El discurso de Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich tranquilizó a los europeos. Dio pistas sobre el fin de la guerra de Rusia contra Ucrania. Y elementos para proyectar la ruta de la política exterior estadounidense. Exaltó las raíces históricas comunes de Estados Unidos con Europa y su dependencia cultural. Habló de personajes europeos y exaltó a Colón como italiano, olvidando la epopeya española que creó lo que pudo ser en el resto del continente otra gran nación.
Faltó que no haya hablado del idioma español y de Cervantes. Y que España y América Latina hayan tenido pocas menciones en un discurso que sin duda es muy positivo.
No cabe duda de que sobrevive las palabras de Rubio el eco de la guerra fría. Confirmando que para los estrategas de Washington no haya terminado. Que, si bien Rusia no es una gran potencia, sigue teniendo un enorme poder nuclear con el que puede hacer mucho daño a Europa y Estados Unidos. Y que el reto ahora lo representa China, con la que Estados Unidos tiene que competir y cooperar, inevitablemente. Porque ese será el inevitable precio de la paz mundial.Rubio sabe -fue obvio en sus palabras- que Estados Unidos necesita recomponer sus relaciones con Europa para poder tener éxito en esta nueva guerra fría contra China y Rusia.
Y que tiene claro que los aranceles y la no diferenciación en el trato con los aliados, dando la impresión de que todo es una simple operación de trueque comercial, han dañado mucho la unidad del Occidente cristiano.
Por ello habló del deterioro de Occidente. Aunque no fue muy adelante en la identificación de las causas, puesto que se quedó en el tema de inmigración; y el gasto en defensa, es claro que tendió un ramo de olivo para que otra vez Occidente pueda hacer un frente común contra China. Asimilando la dirección unilateral de Trump.
Europa ha mostrado preocupación por el expansionismo estadounidense. Y especialmente la brusquedad con que Trump ha manejado el tema de Canadá, Groenlandia y Panamá. Al tiempo que no ha podido entender la actitud contemporizadora ante el expansionismo soviético que hiere la unidad europea, y que parece preocupar poco a USA. Igual la descalificación de la ONU en el nuevo orden mundial.
Sin duda disminuirán las preocupaciones de los europeos. Especialmente porque en los próximos meses, la fuerza de Estados Unidos se centrará más en América Latina. Aunque aquí siempre ha intervenido y asumido posturas imperiales, la diferencia es que ahora la lucha por el espacio propio en el continente lo personifica el rechazo a China. Y hace una pirueta teórica para hacerlo dentro del esquema de la guerra fría, con lo que tranquiliza a los militares estadounidenses, que pragmáticamente saben que no pueden librar varias batallas y guerras simultáneamente.
Tampoco deben comprometer energías especiales en América Latina, que siempre han manejado y sin mayores problemas. Con la excepción de Cuba -cuya crisis parece que solo falta un huracán para que el régimen se caiga automáticamente- Estados Unidos intervino en Venezuela, con una fuerza mínima y usando más tecnología e información, que puso en ridículo a los militares venezolanos, que terminaron comiendo en su mano, creyendo que engañan a los líderes del Potomac. Aquí, España y Sánchez son la excepción. España parece estar adelantada. O fuera de lugar.
El que Rubio no haya resaltado la contribución cultural española y del mestizaje latinoamericano indica que hay grietas que reparar.
Con todo, parece que se impondrá el sentido común. Occidente caminará junto, y por el mismo lado de la calle. Con Trump o sin Trump. ¡En una relación menos imperial!