI), un padecimiento inflamatorio sin cura y con tratamientos limitados en Honduras.
"Mire, aunque los médicos nos han dicho que esta enfermedad no tiene cura, nosotros creemos que el Señor va a hacer el milagro. El tratamiento que existe y que le recomendaron a Roger se llama Ustekinumab, está en Estados Unidos y con el tiempo se le vería mejoría, dicen que le cambiaría la calidad de vida. ", confió su esposa Angela.
Tratamiento
43 casos
de CUCI en 2025
registra la Secretaría de Salud
Pero la esperanza tiene un costo imposible, ya que la primera dosis del medicamento tiene un valor de medio millón de lempiras, L479,872.56 para ser exactos. Después, cada aplicación (necesaria cada tres o cuatro meses) ronda los L160,000 y ni siquiera existe certeza de cuántas necesitará.
Para Roger y su esposa Angela Miralda, la cifra está muy lejos de su realidad, pues, aunque ambos han intentado salir adelante con su emprendimiento de remodelaciones, Mantenimientos de Servicios Generales (MSG), los estudios médicos, consultas, medicamentos y gastos diarios han ido consumiendo lentamente sus ingresos.
"El nuevo medicamento, que es una especie de quimioterapia, es nuestra esperanza y este se calcula con base en el peso, él ahorita está pesando 175 libras, entonces la primera dosis es la más fuerte y las otras dosis van de acuerdo a cómo él vaya evolucionando, depende los resultados que vayan dando los exámenes", explicó su esposa.
El año pasado, Roger recibió atención en el hospital San Felipe, donde comenzó a recibir Remicade, un tratamiento que inicialmente le prometieron mantener durante un año. Sin embargo, solo lo recibió por siete meses y los resultados no fueron los esperados.
En septiembre del año pasado fue remitido al Hospital Escuela, donde debía volver a comenzar desde cero, pasando nuevamente por consulta general y el largo proceso de remisiones a diferentes especialistas.
Eso significa más tiempo de espera, más trámites y ninguna seguridad de que el sistema público pueda costearle el tratamiento que necesita. De hecho, cuando intentó realizarse una colonoscopía en el sistema público, la cita disponible era ocho meses después, por lo que tuvo que buscar la manera de hacérsela en un hospital privado porque percibía la gravedad de la enfermedad.
En medio de esa lucha, Roger ya ha pasado por dos medicamentos convencionales, un tratamiento biológico y esteroides. Estos últimos los usó por cuatro meses, pues, aunque le ayudaban a aliviar el dolor, su uso prolongado también le provocó inflamación en el cuerpo y afectaciones en las articulaciones.
Origen
La vida de Roger cambió después de una cirugía en la muñeca en 2021. Lo que parecía ser una operación rutinaria terminó marcando el inicio de una enfermedad que, cuatro años después, le ha cambiado por completo la forma de vivir.
Según relató, todo comenzó tras recibir un antibiótico fuerte durante el procedimiento. Poco tiempo después empezó a sufrir constantes episodios de diarrea, visitas interminables al baño y recaídas que aparecían una y otra vez, sin explicación clara.
"Cuando me operaron me pusieron un antibiótico bien fuerte y lo que pasó conmigo es que no me pusieron protector gástrico, entonces me dañaron la flora intestinal y ahí comencé un tratamiento y mejoraba, pero luego recaía, estaba con esos altos y bajo", contó Roger.
Con el paso de los meses, los síntomas empeoraron y los médicos le indicaron realizarse una colonoscopía para determinar qué estaba ocurriendo.
Sin embargo, en el sistema público la cita se la programaron para ocho meses después, un tiempo que no podía darse el lujo de esperar debido a su condición, por lo que tuvo que buscar cómo realizarse el procedimiento en un hospital privado.
Fue a través de esos estudios que finalmente recibió el diagnóstico de colitis ulcerosa crónica inespecífica (CUCI), una enfermedad inflamatoria intestinal que no tiene cura y que, en casos graves, puede derivar en cáncer de colon.
"Según los estudios que me hicieron yo nací con la enfermedad, pero la enfermedad como que estaba ahí, pero hay algo que la activó y fue el antibiótico", señaló.
Tras los exámenes, Roger comenzó a recibir la dosis más alta de mesalazina, uno de los medicamentos utilizados para controlar la inflamación intestinal, pero su cuerpo no respondió como esperaban los especialistas.
Desde entonces, las recaídas se volvieron constantes. La enfermedad debilitó tanto su sistema inmunológico que cualquier bacteria o infección podía convertirse en una amenaza mayor.
La peor crisis ocurrió el año pasado. "Cuando estuve interno bajé de 185 a 115 libras en una semana y tenía comprometidos los riñones y el hígado porque no comía e iba al baño, producto de un absceso perianal", contó.
En el caso de Roger, sus bajas defensas y el avance de la colitis facilitaron la aparición de esta complicación.
Dolores
Roger lleva casi ocho meses sin recibir tratamiento desde que fue remitido al Hospital Escuela. Ocho meses en los que su cuerpo ha seguido deteriorándose mientras espera respuestas que todavía no llegan.
La enfermedad también le arrebató algo más que la salud, le quitó fuerza, independencia, trabajo y rutina. "Estuve como seis meses sin trabajar porque me sentía débil, no podía caminar y yo me sentía impotente porque esta enfermedad va evolucionando en el cuerpo, las recaídas van siendo cada vez más fuertes ya que mi cuerpo no absorbe los nutrientes de las comidas", mencionó.
Antes supervisaba remodelaciones, cargaba materiales y atendía clientes, mientras que ahora hay días en los que levantarse de la cama ya representa una batalla, aunque el dolor físico no es lo único con lo que carga.
"Mire uno se siente psicológicamente 'bajoneado' porque imagínese que usted anda tranquilo en un lugar y le pegan ganas de ir al baño, tiene que salir corriendo porque uno tiene la sensación de ir al baño en el momento sí o sí y ya, no lo puede controlar, esta enfermedad es muy fea, fea fea", relató Roger.
La enfermedad le robó incluso la tranquilidad de estar en público, ya que salir a la calle significa vivir con miedo, miedo al tráfico, a no encontrar un baño cerca y miedo a no llegar a tiempo.
"Y ya me ha pasado pues, ya me he hecho pues (defecado) en los pantalones. En algún tráfico, en algún viaje, no he aguantado y me hice, me da pena decirlo, pero es bien incómoda esta enfermedad y uno se lleva de encuentro a la persona que tiene al lado también, aparte de que esto influye en la reproducción, afecta indirectamente", relató Roger.
Cada vez que habla de eso baja la mirada. A su lado permanece Angela Miranda, su esposa. Deportista, estudiante de mercadotecnia y compañera inseparable en los días más duros. Además de que lo ha acompañado a hospitales y consultas; ella también ha tenido que verlo romperse física y emocionalmente frente a sus ojos.
"Cuando me di cuenta de la enfermedad no fue como que me asustó porque soy creyente y dije: 'bueno, todo tiene propósito'. Pero sí me ha dolido bastante verlo sufrir, llorar o saber que está en el hospital y ahí estamos siempre los dos desvelándonos. Como él dice, nos termina afectando a los dos porque somos esposos, una sola carne, entonces se siente, aunque no soy ya que padece la enfermedad", mencionó Angela.
A veces intenta mantenerse fuerte, pero otras veces simplemente no puede. "He sido fuerte en el Señor, pero hay momentos en los que yo en mi humanidad ya no puedo y me quiebro, le pido al Señor que ya esto se termine", agregó.
Roger también admite estar cansado, cansado de hospitales, de recaídas, del dolor y de ver cómo la enfermedad le consume la vida poco a poco.
Aun así, asegura que sigue adelante por dos razones. "Mi fuerza para continuar es Dios y mi esposa, ella es mi motor, ella ha estado conmigo a pesar de varias situaciones que hemos pasado, ella ha estado a la par mía, hemos llorado juntos, luchado", relató.
Una de las etapas más duras llegó con el absceso perianal que sufrió el año pasado. "Mire con eso del absceso, fue un proceso duro porque yo no podía estar acostado boca arriba, ni parado, ni sentado, ni de lado, solo tenía que estar boca abajo, era horrible. Eso me lo curaban y me acuerdo que, eso es un orificio, verdad, pero imagínese una pajilla usted, a mí me inyectaban agua oxigenada y me tapaban, y yo sentía un dolor que gritaba, lloraba, mordía una toalla y la que estaba ahí siempre era ella, que me hacía las curaciones y todo", agregó Roger.
Pese a todo, Roger decidió hablar públicamente de su enfermedad, aunque admite que hacerlo le cuesta. "Hay muchas personas que padecen de esto, inclusive niños de ocho años y no existe ninguna asociación de esta enfermedad, a muchos todavía les da pena o miedo hablar de la enfermedad, pero crear un grupo es una iniciativa que se quiere hacer", relató Roger.
"Yo no soy de medios ni nada, a mí me da pena, pero mire la necesidad lo obliga a uno a veces", mencionó.
Actualmente, Roger tiene siete meses sin tratamiento, tiene días buenos y días malos. Sin embargo, incluso en sus mejores momentos, debe ir al baño al menos 15 veces al día.
La fístula continúa abierta y su colon sigue lleno de llagas internas, por lo que necesita con urgencia Ustekinumab, el medicamento que podría evitar que la enfermedad avance hacia un cáncer de colon, uno de los más mortales a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
"Solicito a las nuevas autoridades el apoyo para garantizar mi tratamiento médico. Hoy hablo desde mi experiencia, pero también en representación de muchas personas que dependen de medicamentos oportunos para preservar su vida", mencionó Roger.
"Lamentablemente, han sido muchos los que han perdido la vida por la falta de acceso a tratamientos adecuados, y no quisiera que mi caso llegue a ese punto. El gobierno anterior realizó promesas que no se cumplieron, a pesar de que la salud es un derecho fundamental para todo ciudadano. Hoy mantengo la esperanza de que ellos puedan marcar la diferencia", agregó.
LA PRENSA Premium contactó a las doctoras que atendieron a Roger en el sistema público de salud, pero ninguna accedió a brindar declaraciones (supuestamente por temor a represalias).